Si Andrés Manuel López Obrador buscaba que el proceso y el resultado de la elección del Estado de México se polarizara -para ubicar desde ahora la contienda por el 2012 entre PRI y PRD únicamente-, no lo logró.

Lo más cerca que este escenario se dio fue durante los debates que sostuvieron los tres candidatos, que en realidad terminaron siendo un vis a vis entre Eruviel Ávila y Alejandro Encinas. Incluso podría decirse que el perredista fue el vencedor de los tres debates. Pero no fue suficiente.

Los resultados hablan por sí solos: PRI, 62.56%; PRD, 21.09%; PAN, 12.42%
Cuarenta y un puntos de diferencia entre el primero y el segundo lugar, no sólo no obsequian ni prefiguran el escenario de la polarización para la elección presidencial, sino que sitúan en el imaginario colectivo al PRI como aplanadora para la grande.
Y más, si a las siglas tricolores le sumamos el nombre de Enrique Peña Nieto, de cuya popularidad a nivel nacional dan cuenta todas las encuestas.

Fracasada entonces la estrategia de posicionar la polarización rumbo al 2012 -las razones del cómo y del por qué no ocurrió es otra historia-, la pregunta es qué van a hacer las izquierdas ante ello.

Porque este resultado abrumador a favor del priismo en las tres entidades donde hubo elecciones a nivel de gubernaturas el pasado 3 de julio (Estado de México, Coahuila y Nayarit), quiéranlo o no, vuelve a abrir la rendija a las alianzas PRD-PAN.

Incluso el líder blanquiazul, Gustavo Madero -quien hasta hace tres meses afirmaba contundentemente que su partido iba a contender con un candidato propio, sin alianza de por medio con el sol azteca-, matizó su postura tras el domingazo:
Para la elección presidencial del 2012, dijo el de Chihuahua, el PAN “no cierra la puerta” a una alianza con el PRD.
Si bien reconoció que esta figura política no se está trabajando por el momento, tampoco la descartaba.

Del lado del PRD, también han surgido voces que claman de nuevo por la alianza con el PAN, entre las que se escuchan las del propio Guadalupe Acosta Naranjo, (perdedor en Nayarit), personajes como Fernando Belauzarán, y por supuesto del arquitecto de las alianzas, Manuel Camacho Solís.

Tales declaraciones y posturas, junto al fracaso de posicionar la polarización PRI-PRD rumbo al futuro, dan de nuevo aire a los proaliancistas en la izquierda -los “Chuchos”- y a su candidato: Marcelo Ebrard.

La pregunta ahora es qué hará López Obrador tras las derrotas del domingo y diluido el escenario que buscaba. ¡Cuarenta puntos son demasiados para convocar la polarización que buscaba!

Pensar que el tabasqueño cambie su posición respecto de las alianzas, parece imposible.
En cambio, lo que bien puede asomar tras los resultados del domingo es que la “unidad de las izquierdas” lograda el inicio de la campaña de Encinas, se ponga de nuevo en peligro.