La sombra de una posible derrota del PAN en la elección presidencial del 2012 se perfila desde la debacle sufrida por el blanquiazul en las elecciones intermedias del 2009 y la persistente popularidad del gobernador priista Enrique Peña Nieto en las encuestas.

Tal posibilidad tomó más y más cuerpo a medida que aumentaron la violencia y las muertes en el país y que buena parte de la población se ha hartado de su guerra contra el narcotráfico y se ha inclinado por considerar fallida y equivocada la estrategia en la que persiste.

Para octubre del año pasado, ya con la posibilidad más clara en el ambiente del posible retorno del PRI a Los Pinos, el periodista Pablo Hiriart (ex colaborador del ex presidente Carlos Salinas de Gortari) le preguntó directamente a Calderón si estaría dispuesto a entregar la banda presidencial a un priista.

El Presidente respondió:

-Sí, por supuesto, si gana la elección. Es un supuesto todavía. Como se dice: está por verse…

Las alarmas resonaron. No sólo en Los Pinos, también en el PRI.

A partir de ahí, Calderón comenzó a hablar del tema aquí y allá y apareció la famosa frase: “Yo no voy a ser el Zedillo del PAN”.

La primera vez que la vimos publicada, así tal cual, fue el primero de diciembre del 2010, en la columna El Arsenal. En ella se refería Francisco Garfias que el diputado Felipe Solís Acero dijo en una reunión privada de la fracción del PRI en San Lázaro, que Calderón había comentado en reuniones con embajadores “que no va a convertirse en ‘el Zedillo del PAN’”.

La expresión volvió a mencionarse aquí y allá y salió a relucir de nueva cuenta el 12 de marzo pasado, durante el festejo del cumpleaños de Diego Fernández de Cevallos en la Hacienda La Barranca, en Querétaro.

Según narró el periodista Salvador García Soto en su columna Serpientes y Escaleras, varios invitados escucharon a Felipe Calderón -sentado en la mesa de honor- decir de manera vehemente: “Yo no voy a ser el Zedillo del PAN, que les quede claro”.

Insistente, y sin desmentir, tal expresión, bien vale la pena preguntarse qué significa para Calderón la expresión “yo no voy a ser el Zedillo del PAN”.

¿Qué implica ser el Zedillo del PAN? ¿Un demócrata? ¿Un fracasado? ¿Un traidor?

Los panistas y buena parte de la oposición al PRI calificó en su momento a Zedillo de “gran demócrata” por haber reconocido el triunfo del candidato de otro partido distinto al suyo.

Internacionalmente –en especial los gringos— protegen y apapachan a Zedillo por haber dado paso a la alternancia. Da conferencias por todo el mundo y se codea con un buen número de ex mandatarios.

¿Calderón no quiere pasar a la historia como un “demócrata”? ¿No quiere ser el Zedillo del PAN?

¿Será que considera que Zedillo realmente no fue un “demócrata” sino que entregó por gusto el poder al PAN? ¿Qué fue un Judas?

¿Es eso lo que está detrás de su rechazo a ser el Zedillo del PAN?

No sería el primero en pensar así. De hecho, muchos priistas ven a Ernesto Zedillo así, como a un traidor.

Cosas de la vida, una frase semejante soltó Roberto Madrazo la noche del 3 de julio del 2006 cuando los gobernadores priistas lo arrinconaron -el entonces gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, era quien más presionaba- para que le levantara el puño de triunfador a Felipe Calderón: “¡No voy a ser el Zedillo de 2006!”.

Es decir, “no voy a ser un traidor”.

La historia terminó como sabemos: el PRI reconoció el “triunfo” de Felipe Calderón (por sobre el de López Obrador). Frente a otro adversario, los gobernadores priistas jugaron en 2006, una especie de Zedillo reloaded.

Pero Calderón, hoy en el poder gracias al papel que jugaron los priistas en el Zedillo reloaded, no quiere ser el Zedillo del PAN. Lo está demostrando. Igual que Fox.