“La paz y la armonía constituyen la mayor riqueza de la familia "
Benjamin Franklin



Tras la captura de uno de los narcotraficantes más buscados del país Héctor Beltrán Leyva, alias “El H” en San Miguel de Allende hace unos días, nos enteramos que esta persona llevaba tiempo viviendo en Querétaro donde además jugaba golf y pasaba de ser percibido.

Estos acontecimientos me hacen reflexionar y preguntar ¿DÓNDE QUEDÓ EL TEJIDO SOCIAL? Pues recuerdo en mi niñez que los vecinos nos conocíamos bien, sabíamos el nombre de sus familiares y amigos. Inclusive cuando llegaba una persona a vivir en la colonia proveniente de otro estado se le invitaba a conocer al resto de los colonos. Las madres de familia barrían todas las mañanas las entradas de su casa, hacíamos ronda para que nos llevaran al Marisol Kipling, entre otros recuerdos que tenemos sobre la cohesión social en la que vivíamos.

¿Qué ha pasado? Ahora es difícil que en los nuevos desarrollos de vivienda como precisamente es Juriquilla un vecino conozca al otro. El pretexto es simple, vienen de lugares distintos.

Pero esto va más allá, uno no necesita haber crecido en cierta colonia, sino que se requiere de voluntad y civismo para interesarse en conocer a sus vecinos. Más aún en buscar organizarse y participar por el bien de su comunidad, colonia o barrio. Lamentablemente son los menos.

El gobierno ha hecho su parte, me gustaría compartirle dos ejemplos claros de la promoción de una cultura participativa. El primero es sin duda el programa social emblema del Gobernador José Calzada, Soluciones. Este programa se ejecuta a través de comités vecinales en donde son precisamente los vecinos quienes se organizan y buscan mejoras para su calidad de vida. Se promueve la organización y la participación de la sociedad civil.

Otro programa destacado sin duda es la inversión que ha hecho en su administración el Presidente Municipal Roberto Loyola para crear los nuevos parques y espacios públicos en toda la ciudad. Esto ha permitido que las familias salgan de sus viviendas para compartir un espacio de todos en donde los niños, las señoras y los jóvenes pueden practicar algún deporte, baile, zumba y un sin fin de actividades que los mismos vecinos promueven y obligan a la convivencia, interacción y participación de la sociedad.

Sin embargo, con estos ejemplos no basta. La parte más importante la debemos poner los ciudadanos, por más parques o programas que se implementen si la sociedad no los hace “suyos” de nada servirá.

Por ello la reflexión que hago sobre la urgente recomposición del tejido social, los ciudadanos debemos conocer y saber que hacen nuestros vecinos, acercarnos a ellos, convivir, participar, organizarnos y con ello estoy seguro se pueden resolver eventualmente muchos males que aquejan nuestro día a día. Hagamos el ejercicio, nada perdemos.

PAUL OSPITAL CARRERA
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