No es ninguna novedad que el Daesh, desde su aparición a mediados de 2014, ha tenido como meta arrebatarle a nivel mundial la lealtad de los grupos terroristas de origen islámicos, que hasta entonces representaban, en cada uno de sus países, a la organización fundada por Osama bin Laden, al-Qaeda.
Desde el nigeriano Boko Haram, hasta el recién derrotado, Abu-Sayyaf, en Filipina, pasado por diferentes organizaciones del Magreb y el Sahel, como el grupo argelino Jund al-Khilafah (Soldados del califato), la khatiba (brigada) tunecina Falamage Okba bin Nafa, los egipcios de Ansar Bait al-Maqdis, (Seguidores de la casa de al-Quds (o Jerusalén)) que tras realizar su bayat o juramento de fidelidad a Abu Bakr al-Bagdadí, líder y fundador del Daesh, trocó su nombre a Wilāyat Sinai (Provincia del Sinaí), como otras organizaciones del Cáucaso, reagrupadas en los que se conoce como el Emirato del Cáucaso.
Donde todavía al-Qaeda mantiene cierto predominio frente a los califados de al-Bagdadí, es en la región del Sahel, con epicentro en el norte de Mali, donde un conglomerado de organización wahabitas, con un extenso prontuario de atentados como al-Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), Emirato del Sáhara de Yahya, al-Murabitun (Los que firman con sangre), Khatiba Macina (Brigada de Liberación de Macina), o la burkinesa Ansarul Islam (Defensores del Islam) se agruparon bajo el nombre de Jamaât Nasr al islam wa al-mouminin (Grupo para la Defensa del Islam y los musulmanes). Aunque ya tiene presencia el grupo Daesh en el Gran Sáhara. Algunos de estos grupos son quienes emboscaron en octubre último, a la patrulla conjunta de tropas norteamericana y nigerinas, matando a una docena de militares, en la región suroccidental de Tillabery, Níger.
En Afganistán, el enfrentamiento se da entre el Daesh, que toma el nombre de Wilāyat Khorasán, contra el Talibán, del que en este único caso al-Qaeda es tributario.
Donde hasta ahora se sostenía el predominio absoluto de al- Qaeda, era en Somalia donde el grupo Harakat al-Shabaab al-Muyahidin (Movimiento de Jóvenes Muyahidines) o al-Shabaab a secas, más allá de un pequeño desprendimiento de no más de treinta hombres, alentados por el sheikh Abdulqadir Mumi uno de los guías espirituales y promotor de la organización somalí, en octubre de 2015, con presencia en las montañas de Galgala, en la región semiautónoma de Puntland, al noreste del país. Aquella deserción provocó serias discusiones en la cúpula de la organización, ya que era uno de los momentos de esplendor del Daesh, en que no solo conquistaban importantes ciudades, pueblos y sectores rurales en Siria e Irak, sino que las repercusiones mediáticas alentadas desde los videos hollywoodenses de sus atentados y ejecuciones masivas los habían catapultado a la fama internacional. Por entonces miles de jóvenes tan confundidos como voluntariosos, estaban decididos a inmolarse en nombre de un falso Allah, concebido solo por la afiebrada interpretación que hacía del Corán en wahabismo, no casualmente la versión oficial de los grandes financiadores de estos grupos como Arabia Saudita y Qatar.
Las mayorías de los líderes de al-Shabab, no solo optaron por seguir siendo fieles a al-Zawahiri, prohibir cualquier discusión interna al respecto, sino que se produjeron detenciones y ejecución de algunos de los muyahidines que intentaron pasarse al Daesh, incluyendo algunos comandantes y combatientes extranjeros, sino que prohibieron cualquier discusión relacionada, y anunciaron que los desertores serían considerados enemigos.
En enero de 2016 Daesh, volvió a instigar a la militancia de al-Shabaab , a ingresar a sus filas, con un video aparentemente grabado en Libia, donde ya había capturado la ciudad de Derma, próxima a Egipto y la ciudad natal del coronel Gadaffi, Sirte, a la que declaró capital de su califato africano.
Para entonces, el presidente del país Hassan Sheikh Mohamud, anunció que esa puja interna de la organización wahabita derivaría en su desaparición. Declarando que las deserciones eran “síntoma de que el grupo perdió el rumbo” tras lo que llamó a los combatientes desencantados a acogerse a una amnistía dada por su gobierno.
