Empate en tiempo regular; nada para nadie. Llega el tiempo extra; la igualdad sigue. El árbitro silba; los equipos se preparan para definir todo desde el manchón. Jugadores reunidos en círculo; rostros de cansancio y un ambiente tenso alrededor de ellos.

Después de cinco cobros todo permanece tal y como empezó. Y ahí estás tú, el último elegido; el jugador en el que todos confían, en el que está puesta la confianza no solo de tu equipo sino del país entero, millones de personas mirándote alrededor del mundo, y lo sabes.

El portero contrario te entrega el balón, te invita a cobrar, te mira fijamente como intentando descifrar a qué parte irá tu disparo, en realidad solo quiere meterte más presión de la que ya tienes. Acomodas el esférico, once metros y un pequeño círculo te indican que estás a un paso de vestirte de héroe o villano.

Algunos dicen que es un volado, que la suerte es el factor determinante. Otros piensan que la técnica es lo fundamental, quien no cuente con ella al cobrar un penal está perdido. A mi parecer, ya todo está escrito.

A la hora de cobrar un penal todo influye: el estadio, la afición, la presión y sobre todo la historia. Misma que te recuerda lo que alguna vez fue tu club o tu selección, aquella que te echa en cara todos los títulos o los fracasos vividos. Hay futbolistas que se achican con tan solo pensar esto.

Sin duda un segundo te marca de por vida. Existen jugadores que son recordados más por un penal fallado en circunstancias determinantes que por su accionar dentro del campo durante toda su carrera. Otros, por el contrario, quedan grabados en la memoria de los aficionados por un cobro magistral a la hora buena, sobre todo si esto representó un campeonato o salvarse del descenso.

Después de lo visto el pasado fin de semana en los duelos de Argentina vs. Uruguay; Brasil vs. Paraguay; y Estados Unidos vs. Japón, me queda claro que los penales son hechos para jugadores con carácter, no para aquellos que ni siquiera pueden disparar hacia la portería.

¿Quién quiere ser el próximo héroe o villano?
¿Quién quiere quedar en los anales del futbol?
El tiempo tiene la respuesta.