El "hombre tecolote" como se representó en una autocaricatura en 1916, legó su creación artística a la humanidad y ahora es un patrimonio cultural que lo distingue como uno de los más grandes pintores del mundo. Su obra plasmada en frescos, murales, pinturas de caballete, grabados y litografías está llena de dinamismo y contenido social.

José Clemente Ángel Orozco Flores nació el 23 de noviembre de 1883, fue en la Academia de San Carlos recibió la instrucción disciplinada de Antonio Fabrés, un pintor español que imprimía en su enseñanza la influencia europea. Pero unos jóvenes estudiantes, impulsados por Gerardo Murillo, conocido como el Dr. Atl, se volvieron en búsqueda de la mexicanidad y el muralismo. Orozco y otros compañeros comenzaron a pugnar por el reconocimiento del arte nacional y lograron exponer sus obras en una celebración del centenario de la Independencia de México, en la que se había contemplado sólo incluir arte español.

Al respecto del muralismo José Clemente Orozco escribió:
“La más alta, la más lógica, la más pura y la más fuerte forma de pintura es la mural. Sólo en esta forma es una con las otras artes - con todas las otras. Es la forma más desinteresada, porque no puede hacerse de ella asunto de ganancia privada; no puede ser ocultada para beneficio de unos cuantos privilegiados. Es para el pueblo. Es para todos”.
El legado pictórico de José Clemente Orozco es no sólo cuantioso, sino impresionante por sus dimensiones y su magnitud: murales en la Escuela Preparatoria, frescos en el Templo de Jesús de Nazareno, en el Palacio de Bellas Artes y en la Suprema Corte de México; frescos en el Hospicio Cabañas, en el Palacio de Gobierno y en la Cámara de Diputados de Guadalajara. En diferentes ciudades norteamericanas, tanto en California (en la Biblioteca Baker) y en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Trabajador incansable, Orozco hacía, además de murales, retratos, composiciones, bocetos, dibujos y estudios para murales que luego ejecutaba en las grandes capitales del mundo. Orozco realizaba sus pinturas a la manera antigua, con una mezcla de temple y óleo, de la misma manera que los pintores medievales.
La calidad de sus murales está ligada a las técnicas florentinas de la pintura al fresco, de menor transparencia que la que utilizara el otro gran muralista mexicano, Diego Rivera.
José Clemente Orozco no era ciertamente un gran colorista, probablemente porque su interés fundamental era captar y plasmar en los muros del mundo las agonías y angustias del hombre, del dolor humano. Grises, oscuras, amargas son muchas de las imágenes de este mejicano universal quien evita la sensualidad y en cambio nos muestra un mundo oprimido y opresivo, denso, aguerrido y desgarrado.
Como muestra de ello podríamos referirnos a un fragmento del mural al fresco en el Templo de Jesús el Nazareno, llamado "La gran Meretriz". No hay placer, sino amargura, en aquel rostro y la mueca que sugiere una sonrisa no llega a ocultar la distorsión moral que en él se abriga.
Las imágenes de José Clemente Orozco proclaman esa aturdidora verdad de la existencia en las que son tan frecuentes la destrucción, la violencia, el caos, la explotación y la anarquía. No es posible ver las pinturas de Orozco con indiferencia. Su obra sacude al espectador y más allá de las técnicas o de las fidelidades al dibujo anatómico, en Orozco hemos de ver siempre el lado más doloroso de la existencia.


REACCIONA EN CONTRA de la Academia.



Muchas y distintas son las INFLUENCIAS que recibe del arte precolombino al Renacimiento italiano (Miguel Ángel), Manierismo y Barroco, y entre los pintores modernos de Daumier, Toulouse-Lautrec y Rouault.



POÉTICA: quiso crear un arte puro, preciso, profundamente humano y claro en su objetivo, sin embargo, siendo impermeable a toda ideología para él el tema representaba un medio y no un fin, por consiguiente la creación artística no podía preveerse ni estar limitada o condicionada.

Si para Diego Rivera el mundo prehispánico era una edad de oro, perdida y añorada, y la conquista española una destrucción sistemática y despiadada de ese paraíso, que parecía haber sucedido ‘ayer’, y sin que dejara nada positivo, para Orozco la conquista fue cosa pasada y, en perspectiva histórica, quiso encontrar y enfatizar objetivamente lo positivo y lo negativo de ambas culturas, más positivo en la conquista y más negativo en las sociedades indígenas precolombinas.

Los dos, cada quien a su manera, tienen fe en una sociedad futura mejor, donde impere menos “la crueldad, la estupidez y la barbarie”.

Por supuesto Orozco incurre en muchas contradicciones en sus ideas sobre la historia socio-política, en particular la contemporánea, pero no son más que el reflejo del pensamiento de un hombre que evoluciona y cambia de opinión de acuerdo con los acontecimientos, las situaciones y los enfoques críticos, al vivir en un mundo cuya problemática mundial, y particularmente la mexicana, resultaba ser muy compleja.

Consciente de este hecho dejó escrito: “Vivimos en un mundo lleno de contradicciones, y difícilmente el que lo interpreta en su obra puede olvidarlo”.




TEMÁTICA: como la de Diego Rivera su temática es muy variada, además de los temas histórico-político-sociales de los murales, pintó retratos, autorretratos, desnudos, naturalezas muertas, escenas de género y paisajes.




ELEMENTOS FORMALES: lo que más impresiona en su pintura es el dibujo neto, preciso, enérgico, expresivo y dinámico. Todo es movimiento, no sólo de los cuerpos, sino inclusive de los objetos, del mundo vegetal y animal y de la misma atmósfera. Este dinamismo lo logra por medio de las líneas y por el color que las enfatiza al máximo.

Movimiento es vida, quietud es muerte, por lo tanto su mundo palpita de vida; una vida tan intensa y dramáticamente vivida y expresada por sus pinceladas que parecen latigazos cortantes e incisivos, rabiosos y violentos.

Los colores son “ácido y turbios” escribió Octavio Paz, pero también metálicos y brillantes. Más que buscar las posibilidades de los matices cromáticos usa los colores para reforzar el dibujo, para complementarlo, o bien para sustituir las líneas negras por líneas coloreadas.

Lo mismo sucede con la luz y con el claroscuro, utilizados para enfatizar la fuerza del trazo. La composición es dinámica, por oposición o contraste de masas y de líneas.

En sus últimas etapas se vuelve más sintético, restringe la gama cromática, prefiere la prevalencia de los negros, grises, blancos, tierras y ocres y tiene la tendencia a desmaterializar las formas.

Usa todo tipo de perspectivas o las evita de acuerdo con las necesidades expresivas del momento. 

Experimenta y utiliza varias técnicas: el fresco, el óleo, el temple, la piroxilina y el duco sobre masonita.


Orozco murió #UnDíaComoHoy 7 de septiembre de 1949 pero su legado continua vigente , colaboró al acceso a la modernidad estética de toda Latinoamérica, aunque la afirmación tenga sólo un valor relativo y deban considerarse las peculiares características del arte que practicaba, poderosamente influido, como es natural, por la vocación pedagógica y el aliento político y social que informó el trabajo de los muralistas mexicanos. Empeñados éstos en llevar a cabo una tarea de educación de las masas populares, con objeto de incitarlas a la toma de conciencia revolucionaria y nacional, debieron buscar un lenguaje plástico directo, sencillo y poderoso, sin demasiadas concesiones al experimentalismo vanguardista.


@apontealcar