TOM:

Summer… we don’t have to label

what we’re doing. I just… I need -



SUMMER:

I know -



TOM:

Consistency. I need to know you

won’t wake up tomorrow and feel a

different way.



SUMMER:

I can’t promise you that. Nobody

can. Anyone who does is a liar.



A beat.



SUMMER:

I can only tell you how I feel

right now… or I can show you.

500 DAYS OF SUMMER

Scott Neustadter & Michael H. Weber1

Los hombres somos complejos (o tal vez demasiado simples). A veces somos profundos partidarios de la abrumadora certidumbre, queremos tenerlo todo bajo control, nos aterra pensar lo que sería de nuestras vidas si perdiéramos lo que estamos viviendo, sintiendo. Hay épocas, en cambio, en las que la incertidumbre es nuestra mejor amiga, creyentes de que todo es pasajero, podemos disfrutar por algún tiempo el vivir sin certeza alguna.

Nuestra tibieza, ir y venir entre lo absoluto y relativo puede asemejarse a las sociedades, y como su servidor es hecho en México, no puedo evitar analizar (con base en mis excursiones a los sentimientos de finitud e infinitud) el deambular de nuestro hermoso y desgarrado país entre certidumbre e incertidumbre.

En México pasamos varias décadas con una certidumbre apabullante, administrados por un partido hegemónico que disponía del control del Estado, donde prácticamente no existía distinción entre Ejecutivo y Legislativo; la voluntad del primero era doctrina revelada para el segundo y el orden de las cosas se desenvolvía con la certeza de que unos cuantos decidían los grandes asuntos que afectarían la vida de millones.

Paulatinamente comenzaron a existir destellos de incertidumbre, en ocasiones propiciada por el mismo sistema para legitimar un juego democrático que diera cabida a la pluralidad de pensamiento, siempre sin que este significara mayor reto. Cuando se presentaba un actor político que despertara al sistema una pizca de incertidumbre sobre cuál sería su siguiente acto, simplemente era erradicado del mapa; los estudiantes del 68 generaban incertidumbre, los desaparecidos de la guerra sucia también.

Poco a poco la certidumbre se fue haciendo menos deseable para los mexicanos; teníamos ganas de que nacieran nuestros hijos y pudiéramos decir que tal vez ellos ya no estarían destinados a votar por el PRI. Algunos podrán afirmar que fue por decisión de las élites, otros opinarán que por presión ciudadana, pero en un momento nos despertamos con la incertidumbre de no saber si Alfredo del Mazo vencería a Cuauhtémoc Cárdenas, peor (o mejor) aún, con la única certeza de no saber si la izquierda mexicana sería capaz de gobernar de manera aceptable la Ciudad de México.

Para el año 2000 sucedió algo paradójico, teníamos certidumbre de incertidumbre. México había decidido que ya no quería un Presidente priista, pero no tenía la más remota idea de cómo se desenvolvería un político de oposición al mando del Ejecutivo. La noche del 2 de julio podíamos gritar con todas nuestras fuerzas en el Ángel de la Independencia a Vicente Fox: ¡No nos falles! ¡No nos falles! Pero ése fervor no garantizaba nada, no daba certidumbre al mañana.

En el año 2006 alcanzamos el otro extremo, institucionalizamos la incertidumbre y no la pudimos controlar. No sabíamos lo que era ser depositarios de nuestro destino, acostumbrados a un Estado que administraba la generalidad de la vida, salimos de la caverna para encontrarnos múltiples situaciones que alguien más manejaba por nosotros.

En mi opinión, la decisión de Felipe Calderón de combatir al narcotráfico es una expresión que, a la par que tuvo como objetivo dotar de certidumbre (militarista) a su gobierno, sin proponérselo instauró un régimen de incertidumbre en gran parte del país.

De pronto una violencia que creíamos ajena pasó a ser completamente nuestra.

¿Podemos jactarnos de vivir en democracia cuando al designar candidatos a presidentes municipales en varios estados del país, desconocemos cuántos renunciarán a su candidatura por presiones de los criminales, o simplemente serán asesinados? ¿No es un tanto hipócrita tener gobernadores que se jactan de proteger y gobernar sus entidades cuando el poder real lo ejercen los capos? ¿Qué importa vivir en democracia si la mayor aspiración que un joven tiene es ser desempleado, sicario, o acribillado? ¿Son completamente infundados los cuestionamientos presentes puesto que no son generalizados?

Considero que hoy en México estamos intoxicados de incertidumbre y hambrientos de certidumbre, por eso el ganador de la elección presidencial es Enrique Peña Nieto, el candidato que no nos pidió transformar juntos la vida pública o salir a las calles a imponer una democracia verdadera; mucho menos nos propuso ser o hacer algo “diferente” a lo que venimos haciendo, únicamente nos solicitó que le confiáramos el destino de México.

Así como entre dos seres no se tiene garantizado el dormir sediento de certeza y amanecer sin desear incertidumbre, así considero que México ha deambulado entre añorar ser libre para ahora temer el resultado de su libertad. México tiene miedo.

El PRI regresa porque estamos hartos de realidades y queremos volver a las promesas.

En democracia (como en la vida), certidumbre e incertidumbre tienen las mismas posibilidades de ganar, todo depende de las circunstancias.

1 http://www.imsdb.com/scripts/500-Days-of-Summer.html