Alejandro Poiré, es un hombre paradójico: tan brillante como ingenuo, tan lógico como confuso, tan buen actor como académico.

Itamita y politólogo de profesión, el Secretario Técnico del Consejo Nacional tiene la difícil tarea de justificar lo injustificable, de legitimar la estrategia fallida de seguridad del gobierno federal. La forma de hacerlo ha sido brillante. El intelecto de Poiré ha desarrollado una retórica circular basada en estadística híper-conveniente acomodada para blindar al gobierno federal, y a todos los calderonistas convencidos de todo argumento lógico, crítico y consistente empíricamente.

Los elementos centrales de ésta legitimación son: la capacidad de integrar el anti-discurso oficial dentro del discurso calderonista, y la mitificación (a través de la simplificación) de toda perspectiva ajena a la retórica oficial.

Mediante su campaña en el blog de Presidencia, Poiré ha simplificado los argumentos en contra de la estrategia de seguridad a su forma más ramplona y simplista, caricaturizando y banalizando todo el debate en una formulación mágica tipo comic y absolutamente impersonal, con el propósito de “desmitificar” los argumentos previamente mitificados por él mismo.

Con la invitación a “descubrir” las verdades, Poiré oculta que lo que se expone es su visión de la realidad nacional, mediante la mitificación de las perspectivas y cuestionamientos recurrentes al gobierno, descalifica a priori todo argumento contrario como si este se tratara de una formulación fantástica alejada totalmente de la realidad, como si lo que él propone fuera la verdad a la que todo buen observador debe llegar con un poco de análisis y de estadística.

Lo paradójico es el efecto de esta insistencia (que resulta por demás bastante molona) es la insurrección de críticas al gobierno federal que se ha despertado ante el insulto intelectual que perpetra el Dr. Poiré con su campaña falaz que considera toda disidencia como un “problema de percepción”. El gran problema de esta retórica es que ante su disociación con la realidad ha deslegitimado sustancialmente al PAN y lo ha llevado al fondo de las preferencias electorales.

Las nuevas corrientes intelectuales panistas se enfrentan con el enorme reto de legitimarse nuevamente y de abrirse a los análisis independientes si quieren volver a posicionarse como un partido plural y democrático. La nueva generación de panistas jóvenes debe superar el modelo retórico de Poiré.