En verdad, es hermoso en grado superlativo! ¡Bellísimo entre lo más bello! Que, como nos decía “el múcuro”, querido maestro de música de los normalistas oaxaqueños de los años CINCUENTA, del siglo anterior a este, fatídico para México. Él nos dio la primera definición de “lo bello”, que a mí me convence del todo. “Bello es lo que es”. Con esto nos quería decir, que todo lo que ha sido CREADO, es en sí BELLO. Aunque deben existir muchas excepciones a la regla, desde la primer amiba, que “fue creada”, puede considerarse como bella, por el hecho de haber sido una de las primeras manifestaciones de la vida animal. La amiba o ameba, siendo tan peligrosa para la vida del ser humano, bajo la definición de mi maestro, es aceptable. Sin embargo no hay que dejarse invadir por una colonia de amibas; puede ser mortal,

Magnífico edificio de cantera verde, donde se forjó el espíritu de muchos jóvenes que decidimos dedicar nuestra vida a la educación, y donde abrevamos de la fuente del saber. Aunque, a decir verdad, la fuente del jardín ubicado frente a la maravillosa Basílica de la Soledad, en más de una ocasión, sirvió para que se desgreñaran, una joven normalista y otra joven universitaria. Eran los años en los que, por un motivo o por otro, los “camaleones y los macoloches” se enfrentaban, más que nada a pedradas. Hasta algún gobernador de aquellos años, tuvo que llegar al lugar de los hechos, para evitar que los “universitarios” prendieran fuego al portón lateral de lo que entonces era la Escuela Normal Mixta Urbana Federalizada de Oaxaca. Para entonces ya había muchos descalabrados. A los más chamacos, nos tocaba subir piedras a la azotea, desde donde, los más “viejos” y fuertes (que había muchos) lanzaban piedras a los invasores, con sus “hondas” o con la fuerza de sus brazos. Era una verdadera lucha, semejante a las de la Edad Media, en Europa, en la época de las Cruzadas. Lo maravilloso de aquellos años es que NO había muertos ni heridos graves. NO había fuego cruzado entre los uniformados y los otros. Muy pronto se apaciguaban los ánimos, pero también, muy pronto se volvían a encender, sobre todo por las novias, de unos y de otros. Cada quien defendía su territorio. Nadie quería el intercambio. Nada más habría que recordar a las bellezas que fungieron como Señorita Normalista. Preciosas chicas y de muy buena edad, de merecer. Guardamos aún algunos nombres. Quizá muchas de ellas ya pasaron a otra dimensión. Otras, conservan su finura y su presencia en el seno de la sociedad oaxaqueña.

Ver al anochecer, cuando encienden todas las luces, del maravilloso complejo que integran, por una parte, el edificio de la antigua Escuela Normal, que, entre paréntesis figurado, son las únicas escuelas formadoras de docentes que existen, lo que sucede es que los gobiernos mexicanos han tratado de desaparecerlas a toda costa, para restringir, cada día más, el gasto requerido en materia educativa y ampliar el gasto en armamento, uniformes y cárceles. Así pues, el edificio de cantera verde, al lado de la Basílica de Guadalupe, enfrente la Plaza de la Danza, y más al fondo el templo de San José. Un conjunto arquitectónico, con su majestuosidad, el precioso alumbrado que le instalaron, la restauración de un gusto exquisito, que le realizaron…Aunque no lo desecho, yo no necesitaría volver a visitar Europa, para extasiarme con ese tipo de monumentos históricos. Véalo usted una de estas noches. ¡Quedará extasiado! El motivo que me hizo regresar a ese lugar, se quedó muy corto. La presentación del libro “Oaxaca 1932”. Solamente la participación del Maestro Paco Pepe valió la pena. Su experiencia en el campo de la investigación y su calidad como docente, le permiten, al referirse y presentar una obra escrita, hacer un verdadero compendio de su contenido.

Habrá que compenetrarse a fondo, acerca del contenido del libro, cuyos autores son personas con un interesante historial académico y una formación de alto nivel. Daniela Traffano es Doctora en Historia, por el Colegio de México y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Salvador Sigüenza Orozco, Doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y a su vez, miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Ambos han colaborado con universidades de Oaxaca, como la “José Vasconcelos” y la Universidad Regional del Sureste, instituciones a las que les guardamos mucho afecto. La primera, por ser, actualmente, una escuela en la que los catedráticos aplican metodologías que permiten la participación, muy activa y bien orientada, de los estudiantes. En la URSE, tres de mis hijos se han titulado, logrando destacar en su respectiva profesión, inclusive a nivel internacional. Un hijo con licencia para ejercer la arquitectura, en USA y en Europa; un gran abogado, integrante del TRIFE y una joven doctora con especialización en Ginecología y Obstetricia, son para llenar de orgullo a sus padres, a su universidad y a Oaxaca.

Por mi parte, fue un gran regalo el haber regresado a mi Alma Mater, a un acto cultural de trascendencia, como es la presentación de un libro, el miércoles pasado. Al término del acto, me quedé contemplando el frente del edificio de cantera verde y los maravillosos templos que colindan con la Plaza de la Danza, donde, entre muchas otras experiencias muy gratas, alguna vez presenciamos, escuchamos y disfrutamos, de un concierto ofrecido por la Orquesta Sinfónica Nacional.