Hoy que la emergencia en nuestro país por los terremotos del 7 y 19 de este septiembre ha generado nuevamente la propuesta del PRI --ya la hizo dos veces y luego reculó—de eliminar los diputados y senadores de representación proporcional, conocidos también como plurinominales, hay que tomarle la palabra.
México se ahorraría el gasto inútil de 200 diputados y 32 senadores pluris, que representan alrededor de más once mil millones de pesos anuales. Y la eliminación, por supuesto, hay que replicarla en las entidades federativas respecto de los diputados locales asignados a los partidos políticos por el mismo principio.
¡La eliminación para siempre! Y alcanzaría para completar la reconstrucción de las zonas devastadas no solamente por los terremotos que afectaron Oaxaca, Chiapas, Ciudad de México, Morelos, Puebla y Guerrero, sino también las comunidades destruidas por los huracanes, ciclones y tormentas tropicales en entidades localizadas en los litorales del Océano Pacífico, el Golfo de México y el Caribe.
¡Cuántas cosas se podrían hacer con el ahorro de tanto legislador plurinominal! Somos un país sobre representado, y en las entidades federativas también. En contra parte, existen millones de mexicanos en pobreza y pobreza extrema, la cual aumenta con la devastación generada por los fenómenos naturales.
Hay que tomarle la palabra al PRI. Claro, no podría aplicar para las elecciones del 2018 porque la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos prohíbe hacer reformas electorales de fondo para aplicarlas en el proceso electoral en marcha. Sin embargo, nada impide que en este momento las aprueben para su aplicación en las subsiguientes elecciones federales y locales.
Eso sí podrían hacer, asentando además en la Constitución la prohibición de volver a instituir las curules y escaños plurinominales. O en su caso, pueden cambiar el sistema electoral y en vez de elegir legisladores por el principio de mayoría relativa, elijamos solamente plurinominales mediante prelación. Es decir, entrarían como legisladores aquellos que obtengan más votos, nada más.
En fin, PRI, a ver si es acierto. Ve para creer.
Y recordemos lo siguiente:
La génesis de los diputados de partido tiene implícita su “terminación automática” en el sistema electoral mexicano. ¿Entonces por qué se niegan a desaparecer y han aumentado desmedidamente? El poder por el poder distorsionó el espíritu de la reforma, engordó a la Cámara y la convirtió en un “organismo infecundo”.
Verán:
En 1962 el Presidente de México, Adolfo López Mateos, presentó una iniciativa de reformas y adiciones a los artículos 54 y 63 de la Constitución General, en cuya exposición de motivos justificaba:
“Porque nuestro país es la Patria de todos los mexicanos y es necesario que nadie se sienta sin obligación para con él, ni postergado o excluido de la obra común que nos incumbe, todos debemos trabajar, permanentemente, en bien de México.
“Es evidente el hecho de que no han podido encontrar fácil acceso al Congreso de la Unión los diversos partidos políticos o las varias corrientes de opinión (), de ahí que, con frecuencia, se haya criticado al sistema mexicano de la falta de flexibilidad para dar más oportunidades a las minorías políticas, que se duelen de que un solo partido mayoritario obtenga casi la totalidad de los puestos de representación popular.
“…Tanto las mayorías como las minorías tienen derecho a opinar, a discutir y a votar; pero sólo las mayorías tienen derecho a decidir.”
Así, López Mateos propuso la creación de un sui géneris sistema electoral mixto con el nacimiento de los diputados de partido.
Pero no fue una propuesta loca y sin ton ni son. Cuando menos así se desprende de la historia del derecho constitucional mexicano. Precisamente Felipe Tena Ramírez transcribe la iniciativa de López Mateos, cuya reforma inicial fue distorsionada a través del tiempo.
LA INÚTIL PROLIFERACIÓN DE PARTIDOS CHICOS
López Mateos propuso, y así se aprobó, lo siguiente:
Dos condiciones para “que el sistema funcione correctamente”: Primera: Mínimo de votos obtenidos para tener derecho a diputado de partido, establecido en el 2.5% del total nacional. Segunda: Máximo de diputado de partido a obtener.
