La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decidió, desde 1977, que el día 8 de marzo fuera dedicado a las mujeres. Es una fecha muy significativa debido a que se conmemora la lucha histórica que ha emprendido el sexo femenino para romper los esquemas que limitan su desarrollo como ser humano en todos los ámbitos: social, económico, político, educativo, cultural, sexual, entre otros.

En el contexto del Día Internacional de la Mujer no sólo hay que recordar el proceso que ha vivido el sexo femenino para alcanzar y disfrutar de sus derechos y libertades, para tener una participación activa y relevante en la vida económica, política y académica, para sobreponerse al contexto cultural y social mexicano que es tradicionalmente adverso a la superación femenina; también hay que tener presente que todavía, en estos tiempos, existen graves problemas como la violencia de género y la discriminación, que afectan el desarrollo y empoderamiento de la mujeres.

En esta conmemoración hacia la mujer, desde cualquiera que sea nuestro ámbito de acción o injerencia, reafirmemos nuestro compromiso con sus derechos, sus libertades, su dignidad e igualdad, con su valor inherente como persona, y junto con ellas luchemos todos los días por alcanzar mayores niveles de justicia e inclusión.

La equidad de género siempre ha sido un tema controvertido, pero hoy tiene un papel determinante en la agenda nacional. El crecimiento de la participación de las mujeres en la economía es innegable, representa el 41%; sin embargo, dicho incremento contrasta con el rezago educativo que presenta el género: el 50 por ciento de las mujeres –de 15 años y más– se encuentran en situación de rezago educativo, es decir, 23 millones de mujeres de esa edad no cuentan con la educación mínima para desempeñarse adecuadamente en el mercado laboral en 2010, de acuerdo con los datos del INEGI.

La participación de las mujeres en los puestos de poder se limita, en su mayoría, a los de menores rangos y, como señalan los especialistas, parecen “haber alcanzado el techo de cristal que les impide mayores avances”. Aunado a ello, la discriminación salarial prácticamente se ha mantenido estable durante la última década. La categoría profesionistas y funcionarios públicos registra todavía índices de discriminación salarial mayores al 15%.

A través de los años se han dado transformaciones en los derechos legales, los logros en la educación y en la participación en la vida pública de las mujeres. Más mujeres ahora son líderes en la política y los negocios, más niñas asisten a la escuela, más mujeres sobreviven a los partos y tienen el derecho de decidir sobre su cuerpo y la planificación familiar. Sin embargo, en México todavía estamos lejos de decir que ya no hay discriminación de género, que la desigualdad se acabó.

Mientras no entendamos que no se podrá alcanzar ninguna solución duradera a los principales problemas del país sin el empoderamiento pleno y la participación de las mujeres, poco avanzaremos como nación. Su participación plena en la esfera política y económica es fundamental para la democracia y la justicia; la igualdad de derechos y oportunidades conforma la base de las economías y las sociedades saludables.

Estudios internacionales muestran que mayores niveles de igualdad de género tienen una correlación positiva con los niveles más altos del producto interno bruto per cápita. Abrir las oportunidades económicas a las mujeres aumentaría el crecimiento económico y reduciría la pobreza considerablemente. La igualdad depende de cada uno de nosotros.

En México en particular, y en el mundo en general, todavía estamos lejos de modificar los valores, actitudes y prácticas que perpetúan la desigualdad estructural entre hombres y mujeres. Es necesario demostrar con hechos y cifras que la situación de las mujeres mexicanas está cambiando. Los verdaderos logros se harán presentes cuando ya no sea necesario recalcar que las mujeres deben tener las mismas oportunidades y derechos que los hombres, cuando esta premisa constituya para todos una obviedad. La igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres es, sin duda, una tarea pendiente.