¿Por qué en los siglos XIX y XX, a pesar de la eterna pobreza y marginación de Oaxaca, ésta prohijaba genios y hoy solo genera estúpidos corruptos y apátridas, enanos mentales y espirituales, enemigos de su tierra y de sus hermanos de clase?
Los vivales y vividores de toda calaña proliferan actualmente como hongos en época de lluvias dentro y fuera del gobierno, sobre todo, en las 685 organizaciones sociales y sindicatos radicales, manipuladas por los partidos y grupos políticos locales y nacionales.
A quienes todavía lo duden, después de casi medio siglo de anarquía y saqueo desde la década de los 70 y 80, ahí está presente el Cartel de la Sección XXII de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), siempre jodiendo a los jodidos.
Sin ser simplista ni menos simplona, la respuesta es simple. No obstante, no ser mayoritariamente letrados nuestros viejos abuelos tenían hambre de eternidad, ansiaban trascender y meter el pie a la historia, a través de sus dichos y obras. Eran sabios por humildes.
Nuestros viejos abuelos, dignos herederos de nuestros antepasados zapotecos, mixtecos y españoles, sabían que al morir empezaban a vivir eternamente. Sabían que el alma en tanto cuanto energía universal no perece solo se transforma y al igual que Dios nunca muere.
A diferencia de la mayoría de los oaxaqueños de la actual generación nuestros viejos abuelos tenían un claro proyecto de vida, a partir de una identidad plenamente definida. Sabían quiénes eran y que provenían de ancestros con un pasado glorioso.
Más trascendental era saber qué querían ser y tener con un gran sentido común. A dónde pretendían llegar en la vida y cómo conseguirlo con base en el trabajo y el ahorro. Su prioridad era heredar a sus hijos un nombre del que sintieran orgullosos.
Caso concreto de ello es el genial músico oaxaqueño, multifacético, Macedonio Alcalá Prieto, violinista, pianista y compositor mexicano recordado hoy en día especialmente por su composición del vals eterno “Dios nunca muere”.
Nació en la Ciudad de Oaxaca el 12 de septiembre de 1831 y murió a los 37 años el 24 de agosto de 1869, en la propia capital oaxaqueña. El vals “Dios nunca muere” es el himno de Oaxaca. Obliga a los oaxaqueños bien nacidos ponerse de pie al escucharle.
Muere el sol en los montes. Con la luz que agoniza. Pues la vida en su prisa. Nos conduce a morir. Pero no importa saber. Que voy a tener el mismo final. Porque me queda el consuelo. Que Dios nunca morirá. Voy a dejar las cosas que amé. La tierra ideal que me vio nacer. Sé que después habré de gozar. La dicha y la paz. Que en Dios hallaré. Sé que la vida empieza. En donde se piensa. Que la realizada termina. Sé que Dios nunca muere. Y que se conmueve. Del que busca su beatitud. Sé que una nueva luz. Habrá de alcanzar nuestra soledad. Y que todo aquel que llega a morir. Empieza a vivir una eternidad.
Con imaginación y creatividad, pero fundamentalmente con amor a Oaxaca, el Ayuntamiento capitalino que preside José Antonio Hernández Fraguas lanzó la campaña “Oaxaca: donde Dios nunca muere”, para promover el sincretismo de las Fiestas de los Muertos.
Oaxaca de Juárez, Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, es hoy el escenario de la campaña de promoción turística, “Oaxaca: Donde Dios nunca muere”, misma que busca que el turismo nacional e internacional voltee la mirada a este destino que ofrece tradición, color, sabor y sobre todo, la calidez de su gente.
Se trata de un importante esfuerzo de promoción turística que contó con la colaboración, en conjunto, del gobierno municipal y la sociedad civil, quienes prestaron sus servicios, espacios, vestuarios y accesorios de manera altruista, con la intención de contribuir a la difusión de esta ciudad y compartir con el mundo su riqueza cultural y patrimonial.
Llama poderosamente la atención, la ausencia de la participación en la campaña “Oaxaca: Donde Dios nunca muere” de las Secretarías de Turismo, y de las Culturas y Artes del Gobierno del Estado. Sus titulares Juan Carlos Rivera Castellanos y Ana Isabel Vásquez Colmenares Guzmán están obligados a cerrar filas con el Gobierno Municipal de la capital oaxaqueña.
