En su libro 1988: El año que calló el sistema, la periodista Martha Anaya dedica un capítulo a una anécdota que tuvo con el poeta Jaime Sabines en los días del Colegio Electoral posterior a la elección. Considero de gran actualidad dicho texto, ya que en los próximos días, meses, años, gran parte de los adjetivos y actitudes citadas por el maestro chiapaneco, serán parte de nuestra cotidianeidad (o ya lo son).

Espero sea de su agrado y los invite a reflexionar, no a quedarse con el título de este artículo (meramente mercadológico).



Crónica de un poeta

Jaime Sabines solía sentarse en la penúltima fila del salón de sesiones, en su ala izquierda, al lado de Rogelio Montemayor Seguy. Nunca antes había transitado por la política, aun cuando su hermano, Juan Sabines, se dedicaba de lleno a ella; fue gobernador de Chiapas con un estilo paternal, de anécdotas, clásico de los antiguos priístas, por lo que solían llamarlo “el último de los mohicanos”.

Ese 1988, Jaime vio su nombre en las listas plurinominales del tricolor. Formaba parte de esa Legislatura, la LIV, que habría de calificar a sus diputados, erigirse en Colegio Electoral y calificar la elección presidencial. Vivió puntualmente aquellas largas jornadas de ánimos encendidos, gritos, reconvenciones, tomas de tribuna, injurias, tan perturbadoras que hasta infartos provocaron.

¿Qué hace un poeta aquí?, me preguntaba. ¿Pensar en “Los amorosos”, en “Turumba”, recordar “Algo sobre la muerte del mayor Sabines”? Lo veía escribir de tanto en tanto al borde de su curul en hojas dispersas que luego doblaba y guardaba en la bolsa de su camisa.

Una buena noche tuve respuesta a la interrogante. En plena sesión me entregó un par de cuartillas escritas a máquina con su firma al calce y este recadito: “Por si te sirve de algo”.

Leí su escrito. Era encantador. Hilvanaba con gran humor algunos de los adjetivos proferidos desde la tribuna de San Lázaro a lo largo de las sesiones. Aún lo conservo enmarcado, en recuerdo de él y de su hermano, y de lo que aconteció entonces. Va tal cual:

Martita:

En quince días de asistir a las sesiones del Colegio Electoral he escuchado las siguientes expresiones acerca de los miembros del PRI: los priístas son sordos, ciegos, mudos, miopes, deshonestos, incapaces, ineptos, inconscientes, insensibles, cínicos, mafiosos, traidores a la patria, falsificadores, magos, alquimistas, burladores del pueblo, ladrones, asesinos, hampones, inmorales, sinvergüenzas, desfachatados, corruptos, culeros, irresponsables, sucios, impostores, criminales, irracionales, infames, acarreados, mecanizados, robots, raquíticos, exiguos, anémicos, endebles, precarios, indecentes, chanchulleros, asquerosos, tortuosos, delincuentes, zapateros, abusivos, pillos, charros, tramposos, falsos, mentirosos, bribones, electrónicos, computarizados, autómatas, cibernéticos, ataráxicos, increíbles, mayor-minoritarios, escorias, hijos de su madre, extraterrestres, irreales, surrealistas, humanoides, acabados, en extinción, sindicaturados, torpes, socarrones, paracaidistas, perversos, consultantes, miedosos, indignos, débiles, defraudadores, cachirules, mezquinos, prepotentes, represores, usurpadores, vulgares, cachondeadores, maniobreros, inconfiables, antidemocráticos, fascistas, antihistóricos, contrarrevolucionarios, proimperialistas, oligarcas, vendidos, entreguistas, méndigos, explotadores, sojuzgadores, negativos, sin hormonas, sentenciados por el pueblo; y además, en escala zoológica, de manera precisa y simultánea: dinosaurios, coyotes, golondrinas, puercos, perros, mapaches, borregos y ratas.

En quince días de asistir al Colegio Electoral he visto que contra los priístas se pone el pulgar hacia abajo condenándolos a muerte, se hace la v de la victoria intimidándolos, se empuja el puño cerrado hacia arriba y adelante, todo esto entre gritos y porras alucinantes, o bien, en silencio, burlonamente, se ponen las manos a temblar. Cuando es necesario, se toma por asalto la tribuna, se golpea la mesa, se vocifera y gesticula y se afirma de este modo el derecho electoral.

En quince días de asistir a las clases del Colegio se me ha enseñado que los miembros de los partidos de oposición son los únicos dueños, los propietarios legítimos: de la bandera, del himno nacional, del pueblo mexicano, de la verdad histórica y del porvenir.

Les doy las gracias porque nunca como ahora –ante la inminencia de ser expulsado de la Historia-, nunca como ahora me había sentido tan a gusto en el PRI.

JAIME.