Manuel Camacho Solís
(Coordinador del Diálogo para la Reconstrucción de México)
La economía cuenta, generalmente define el desenlace de las elecciones. Quien resulte más convincente en su oferta de crecimiento y generación de empleos, ganará puntos a su favor. A quien se le atribuya la responsabilidad de un resultado mediocre en la economía, perderá puntos. La economía contará, aunque no es el único tema. El otro será la seguridad. ¿Qué efecto se puede esperar de la economía en la política, en 2012? ¿Qué condiciones económicas se pueden esperar para 2013, a la entrada del próximo gobierno?
Para este año se puede esperar una situación semejante a la de hoy. Nada de qué presumir, menos en términos de crecimiento y equidad, pero tampoco una situación de emergencia. Con condiciones internas de estabilidad reconocidas por la comunidad internacional, los factores decisivos serán el comportamiento externo y el desenlace político de la elección. Lo de Europa pudiera afectarnos, pero es más probable que la economía norteamericana mantenga su ritmo actual; más aun en un año de elecciones.
En el terreno de la economía no habrá buenas noticias en México, pero tampoco un shock (adverso) que cambiara por completo el balance político actual. No se puede descartar un escenario internacional grave, pero no es hoy el escenario más probable. No es previsible ahora una crisis como la que antecedió al desenlace electoral de 1988.
Lo que sí es previsible es que, por motivo de las elecciones, aumente el gasto del gobierno federal, de los estados y municipios, de los partidos. Ese gasto se concentrará en los meses previos de la elección. Hace seis años, en una encuesta a la salida de la casilla, se pudo comprobar la correlación plena entre los programas sociales y la intención de voto. El partido más beneficiado fue el PAN, luego el PRI y al final el PRD.
Hoy la economía no da para asegurar el triunfo del partido en el gobierno. Más bien, le costará. Pero tampoco es tan grave, como para provocar, por sí, un vuelco electoral en contra del partido del gobierno. No beneficiará al PAN como ocurrió en 2006 con la expansión del crédito al consumo y el interés de la clase media de proteger sus pequeños avances por la no inflación y la estabilidad. La economía beneficiará al PRI y al Movimiento Progresista, pero sin que hasta ahora se anticipe un vuelco que diera la vuelta a las actuales intenciones electorales.
Una vez que concluya la elección, de inmediato, es previsible que las autoridades adopten medidas de contracción fiscal. Algo semejante podría ocurrir con la economía norteamericana después de noviembre. Esa situación se acentuará con el cambio de gobierno, por las condiciones de la postelección, y por la dificultad natural de volver a arrancar con una nueva administración.
El 2013 puede ser un año nuevamente difícil para la economía mexicana. La inercia va en esa dirección. La falta de crecimiento global seguirá afectándonos. Si la situación internacional se agravara, la contracción nos colocaría en estado grave.
Sin embargo, hay un factor con gran peso que podría contribuir a disminuir el impacto adverso en 2013 y a fortalecer el crecimiento y la creación de empleos a partir de ese año. Ese factor es la política. Si la elección sale bien; si el nuevo gobierno resulta plenamente legitimado y es capaz de reconciliar a la sociedad y de montar un programa de expansión del mercado interno, las condiciones podrían mejorar.
Un gobierno con autoridad, capacidad para reducir la violencia e inseguridad, con prioridades y reglas claras, puede ser un factor determinante para aminorar los impactos adversos y colocar a México en mejor sendero económico. Si eso ocurre, el mundo ubicará a México entre los países de crecimiento sólido. Un 5% resultante de una mayor expansión del empleo y mercado interno, puede hacer una gran diferencia social. En 2012 la economía influirá. En 2013 habrá contracción. Lo único que puede hacer la diferencia es un buen desenlace político, y ese, por fortuna, está en nuestras manos.
