En una ocasión, mientras nos encontrábamos en el hospital, mi padre me contó una historia increíble. Se trataba sobre un jugador cuya nacionalidad he olvidado, el cual contaba con una zurda prodigiosa. Durante su infancia, este pequeño jugador sufrió un retraso en el desarrollo óseo causado por un bajo nivel de hormonas de crecimiento, según me contó mi viejo. La verdad no entendía de qué hablaba.

No sé el año, pero recuerdo haber escuchado que su primer contrato fue una cosa de locos, miren que hacer firmar en una servilleta a un niño me parecía algo insólito y hasta cierto punto risible.

Pasaron los años y ese diminuto jugador debutó en primera, la “rompió” en la liga y ganó absolutamente todo a nivel de clubes. Infinitos reconocimientos invadieron las vitrinas del “pibe”, quien a su corta edad, parecía estar viviendo un sueño.

Recuerdo que quedé enamorado de la historia de ese jugador, pero algo no entendía, situaciones que no iban acorde a lo maravilloso que parecía ser aquél “crack”.

Por una extraña razón, mi padre decía que en su país era criticado por su bajo funcionamiento dentro del campo con la selección mayor. Los periodistas y el público le recriminaban que no pudiera darles algunas alegrías que a los aficionados de su club sí les ofrecía.

Papá dice que no rendía igual debido a que no tenía a los mismos compañeros, a la presión que sentía cada vez que portaba la camiseta de su país. “No se le veía a gusto”, comentaba mi viejo. Las horas pasaban y me iba adentrando a la historia, en realidad me sentía parte de aquél relato.

“¿Qué pasó después, papá?” –pregunté-. “La vida le tenía preparado algo realmente sorprendente con su selección…” –dijo mi padre-

No supe qué pasó después, mi viejo cerró los ojos y durmió profundamente. Aún sigo buscando por todos lados alguna información que me ayude a culminar la historia, espero encontrarla antes de alcanzar a mi viejo…

Comentarios:
Alan_osornio@hotmail.com