Al hablar y analizar la realidad política, invariablemente recurrimos a los conceptos de izquierda y derecha. Esta distinción histórica sobre las ideologías, sufre una crisis –por llamarle de alguna forma– porque ya no tiene posiciones diametralmente opuestas, sino que éstas se han recorrido hacia el centro y han llegado al extremo de una confusión y/o fusión de sus planteamientos.

En México, y más en este tiempo de elecciones, la izquierda tradicional ha moderado su discurso para ganar adeptos en la clase media y alta del electorado; mientras que la derecha histórica ha tocado en su discurso algunos planteamientos de la izquierda, con el fin de lograr adeptos entre las clases menos privilegiadas.

Es común, en esta elección presidencial, observar que los planteamientos que están haciendo los candidatos –en algunos temas prioritarios– se han traslapado y hacen difícil para el electorado poder discernir si se trata de un planteamiento con visión de izquierda, derecha o centro. La diferencia no está en el qué, sino más bien en el cómo. La confusión de las ideas, de las propuestas de los candidatos presidenciales se da, quizá por la poca visión, por la falta de ideas, por desconocimiento, por la dinámica del proceso electoral, por la generalidad de la propaganda, en fin, por muchos factores, pero lo importante es que los ciudadanos aprendan a buscar y reconocer los cómo, para más adelante poder exigir a las autoridades electas su cumplimiento.

Ante esta confusión que vivimos por el proceso electoral, ante la modernidad que vivimos y el proceso globalizador del que somos parte, las fuerzas extremistas y totalitarias ya no caben en nuestra realidad. El discurso del constante enfrentamiento de valores y contravalores, de los buenos y los malos, de antagonismos, sólo polariza, divide a los mexicanos y complica la unión de fuerzas para concretar acciones, programas, leyes o reformas que México necesita para encaminar su desarrollo sostenido.

Lo que México necesita es una nueva mirada política. No se trata de desaparecer u olvidar las ideologías o los planteamientos teórico-político, pero si es fundamental entender nuestra realidad y en base a las ideologías con las que comulgamos hacer propuestas que den respuesta a la sociedad moderna de la cual somos parte.

Las nuevas generaciones ya no tienen el arraigo de antaño para declarar una posición política de izquierda o de derecha. Si las ideologías políticas quieren irradiar en las conciencias de estas nuevas generaciones y generar un impacto en su vida, habrá que apostar por concretar nuestras ideologías, nuestros planteamientos en acciones.

Después de 12 años de un gobierno de alternancia y de sus escasos o nulos resultados, hay que buscar otra vía. Cuando hablamos de una nueva mirada política nos referimos a apostar a trabajar en una especie de gobiernos de coalición, de crear frentes comunes en torno a temas en beneficio del desarrollo del país, pero también en beneficio del desarrollo humano y personal de todos los mexicanos.

Las coaliciones o los frentes han dejado constancia de su éxito tanto en Europa como en América Latina. Hoy las ideologías tienen que hacer frente a los nuevos y grandes fenómenos históricos, como la educación, los ecológicos, la globalización de la economía, los tecnológicos y demográficos, entre muchos otros.

Apostar por la creación de coaliciones o frentes no es perder identidad ni olvidar nuestra ideología, es demostrar que se tiene la capacidad y disposición de trabajar en conjunto, haciendo siempre un reiterado matiz de diferencia, entre nuestras propuestas, para lograr concretar los cambios que espera México y merecemos todos los mexicanos.

Busquemos, como ciudadanos, como electores, quién tiene la disposición de trabajar en conjunto con las demás fuerzas políticas, quién tiene el liderazgo para concretar esa posibilidad, quien ha demostrado que puede transitar hacia esa vía, ya que será la única opción de avanzar como país y como sociedad, y en las manos de los mexicanos estará la elección.