En recuerdo de Ildefonso Zorilla Cuevas por los tiempos compartidos.

Ayer se celebraron elecciones en la Facultad de Derecho de nuestra querida UABJO, el desenlace al momento de escribir estas líneas lo desconozco, sin embargo las imágenes que conocí no eran muy alentadoras, policías en alerta, conatos de riñas y versiones de manipulación del voto y violencia e intimidación por parte de porros que sirven a los intereses de conocidos “próceres” de la Universidad.

Vino así a mi memoria el recuerdo de nuestros tiempos estudiantiles, aquellos de los viernes del llano, las tardeadas de la Samaritana en el patio central, los bailes con la orquesta de García Medeles y su “Luz Negra”, la semana del estudiante y tantas cosas más, emblemáticas de aquella época.

Evoqué el movimiento estudiantil del 68, aquellas largas noches en las que entre canciones de protesta y el sonar del mimeógrafo que estaba debajo de las escaleras donde despachaba don Sadot, el bedel del edificio central, planeábamos los recorridos de la madrugada para hacer pintas y las rutas de las brigadas relámpago del día siguiente que no podían estar más de cinco minutos en un lugar por el riesgo de que llegara el ejército.

Los mítines frente al edificio central, las consignas, el romanticismo que privaba, el del 68 fue un movimiento idílico producto de los grandes cambios de aquella década, que como bien lo apuntó Marcelino Perelló en una entrevista que le hice para SIN CENSURA, se había iniciado -la década- con la entrada de Fidel Castro y el Che Guevara el 8 de enero de 1959 a la Habana y concluido el 11 de septiembre de 1973 con la muerte del presidente Salvador Allende.

Dice Perelló -y yo lo suscribo- que hasta antes de esos momentos paradigmáticos el mundo había sido difuso, ocre y de pronto surgieron las grandes transformaciones, el amor libre, se revolucionó la música, el arte, los estudiantes salieron a las calles con consignas libertarias, llegaron para quedarse de aquí a la eternidad los Beatles, la mariguana, el libro del Che se convirtió en la “Biblia” de nuestra generación.

Fue en 1970 el año en que se consolidan los movimientos guerrilleros en México; surge en Oaxaca la “Unión del Pueblo” y el activismo de la “23 de septiembre” es notable, Antonio Castillo Viloria, presidente de la Federación Estudiantil y varios compañeros más, son reprimidos con violencia, otros apresados y varios más expulsados; Castillo Viloria se suma a la guerrilla de Lucio Cabañas y Genaro Vásquez y en la Universidad el análisis de las ideas es intenso entre quienes postulaban la tesis de la clandestinidad y quienes defendíamos el activismo político democrático.

Muchas son las vivencias personales que habría que contar de esos años que para mí culminaron cuando fui presidente de la Federación Estudiantil de la Universidad; los intensos debates en que participamos en el Paraninfo a los que asistieron líderes con posiciones dialécticas, ideológicas y estratégicas encontradas.

Desde un Aguilar Talamantes -el de entonces- hasta Eduardo Valle “El Búho”; Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca; Jorge Abaroa; Gustavo Gordillo; Heberto Castillo; Demetrio Vallejo; Salvador Martínez Della Rocca “el pino”, mi compañero diputado en la LVI Legislatura en San Lázaro, el mismo que un día después de una “mezcaleada” en Los Cristales subió a la tribuna a exigir el esclarecimiento del asesinato de Luis Donaldo Colosio, Francisco Ruiz Massieu y del “Cardenal de Mendoza”.

Sin embargo, a mi juicio, son dos los que considero los momentos más importantes en los que tuve participación como líder de la Universidad, la liberación del compañero Gabriel Cruz Sánchez a quien después de haber celebrado un mitin en los talleres de la prepa, luego de haber ido por él a la penitenciaría de Ixcotel, jamás volví a ver.

Y la consecución -a propuesta nuestra- de la Reforma a la Ley Orgánica que otorgó la autonomía a nuestra Universidad que desde entonces es Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca; además de haber consolidado Consejos Universitario y Técnicos paritarios, que el Rector fuera elegido por la Asamblea Universitaria; y tal vez sea cosa menor -porque es material- la primera etapa de lo que hoy es Ciudad Universitaria.

Por ello lamento tanto la triste realidad que hoy vive mi querida Alma Máter.

Volveremos a encontrarnos aquí en SIN CENSURA