A partir de que México vivió la alternancia en el poder, la situación del país cambió para que todo siguiera igual. Más de una década ha gobernado el Partido Acción Nacional y las expectativas de la consolidación de la democracia desaparecieron desde el primer gobierno panista; por su parte el actual, ha sido incapaz de implementar los cambios prometidos, no ha tenido la capacidad de consensar con las demás fuerzas políticas y ello lo ha llevado a indefiniciones y hasta soberbia en su actuar, lo que denota que nunca hubo un proyecto integral de país que trazara el rumbo.
Lamentablemente, las otras dos principales fuerzas políticas de este país poco aportaron para que dicha alternancia se convirtiera en una verdadera transición democrática. Hoy en día, la que se hace llamar la “Izquierda en México” se encuentra destruyendo su propio capital político. Sus pleitos internos, su actuación e interrelación en la vida política nacional deja mucho que desear, si al menos para contrarrestar esa situación hubiera propuestas reales de una izquierda moderna, habría una verdadera oposición que sería la impulsora para generar los cambios que demanda la nación.
Ante ello y en pleno proceso rumbo a la elección presidencial de 2012, es importante reconocer que la pluralidad dominante en el país ya no permite el predominio de una sola visión en el gobierno. Por ello, hoy más que nunca, resulta necesario construir, entre todos, un proyecto integral que genere el desarrollo real y sostenible del país.
Hablar de construir un proyecto puede resultar una tarea nada sencilla –sobre todo en esta época de tanta confrontación y descalificación–, pero si partimos de buscar las coincidencias que existen entre las diferentes visiones ideológicas nos daremos cuenta que hay mucho por dónde empezar a trabajar.
En este contexto, podemos entender cómo las iniciativas propuestas desde una visión de izquierda –como las que he presentado en el Congreso de la Unión– pueden ser compatibles o complementarias con una ideología centrista como la que encabeza Enrique Peña Nieto, principal puntero en las preferencias electorales rumbo a la Presidencia de la República, tanto en los ámbitos social como económico.
A través de diversas iniciativas, durante mis años como legislador, he señalado la necesidad de reformar el sistema educativo para contar con educación de calidad, así como garantizar el derecho a la educación hasta el nivel medio superior y que el Estado proporcione una oferta educativa con cobertura nacional. Recientemente al presentar sus propuestas en materia social, Peña Nieto ha señalado la necesidad de reformar el modelo educativo para elevar la calidad de la educación básica, así como aumentar la cobertura de la educación media superior y superior y lograr la cobertura universal de la preparatoria.
En materia económica he trabajado para reactivar y fortalecer el tercer sector de la economía: el sector social; sin embargo, ello sólo se logrará a través de generar proyectos productivos para impulsar el crecimiento económico del país. Por su parte el ex gobernador mexiquense se manifestó a favor de acabar con el asistencialismo en los programas sociales para detonar proyectos productivos para la población; dicha propuesta se podría consolidar en base a la economía social y solidaria.
Otro punto medular de mis propuestas presentadas en el Congreso es la referente a regular los monopolios, tanto estatales como privados, para fomentar la verdadera competencia en México. Peña Nieto ha sido claro y contundente y ha tocado un tema que nadie aborda por temor a perder electores, pero que es trascendental para el desarrollo de este país; el precandidato priista no sólo se ha manifestado a favor de fomentar la competencia económica, sino que ha dicho que es hora de abrir Pemex para convertirla en la palanca del crecimiento económico del país.
Si queremos consolidar nuestro sistema democrático y empezar a detonar el desarrollo real de México, tenemos que apartarnos de visiones unipartidistas que sólo nos han dejado estancamiento. Es momento de privilegiar las coincidencias, de construir consensos, de buscar las alianzas programáticas, de arribar a gobiernos de coalición, pero en base a proyectos, donde todos tengamos responsabilidades y compromisos, para ser copartícipes de los éxitos, pero también de los fracasos.