La multiplicidad de atentados contra objetivos civiles y ataques a blancos militares, que al-Shabaab, realizó desde entonces, han dejado bien en claro que los dichos del ex presidente, no eran del todo acertados y si alguna duda les cabía a la clase política, incluido el actual presidente Mohamed “Farmajo” Abdullahi, tienen de muestra el atentado del 14 de octubre pasado, en una de las calles más importantes de Mogadiscio, la K5, en que murieron 512 personas y otras 230 resultaron heridas, concretándose el ataque más demoledor desde la guerra civil de 1991.
¿Estás viviendo entre los kuffar?
Tras la “hégira” emprendida por los seguidores de al-Bagdadí, derrotados en Siria e Irak, hoy el Daesh, tiene demasiados combatientes sin frentes de guerra, por lo que necesita reformular su presencia en cualquier conflicto que involucre al mundo del Islam. Por ello, como ya lo hemos visto en Afganistán, libra un doble combate por un lado contra la alianza del ejército afgano con los Estados Unidos y por otro enfrentado al Talibán, en puja por los sembradíos de adormidera (opio); según fuentes rusas, serían cerca de 10 mil los hombres del Daesh, establecidos en el país del Mullah Omar. También existió la presencia de combatientes del Daesh, en Filipinas, a lo largo de los 150 días que duró la batalla de Marawi, en la que se detectaron veteranos llegados de las guerras de Medio Oriente.
Quizás muy pronto deberemos estar hablando de la presencia de hombres del Califa Ibrahim, también en Birmania, donde enmascarados tras la causa Rohingyas, ya estaría operando dentro del Ejército de Salvación Rohingya de Arakán (ARSA).
En el Sahel, también en Egipto y Libia han llegado nuevos combatientes para intentar abrir nuevos frentes y fortalecer los existentes. En Egipto ya han establecido una cabecera de playa, más allá del Sinaí, al oeste del país, en cercanías con la frontera Libia, con el nombre Harakat Sawa’d Misr (Brazo del Movimiento de Egipto) también conocido como Movimiento Hasm, (decisión).
Aunque parece que la gran batalla se librara en Somalia, un país devastado por décadas de guerras civiles, sequias y hambrunas, con un gobierno débil que controla apenas unos pocos cientos de metros en torno de la sede presidencial, y sin una política clara de los Estados Unidos, que se retiró en 1994, y que desde la llegada de Trump, al gobierno amenaza con enviar tropas, aunque a casi un año no lo ha hecho aplicando políticas erráticas e irresolutas, que no han pasado de algún esporádico ataque con drones.
En diciembre pasado Daesh, difundió, su primer video en Somalia, en el que se llamaba literalmente a dar caza a los no creyentes, durante las fiestas católicas, aprovechando su “estado de embriagues” y a atacar sus iglesias y mercados en Europa. En el video se podía ver diferentes imágenes festivas de ciudades europeas, fuegos artificiales y a un sacerdote cristiano dando misa, entre otros tópicos navideños. Además podían apreciarse tomas satelitales de pelotas de fuego alcanzando Londres, Lyon, Bruselas, Madrid y Roma y ambulancias transitando a alta velocidad por diferentes ciudades, y un choque de trenes, lo que según algunos expertos, Daesh, estaría intentando un descarrilamiento. El video terminaba con una leyenda que decía: “¿Estás viviendo entre los kuffar (no creyentes)?” alentado a atentar por su cuenta a cualquier “buen” musulmán.
Según algunos informes los recién llegados de Siria e Irak, se estarían agrupando en el norte del país, protegidos por el poderoso clan Majerteen, mientras que el sur sigue cada vez más fuerte al-Shabaab. Al tiempo que circulan videos en que se instaba a los combatientes somalíes a abandonar al-Shabaab y enrolarse en el Daesh.
En noviembre Naciones Unidas había advertido de la creciente presencia de combatientes del Daesh en Somalia, habiendo llegado a registrar unos 250 hombres, en su mayoría extranjeros o desertores de al-Shabaab.
De concretarse la presencia de los hombres del califa en el país del Cuerno de África, el pueblo somalí se aproxima a un nuevo y espeluznante baño de sangre, donde se sabrá al fin quien mata mejor, si el Daesh o al-Shabaab.
*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.