Una vez más, la juventud mexicana hace la diferencia: logra despertar el interés y el entusiasmo político en esta contienda electoral. Luego de los acontecimientos en la Universidad Iberoamericana por la visita del candidato presidencial Enrique Peña Nieto y de las manifestaciones organizadas por jóvenes universitarios el fin de semana, los candidatos, las campañas, los medios de comunicación, los actores políticos, no pueden seguir en la dinámica de minimizar la pluralidad, la diversidad de pensamientos, la madurez política de la sociedad mexicana, esa multiplicidad a la que tendrá que gobernar el próximo Presidente de México.

México vive un tenso panorama político -producto de los magros resultados de los gobiernos recientes-, que se intensifica por la dinámica de las elecciones presidenciales. Los jóvenes no son ajenos a estas problemáticas: falta de oportunidades educativas, desempleo, alza de precios, inseguridad, etcétera, a las cuales se les suma el crispado y enconado ambiente electoral, que está privilegiando el lenguaje de descalificación en lugar de las propuestas, de los proyectos. Ése es el panorama político que ven los jóvenes, ése es el panorama político que tienen y al que responden.

Si a ello sumamos que la gran mayoría de los jóvenes mexicanos votarán en esta elección por primera vez y que tampoco son ajenos e indiferentes a las movilizaciones que los indignados de Europa y Estados Unidos han hecho por las políticas públicas y la crisis económica, nos encontramos con una juventud mexicana participativa, que protesta, que alza la voz, que se hace escuchar, que demanda y cuestiona a los políticos. Una juventud organizada, que entiende y ejerce sus derechos y responsabilidades es, en gran medida, lo que necesita nuestra endeble democracia.

Sin duda, las manifestaciones del fin de semana representan la forma de pensar de una parte importante de la juventud de nuestro país y deben ser respetadas por las y los actores políticos y autoridades, dado que todas y todos los mexicanos tenemos la garantía constitucional de libre manifestación de nuestras ideas, claro, siempre y cuando tal expresión se lleve a cabo dentro del marco de la legalidad y no se afecte a terceros.

No hay que perder de vista que, en el marco del proceso electoral actual, las manifestaciones en cuestión tuvieron intereses y objetivos particulares. Incluso dentro de las propias movilizaciones existieron visiones distintas. Mientras por un lado asistieron personas que se manifestaron en contra de la candidatura de Enrique Peña Nieto, otra manifestación se realizó para apoyar a Andrés Manuel López Obrador, pero también se exigió la transparencia y la objetividad en la cobertura informativa a los medios de comunicación, en especial a Televisa.

Enrique Peña Nieto, pero sobre todo el Partido Revolucionario Institucional, tienen mucho qué evaluar después de las movilizaciones y protestas del fin de semana. Los jóvenes son un sector trascendente y de transformación para este país, por lo que no pueden caer en la incomunicación y la falta de compromisos con este sector.

Como sociedad, debemos estar atentos a que hechos como los del fin de semana no se utilicen para construir un ambiente de rechazo público hacia un candidato o partido, no se tergiverse una protesta auténtica, que el movimiento de los jóvenes no sea cooptado por algún partido o candidato, o que no sea desvirtuado, que no fomenten otra vez el encono y la polarización social que tanto daño le hizo al país. Entendamos que en un sistema democrático es tan legítimo criticar a un candidato como convencer a que voten por él. La pasión desbordada, ciega, deja de lado la razón y favorece el enfrentamiento.

El Movimiento Izquierda Alternativa, del cual formo parte, saluda la participación de las y los jóvenes en la vida pública, pues la democracia mexicana se consolidará en tanto exista mayor participación ciudadana en los asuntos políticos y en los asuntos públicos en general. Las transformaciones sociales en México requieren de una ciudadanía activa que tenga las garantías de expresión libre de las ideas en la vida pública y que también tome decisiones políticas-electorales de manera informada, con base en las propuestas de los programas de gobierno de las y los candidatos. Bienvenidos los jóvenes al protagonismo electoral, pero no olviden que si queremos transformar nuestra realidad, si queremos fortalecer nuestra democracia, hay que adquirir también compromisos y responsabilidades.