Aquí es donde uno debe empezar a preguntarse: ¿Dónde diablos está el cambio?
Gabino Cué llegó al gobierno del estado el 1 de diciembre y ofreció, en resumen, hacer las cosas distintas y construir un gobierno exitoso y, por supuesto, diferente.
Hasta hoy, las cosas están igual, o peor.
La cacareadísima profesionalización de los funcionarios del gobierno estatal es, sencillamente, una vacilada.
Ahí está lo ocurrido con Irma Piñeyro en donde los diputados tuvieron que retorcer la ley para que pudiera asumir la titularidad de la secretaría general de Gobierno.
Y hoy lo vemos con Alfredo Ahuja que tuvo que confesar que su título como licenciado en psicología es falso.
Aquí vale la pena detenerse un poco.
Es vergonzoso lo que el ex funcionario de Gabino Cué hizo, es deleznable y habla de una calidad moral microscópica andar por la vida con un título falso.
Sí. Ese hombre no puede formar parte de un grupo de trabajo que, supuestamente, busca cambiar, modificar y llevar a Oaxaca al progreso.
Pero ahí no debe acabar la cosa.
Alfredo Ahuja además de avergonzar a todos, cometió un delito.
El Código Penal Federal establece en su artículo 243: “El delito de falsificación se castigará, tratándose de documentos públicos, con prisión de cuatro a ocho años y de doscientos a trescientos sesenta días de multa. En el caso de documentos privados, con prisión de seis meses a cinco años y de ciento ochenta a trescientos sesenta días de multa.
“Si quien realiza la falsificación es un servidor público, la pena de que se trate, se aumentará hasta en una mitad más”.
Y en el artículo 246 refiere que también incurrirá en estas penas “el que a sabiendas hiciere uso de un documento falso o de copia, transcripción o testimonio del mismo, sea público o privado”.
En español: el gobierno del estado de Oaxaca debe abrir un expediente y castigar con las penas que marca la ley a este ex funcionario que intentó sorprender a la administración gabinista.
La razón por la que debe encarcelar a Ahuja es muy simple: el discurso de los últimos años por parte del hoy gobernador ha sido el de cambiar, evitar la simulación, acabar con esas prácticas que tanto daño le han hecho a la política, no sólo en el estado, sino en el país. Hoy, no puede quedar impune un delincuente confeso.
El incidente Ahuja es la muestra de que las cosas no están bien en la administración estatal, y que las ocurrencias y la improvisación permean, a pesar de que Cué tuvo casi cinco meses para preparar su llegada, sus primeras acciones, escoger a su gabinete.
En el caso de su gabinete hay cosas que, al menos yo, no entiendo.
Abelardo Martín es un comunicador con amplísima experiencia que ha tenido la habilidad de mantenerse en gobiernos priistas y panistas.
Hoy, Martín forma parte del gobierno de Gabino, pero agazapado, escondido.
El argumento, que al menos Martín ha dicho es: “Gabino Cué no me puede nombrar abiertamente porque ya ves cómo son los oaxaqueños que no aceptan a nadie de fuera, pero yo me encargo de la comunicación”.
Caray. Al menos yo no le veo nada de malo que el gobernador nombre a su equipo de trabajo y que designe a quienes cree son los idóneos para los puestos de trabajo.
Si él cree que Abelardo Martín es quien debe llevar la comunicación del gobierno estatal, debe nombrarlo y ya.
Insisto, la simulación no debe continuar y mantenerse. Ni siquiera en casos como este que son, en correcto español, una tontería.
Y mientras esto ocurre, las cosas en el estado siguen igual: bloqueos, manifestaciones, protestas, triquis asesinados, y una primera batalla que ganan los maestros de la sección 22: sentarse directamente con el gobernador y no con Irma Piñeyro, la secretaria general de Gobierno. Ese fue un error que en algún momento va a pagar esta administración.
Así las cosas: ¿dónde está el cambio?
*Director revista Hoja de Ruta
