Se está haciendo costumbre que en cada elección (local, municipal o federal) declinen los candidatos más débiles a favor de los más fuertes. Qué vergüenza, ¿no? Los dimitentes de entrada se asumen perdedores. Y quizá a eso van, a perder; tal como ocurre en las peleas de box arregladas donde el boxeador fracasado sale terriblemente golpeado, pero con los bolsillos repletos de millones de pesos o de dólares.
Bueno, ¿y qué efecto legal tiene la declinación de un candidato a favor de otro? Ninguno. Es legalmente imposible acudir al Instituto Electoral a registrar la dimisión para que los votos cuenten para la candidatura favorecida con el retiro fáctico del abanderado débil; los votos emitidos a favor de éste contarán solo para éste y punto.
¿Y si ocurre la renuncia formal a la candidatura en la antesala de la jornada electoral? En todo caso los votos contarían a favor del candidato sustituto, pero que no sería por el que declinó, pues la ley prohíbe que una persona sea registrada como candidato de dos o más partidos políticos sin que exista coalición (o candidatura común) de por medio legalmente registrada en el plazo ex profeso.
Es más, una declinación tardía, en momentos en que legalmente es imposible registrar una coalición, solamente genera confusión en el electorado; incluso, se presta al uso perverso por parte del adversario. Es lo que está pasando en el Estado de México, donde “alguien” repartió volantes pidiendo a los ciudadanos tachar en la boleta electoral los emblemas de Morena y del PT en la elección a la gubernatura.
¿Qué es lo que pretenden? Confundir al electorado para conseguir anular votos de manera legal, pues si el elector cruza per se ambos emblemas el voto es nulo porque Morena y el PT legalmente no van coaligados, y así lo determinarían los funcionarios de las mesas directivas de casilla.
Entonces, lo que en principio constituye una estrategia de contundente impacto político y mediático como es la declinación del candidato del PT, ….., a favor de la abanderada de Morena, Delfina Gómez, puede convertirse en un factor de alto riesgo para ella misma.
El electorado poco o nada sabe del tema legal. Por lo tanto, como le explican a cada elector que el petistas declinó a favor de la morenista, pero que al momento de votar, no voten por ambos, sino solamente por ella.
De por sí el tema electoral es complejo y la ciudadanía tiende a confundirse con facilidad cuando los partidos políticos no implementan estrategias eficaces para informar a sus militantes, simpatizantes y ciudadanía en general, cómo votar para que el voto cuente. La deficiencia ya le pesó al PRI en las elecciones del 2012.
En aquella ocasión, el PRI fue en coalición total con el PVEM en la elección presidencial, pero no así en los comicios de senadores y diputados federales, entonces perdió varios escaños y curules porque el electorado votó por ambos partidos en las tres elecciones y los votos resultaron nulos.
Nadie se detuvo a explicar al electorado que por presidente debían tachar en la boleta electoral los emblemas de ambos partidos, pero que para elegir senadores y diputados federales deberían cruzar solamente un emblema. Y eso que tuvieron mucho tiempo para implementar una estrategia para contrarrestar confusiones.
En fin, retomemos el tema. Otro riesgo de la dimisión fáctica es que se induzca la anulación de votos en el momento de los cómputos distritales, sobre todo cuando por alguna causa legal se tienen que contar nuevamente los votos de una casilla porque, por ejemplo, en el paquete electoral no venga el acta de casilla; o cuando hay recuento total de votos.
En ese momento se da el riego de que los representantes de los partidos políticos, en movimientos rapidísimos, rayen un emblema más del que tachó el elector. Claro, y es un riesgo para todos los contendientes, pues el adversario intentará anularle el mayor número de votos.
Qué terrible, ¿verdad?, sin ningún pudor diseñan estrategias para torcer la voluntad popular. Y lo hacen todos los partidos políticos. ¿O hay excepciones? Francamente no me ha tocado ver ninguna.
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