Asimismo, Claudia Martín, actriz oaxaqueña e imagen de la campaña, se mostró encantada de participar en este proyecto de difusión para la ciudad que la vio nacer.
En los últimos meses, el país y en especial Oaxaca, se enfrentaron a fenómenos de la naturaleza que causaron severos daños en la composición social, situación que impactó directamente en la economía.
Por ello, se hace el lanzamiento de esta campaña, pues Oaxaca hoy necesita de todos y es importante que se sepa que la infraestructura turística y de servicios está en óptimas condiciones para recibir a sus visitantes, que Oaxaca está de pie, que ¡Oaxaca está más viva que nunca!
El evento tuvo como punto de encuentro “La Calera”, antigua fábrica de cal que ahora funge como espacio cultural, remodelado como pieza de arte contemporáneo, en donde se dieron cita el Presidente Municipal de Oaxaca de Juárez, José Antonio Hernández Fraguas, como anfitrión, acompañado de personalidades del ámbito gubernamental, turístico, económico y cultural del estado.
“Oaxaca; donde Dios nunca muere” es una ventana al mundo por la que nacionales y extranjeros podrán tener un atisbo, una pequeña muestra de las maravillas que ofrece esta ciudad, patrimonio cultural de la humanidad, y puerta de entrada a todos los destinos que ofrece este gran estado”, señaló Hernández Fraguas.
Visitar Oaxaca de Juárez será una inversión para sus visitantes, pues además de contribuir con la economía del estado, regresarán a casa llenos de sabores, recuerdos e historias mágicas e inigualables por compartir.
La ficha biográfica de Macedonio Alcalá informa que el majestuoso teatro y una calle de la Ciudad de Oaxaca, llevan su nombre en su honor. Precisa que desde temprana edad mostró interés hacia la música y comenzó a asistir a la escuela fundada por el profesor José Domingo Martínez.
Su talento musical pronto fue evidente, y enseguida aprendió a tocar el piano, chelo, viola, flauta y oficleido. Fue un músico consumado con todos estos instrumentos, pero su principal instrumento fue el violín. Como violinista, fue ampliamente solicitado no sólo en templos, sino también en bailes populares y reuniones sociales.
Su persistencia y dedicación fueron recompensadas con una beca provista por el Estado de Oaxaca, permitiéndole continuar sus estudios en la Ciudad de México. Cuando concluyó sus estudios regresó a Oaxaca, donde se convirtió en miembro de la Orquesta Filarmónica de Santa Cecilia, una orquesta especializada en la interpretación del trabajo de compositores locales. Poco tiempo después se convirtió en director de la Banda de Música de Oaxaca.
Algunos años después se mudó a Yanhuitlán. El 30 de julio de 1854, a la edad de 23 años, Alcalá contrajo nupcias con Petronila Palacios de 21 años, originaria del mismo lugar. Ellos tuvieron tres hijos, dos varones y una mujer.
Aunque él era reconocido como un músico consumado, no era capaz de ganar suficiente dinero en su profesión para mantener a su familia. Esto lo llevó a la depresión y al alcoholismo. Intentó regresar a Oaxaca, pero contrajo una enfermedad.
Sus hermanos se negaron a ayudarlo, pero los miembros de la Orquesta Filarmónica de Santa Cecilia acudieron en su auxilio, proveyéndole un médico, medicinas y otros tipos de ayuda.
Durante su convalecencia, una delegación de indígenas del poblado de Tlacolula de Matamoros, llegaron para solicitarle que compusiera un vals en honor a la Virgen María, patrona de la población.
Aunque seguía lejos de estar bien, Alcalá trabajó arduamente en el vals, "Dios nunca muere". Este fue un gran éxito desde la primera vez que fue interpretado en público y la gente de la población quedó muy complacida.
Hacia el año 1867 se convirtió en profesor de música en la Hacienda de la Concepción. Después de su muerte en la miseria, su hermano Bernabé publicó el vals "Dios nunca muere" bajo su nombre, pero los nativos de Tlacolula protestaron y demostraron que el trabajo era obra de Macedonio.

alfredo_daguilar@hotmail.com
director@revista-mujeres.com
@efektoaguila