Para Santiago Isunza Reyes Spindola, cuya desfachatez para dejarme vestido y alborotado en la guerra de la vida me duele estúpidamente. Descansa en Paz querido amigo.

Me parece de cardinal importancia plantar sobre la mesa mis argumentos de por qué el overol es una prenda que refleja lo mejor de los hombres (y de las mujeres ni se diga). Ahí les voy.

Me atrevo a asegurar que es ínfima la cantidad de personas que durante su infancia no fueron partidarios (ya sea por imposición o libre determinación) del overol. Las madres encuentran en dicha prenda la manera idónea de manipular nuestra concupiscencia como les venga en gana. Si decidimos elaborar una ofrenda a la madre tierra en forma de residuos alimenticios, inmediatamente nos desnudan en frente de todos para arruinar tan diplomático y sincero gesto con el cosmos.

Creo que es allí de donde proviene la repulsión de la mayoría de las personas hacia el overol cuando llegamos a la adultez; lo recordamos como una prenda que fue cómplice de una matria conspiración para avergonzarnos frente al mundo, es tanta nuestra repulsión que no nos damos la oportunidad de ver más a fondo el objeto de nuestro odio y descubrir que, una vez superada la niñez, el overol puede convertirse en un gran aliado para disfrutar de la vida.

Un hombre que viste un overol es tachado de infantil, inmaduro, retrógrada, como si hubiera dejado su hombría en el clóset; no se entiende que portar un overol es una de las muestras más claras de disposición a entregarnos a la plenitud de la plenitud que es la mujer.

Portar un overol es asumir que no tienes empacho en desprenderte de tu ropa en menos de diez segundos. La mujer puede aproximarse rauda o cautelosamente, desactivar dos broches e inmediatamente te tiene a su disposición. He ahí que la humanidad debería agradecer a los hombres que portan overol, ya que son seres que llevan la honestidad en el rostro y entienden a la perfección lo efímero de la vida y la finitud del tiempo.

Pero por encima del hombre, está la mujer que decide hacer del overol su forma de vida.

Estamos hablando de Diosas que portan una toga adaptada a la bestialidad del mundo; el overol maximiza sus curvas, perfecciona su silueta, magnifica su esplendor. Incluso desprendidas físicamente de la prenda en cuestión, llevan la ligereza en su andar, en su interacción con el exterior. Una mujer con overol, o actitud de overol frente a la vida, nunca podrá ser fea.

Si eres mujer y te cruzas a un hombre con overol, no lo pienses dos veces; acércate a él, notifícale que lo invitas a tu casa para desnudarlo y hacer con él de las nubes terciopelo, el susodicho te responderá afirmativamente y se dispondrá a hacerte feliz el resto de tus días.

Si eres hombre y te topas con una mujer overol, cuidado, sólo tienes una oportunidad frente a ella. Desnúdate por completo, entrégale el corazón y dile que es la única mujer que ha conseguido que te desnudes por y para alguien sin necesidad de quitarte prenda alguna.

Si eres un hombre con overol y te cruzas a una mujer overol o viceversa, bendito el cuarto que sea testigo de cómo iluminan la oscuridad, juntos transformarán su mundo, inventarán mares que cruzar.