En cuánto al porcentaje de votos, el entonces Presidente de México justificó:
“Esta condición obedece a la necesidad de impedir que el sistema degenere en una inútil e inconveniente proliferación de pequeños partidos que no representen corrientes de opinión realmente apreciables por el número de quienes las sustenten, ya que se ha señalado como objetivo básico de esta reforma, y es connatural de toda organización parlamentaria, que dentro de la representación popular estén las minorías, siempre y cuando tengan también un mínimo de significación ciudadana. Las corrientes de opinión que no tengan el respaldo de un número suficiente el ciudadanos para hacerlos respetables, no tienen, realmente, por qué estar representadas en el Congreso de la Unión.”
Una sabia justificación, sin duda. Y es evidente que ha degenerado. Incluso, en el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE), mediante algunos consejeros, le arreglaron el camino al PT para que alcanzara el mínimo de votos exigido en la ley después de las elecciones federales del 2015; le permitieron una oportunidad en una elección extraordinaria distrital. ¡Qué patético caso!
MÁS DE 20 Y MENOS DE 20
Retomemos el tema. Respecto a la segunda condición sobre máximo de diputados de partidos, la reforma establecía:
“El número de ‘diputados de partido’ que pueda lograr cada partido político, no excederá de veinte en ningún caso.”
“Si un Partido Político obtiene veinte o más triunfos por el sistema de mayoría, no tendrá derecho a ‘diputados de partido’”.
¡Qué sabiduría! Por eso, López Mateos decía en su exposición de motivos:
“El sistema dejará de operar automáticamente cuando los partidos políticos tengan fuerza suficiente para mantener una representación numerosa por mayoría, y volverá a operar, también automáticamente, como garantía de que las minorías serán escuchadas, cuando un partido mayoritario adquiera una gran preponderancia en el país.”
O sea, el espíritu de la reforma no era precisamente la terminación automática en definitiva y para siempre de los diputados de partido, sino más bien terminaba el derecho del partido a acceder a éstos cuando hubiera alcanzado un mínimo de diputados de mayoría relativa, que también eran de 20 en relación a los 178 que en 1962 conformaban la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión por este principio. Pero el partido adquiría el derecho nuevamente si en la siguiente elección sus triunfos eran menos de 20.
En ese entonces eran cuatro los partidos minoritarios sin posibilidades de obtener mínimos triunfos de mayoría. Y el Presidente de México ideó que cada uno podía obtener hasta 20 diputados solamente de partido o sumados los de mayoría y los de partido, de modo tal que la Cámara de Diputados Federal podría llegar a conformarse hasta con 258: 178 de mayoría y hasta 80 de partido.
La iniciativa, establecía: “Una asamblea legislativa con un número básico de ciento setenta y ocho miembros () es lo suficientemente numerosa para mantener la independencia de criterio de sus miembros y, permitiendo la libre expresión de las diversas opiniones de los partidos representados, conservar la unidad de acción indispensable para no convertirse en un organismo infecundo.”
Y claramente puntualizaba: “Como los partidos minoritarios al obtener veinte diputados por mayoría, dejarían de tener derecho a ‘diputados de partido’ al dejar de operar totalmente el sistema, por virtud de que los cuatro partidos minoritarios tuvieran veinte curules, por mayoría, cada uno, la Cámara volvería a su número de ciento setenta y ocho.”
¿Y qué pasó? Los mismos partidos, vía sus legisladores, modificaron el espíritu de la reforma, y la Cámara de volvió un “organismo infecundo”.
UNA REFORMA GENEROSA
El sistema mixto llevado a la Constitución por el presidente López Mateos, era generoso con los partidos minoritarios según las siguientes normas:
“Los partidos que logren el dos y medio por ciento de la votación nacional total tendrán derecho a que se les reconozcan, por ese solo hecho, cinco ‘diputados de partido’, aun cuando no hayan obtenido triunfos por mayoría en ninguno de los distritos electorales correspondientes.”
“Por cada medio por ciento de la votación nacional, que sobre el dos y medio antes señalado obtenga un partido, tendrán derecho a que se les reconozca un diputado más”.
¿Ven? Así que en esa época, un partido chiquitín alcanzaba 5 diputados tan solo al obtener el porcentaje mínimo de votación, más un diputado por cada medio por ciento obtenido. ¡Qué tal! Y sin necesidad de andar jugando el vergonzante papel de satélites o de Judas Iscariote.
