Hay gentes que viven una vida de tragedias o de abundantes dones, hay las que sufren de toda clase de bochornos y de frustraciones, las hay que siempre mantienen una conducta irreprochable y no dan una y otros que sin más logran objetivos para otros inalcanzables, algunos sostienen que es cuestión de formación y de suerte, en lo personal sostengo que desde siempre en política y administración no solamente es necesario la preparación y la suerte sino que son vitales las relaciones y los compromisos a lo largo de la vida, y en tales condiciones, sin que todo le haya sido sencillo a Alejandro Avilés Álvarez quién el martes 1 de agosto tomó posesión como Delegado de la Secretaría de Desarrollo Social (sedesol) sustituyendo a Martín Vásquez Villanueva de quién se dice entrará como “campeón” en la dirigencia del PRI en la entidad oaxaqueña, retorna al poder formal y al proceso real de control en la política.
Venido de la cultura del esfuerzo, saliendo de los campos oaxaqueños y de las trampas de la medianía económica, Alejandro Avilés Álvarez, tiene nuevamente que superar los viejos odios y las muchas traiciones que ha recibido a lo largo de sus actividades políticas ya que sin duda por más capacidad que haya demostrado a lo largo de su vida no ha tenido la suerte de caerle bien a todos y a lo mejor se trata de su carácter o simplemente, porque las envidias son tales que generan profundas lesiones y odios en la política.
Durante su gestión como dirigente de los diputados en la cámara local supo sobreponerse a los enemigos salidos de las filas del grupo de hampones de Gabino Cué y de su pandillero mayor, Jorge Castillo, soportar las presiones de los políticos locales y nacionales del PRI, y superar con habilidad las presiones que generaban los procesos de selección de candidatos a la contienda política donde Alejandro Murat Hinojosa es el agraciado por muchas de sus cualidades y las muchas relaciones y compromisos que le ligan con el presidente de la república quién ha sido su mentor y protector real en la política, así, su tocayo, Alejandro Avilés, tuvo que soportar las presiones de los grupos ulisistas y de los grupos de la oposición que encabezara Diódoro y los demás ex gobernadores en la entidad para ladearse en favor de alguno de los candidatos. Sin duda ese batallar no ha sido sencillo y menos fácil es entenderse a lo largo de la campaña política donde la juventud y la preparación de Alejandro Murat en ocasiones se confrontaba con Avilés porque quería sostener la práctica política tradicional y ortodoxa que ha rendido frutos a lo largo de muchos años en Oaxaca. Dos visiones del mundo y de la vida no son fácilmente conciliadas a lo largo de una contienda política y ahí surgieron muchos pero muchos “tiradores” no solamente a los puestos sino también a los presupuestos y sobre todo, a ganarse confianza y simpatías del que sería gobernador, y llegó sin duda con un desgaste político y sociológicamente con grandes lastimados en el camino y con muchos rencores y enemistades por aquellas cercanías que siempre sostuvo con Alejandro Murat a pesar de no ser bien visto por muchos colaboradores de su equipo venido desde la capital que tiene otra visión de la política y del ejercicio del poder.
Como siempre hay errores o acciones donde la familia tiene una posición y genera cambios o problemas, el mismo ejercicio de los puestos y del poder se tienen que mantener con una buena conciliación con las labores y conductas de la misma familia, y los funcionarios, en ocasiones, se ciegan o cometen equivocaciones porque el controlar el poder no es sencillo sobre todo cuando se acumulan muchas fuerzas en el camino y es bueno, sostenemos los que hemos visto muchos ejemplos a lo largo de la vida que la gente de vez en cuando sufra traiciones, porque como diría algún experimentado político, cuando se sufren las traiciones se aprecia mucho más el valor de las lealtades, y cuando se cometen equivocaciones o errores por afecto y cariño a los seres queridos, es bueno que se sufran las consecuencias porque serán una buena escuela para los funcionarios y para sus propios familiares y les harán sentir el valor de la humildad y de la sencillez. Recordemos que los éxitos nos nublan la vista y nos hacen perder el piso y la realidad, por ello, no hay escuelas que nos muestren esos valores sino la experiencia misma en el caminar por la vida y por el camino del poder cuando está uno ejerciendo la labor en la política. Así que creo que, Alejandro Avilés, seguramente ha aprendido la lección y su familia también, porque si ahora tiene una nueva oportunidad no es para que se mande al basurero sino para hacer que la semilla tenga un buen desarrollo y rinda frutos que sirvan a todos.
Desde que se conoció la posibilidad del “retorno” a las actividades y funciones en la administración pública se desataron muchas especulaciones, afloraron muchas envidias y malas lenguas, es lógico que esto suceda sobre todo cuando existen muchos que se habían alegrado de su tropiezo y de su caída y pensaron que ya estaba liquidado, olvidando que, en política, el político muerto es, solamente, el que está enterrado. Sin duda debe tener Alejandro cualidades que le son necesarias a su tocayo, el gobernador, Alejandro Murat, y se esperarán muchos chismes, líneas y comentarios en pro y en contra, pero al final, en política, lo que cuenta al final de todo son los resultados, así que por lo pronto hay que dejar que se ladre por las calles y por algunos “ofendidos”, lastimados o envidiosos que a lo mejor no saben la razón por la que ladra el de va al frente, pero ellos, ladran, sin saber las razones; la política no es de viscerales acciones sino de convicciones y cualquiera puede decir lo que quiera, pero no podrá negar que, Alejandro Avilés, tiene convicciones y lealtades, tal como se demuestra en su retorno a la actividad política de la entidad… y la convicción de los Murat en que tiene y ejerce esa lealtad y sostiene la amistad.