Como buen universitario, acudí a la primera asamblea que los autoproclamados representantes de YoSoy132-ITAM realizaron en mi alma mater. No pienso darles una crónica de lo acontecido aquella funesta mañana (confórmense con saber que prefiero pasar mi tiempo viendo la estupenda novela llamada ‘Nuevo PRI’ a regresar a tales convenciones de ego), únicamente retomo el comentario que una fémina pensante realizó aquella mañana, el cual fue el siguiente: “Si el movimiento se denomina como anti neoliberal, sinceramente creo que nosotros ya no cabríamos.”

En los últimos días he observado cómo varios de mis compañeros del ITAM han abandonado la trajinera 132, argumentando su decisión con un discurso que me parece completamente válido. Cito la opinión de un compañero:

“Una pena que este movimiento, en sus orígenes apartidista y que había logrado hacer que muchos jóvenes salieran de su comodidad y marcharan en las calles para pedir medios de comunicación objetivos, ahora se torne en una manifestación claramente política, con un sesgo radical que lo desvirtúa. En fin... ahí se los dejamos, para que hagan con él lo que quieran.”

Dicho compañero está en todo su derecho de deslindarse de un movimiento con el que ya no simpatiza, pero a la vez, considero que tiene un error de concepto: No puede entregar lo que nunca fue suyo.

El movimiento YoSoy132 no puede evitar ser anti peñanietista porque de otra manera no tendría adversario tangible al cual confrontar (los medios son un ente, no un hombre), no puede evitar ser anti neoliberal porque tampoco puede estar de acuerdo con un modelo que ha anulado a los más desprotegidos (que ciertamente no han sido ellos).

Por los mismos motivos, si YoSoy132 quiere seguir con vida tiene la mesa puesta para consolidarse como el movimiento antagónico al inminente sexenio de Enrique Peña Nieto, ya que, a fin de cuentas, el sector restante de la Clase Política también tiene su cuota de culpabilidad de la debacle nacional y por ende no tiene autoridad moral para jactarse como verdadera oposición al ‘Nuevo PRI’ (por más que le duela a los amorosos).

El grandísimo reto se encuentra en la capacidad que tengan para controlar sus monstruos juveniles, los radicalismos (la oposición debe ser crítica, no radical), la infiltración de la izquierda más oxidada y la derecha más tiránica, así como encontrar canales para que sus dirigentes no terminen siendo todo excepto estudiantes (Bien lo dijo Salvador Allende: El primer deber del líder estudiantil es ser buen estudiante).

Un ejemplo de los riesgos está presente actualmente: Un sector del movimiento decidió de manera unilateral invitar por medio de un video a los candidatos a la presidencia a realizar un tercer debate organizado por ellos (http://sdpnoticias.com/video/1913/Jovenes_del_YoSoy132_invitan_a_candidatos_presidenciales_a_debatir ).

La Asamblea General YoSoy132 ya se deslindó (http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2012/06/07/1715794-desmiente-yosoy132-ser-organizador-de-un-tercer-debate ), pero la lucha de egos (llamada amablemente “falta de comunicación”) seguirá.

Se está poniendo buena su película.