CANDADO A LOS OPORTUNISTAS
La reforma era generosa con los chiquitines, pero también les ponía límites como los señalados párrafos arriba, y como el siguiente:
“Solamente podrán acreditar ‘diputados de partido’ los partidos políticos nacionales que hubieren obtenido (su) registro cuando menos con un año de anterioridad a la fecha de las elecciones relativas; esta disposición trata de evitar la multiplicación de los partidos ocasionales, formados con fines oportunistas para esa elección”.
¡Qué sabiduría en ese candado! Ja. No que ahora pueden obtener su registro hasta antes del inicio del proceso electoral, dejando siempre la duda sobre el cumplimiento cabal de los requisitos. Ocurre lo que López Mateos pretendía evitar: La proliferación de partidos con fines oportunistas… de los líderes, por supuesto, quienes son los beneficiados con las candidaturas.
Ah, pero si la autoridad electoral les niega el registro hacen tremendo escándalo mediático (y los medios les hacemos el caldo gordo) alegando transgresión a los derechos humanos. Uy, y en algunos casos alegan hasta pertenencia indígena y, por tanto, representar a un sector vulnerable, y con éste hay que ser garantista. Y así sorprenden a los consejeros y magistrados electorales (aunque algunos todo consienten en pro de sus afinidades políticas).
En Oaxaca hubo dos sonados casos: Los partidos locales Social Demócrata (PSD) y Renovación Social (PRS), que obtuvieron su registro tras solicitarlo como organizaciones indígenas, y sus principales candidatos nunca fueron indígenas. Los indígenas pasaron a segundo y a último término tras conseguir el registro… bueno, volvieron a contar para conseguir votos.
Ambos partidos locales perdieron su registro en las recientes elecciones del 2016, sin haber alcanzado ni una sola posición por ningún principio. ¿Y qué creen? Apenas volvieron a presentar su manifestación de intención ante el OPLE para constituirse en partidos locales, para competir, por supuesto, en los comicios estatales del 2018. ¡Qué tal!
PRELACIÓN
Retomando el tema: La reforma del presidente López Mateos permitía a los partidos obtener diputados de mayoría y de partido, conforme a la siguiente disposición:
“Si un partido político logra menos de veinte triunfos por el sistema de mayoría, tendrá derecho a completar hasta veinte diputados en razón de los porcentajes de votación que sus candidatos acumulen, si satisface además los otros requisitos.”
Así que los chiquitines para nada estaban desprotegidos. Eso sí, los diputados de partido no eran tomados de una lista ex profeso, sino estos espacios correspondían a los candidatos perdedores con mejor votación, lo cual es lo más justo. La disposición establecía:
“En los casos en que se acrediten ‘diputados de partido’, no sería arbitraria la designación de las personas, ni se seguirá el orden que pretenda su partido, sino que serán declarados electos, en orden de preferencia, los candidatos que, no habiendo alcanzado mayoría, hayan logrado el más alto porcentaje de sufragio en relación a los otros candidatos del mismo partido. Además de ser, evidentemente, una norma equitativa, se evitará así la creación de castas privilegiadas”.
¡Cuánta sabiduría caray! Pero al paso del tiempo degeneró y ahí están “las castas privilegiadas” llenado las curules con personas de una lista donde los primeros lugares los ocupan aquellos y aquellas (con sus honrosas excepciones) que representan diversos intereses, a veces inconfesables. No hacen campaña ni se desgastan, y ahí están rascándose el ombligo y engañando a campesinos e indígenas con cobijas baratas.
Claro, hay diputados y diputadas con el mérito suficiente para haber encabezado las listas. Sin embargo, siempre será mejor el sistema de prelación propuesto por el autor de los diputados de partido en la Constitución mexicana.
Haría falta que el INE haga una distritación para conformar distritos más o menos homogéneos electoralmente.
HAY QUE RETOMAR EL ESPÍRITU DE LA REFORMA
Hoy que México atraviesa por días aciagos, es necesario retomar el espíritu de la reforma de López Mateos, pero en serio. No solamente como falsa bandera en época electoral, lo cual hace el PRI en estos momentos.
El dirigente nacional Enrique Ochoa Reza ha hecho la propuesta. ¡Tómenle la palabra!
Lástima que la oposición a nivel nacional permanezca muda respecto del tema.
Y los chiquitines nada más alegan la permanencia de los llamados diputados pluris por derecho de las minorías. Pero ya lo dijo bien claro López Mateos, para tener derecho es necesario ser minoría respetable, lo cual se gana cumpliendo condiciones mínimas.
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