José Antonio Meade Kuribreña tiene la apremiante necesidad de que los tres partidos integrantes de la coalición “Todos por México” postulen perfiles ganadores o por lo menos competitivos a las senadurías y diputaciones federales para ayudarle con votos en su elección a la Presidencia de la República.

Presenta la misma necesidad en las entidades federativas con elecciones concurrentes de gobernador, diputados locales y concejales a los ayuntamientos; según el caso. Pésimas candidaturas darán resultados desastrosos con el riesgo de afectar a Meade.

Así que el PRI, el PVEM y el Panal deberían ofrecer al electorado las mejores candidaturas tanto federales como locales para generarle votos a Meade, pero además para asegurar su registro como partidos políticos nacionales y el derecho al financiamiento estatal en las entidades federativas.

No obstante la necesidad electoral, el PRI sobre todo lo entiende al revés. En su proceso interno de selección de precandidatos y precandidatas refleja desinterés, como si estuviera preparando el terreno para la derrota total; perfila candidaturas perdedoras.

El hubiera no existe, pero la respectiva Comisión de Procesos Internos mejor hubiera declarado desiertas las precandidaturas. Quizá aun esté a tiempo en algunas entidades, tratándose de cargos locales, porque para los cargos federales seguramente es demasiado tarde: Ya deben estar listos los dictámenes de procedencia o improcedencia.

En fin, a ver qué pasa.

MARIANA BENÍTEZ

La diputada federal Mariana Benítez Tiburcio no se registraría como aspirante a precandidata del PRI a Senadora de la República en su natal Oaxaca. Las señales eran claras en ese sentido. Incluso, el fin de semana pasada se encontraba de gira en otra entidad atendiendo su tarea como parte del equipo de la vocería de Meade.

Sin embargo, recibió una llamada telefónica mediante la cual le daban luz verde para proceder a solicitar su registro. Viajó vía aérea desde donde estaba hasta la capital oaxaqueña, y faltando diez minutos para cerrarse el periodo de registro llegó ante el órgano auxiliar de la Comisión Nacional de Procesos Internos para entregar su documentación.

Llegó arropada de amigos, diputados y diputadas locales y federales, y líderes regionales. Un numeroso contingente reunido en cuestión de horas porque el domingo por la mañana le habrían dado la luz verde. Incluso, uno de los integrantes del órgano auxiliar preguntó vía teléfono celular: “Si una solicitud de registro podía realizarse en la Ciudad de México”; algo así como supletoriamente.

Quien sabe si se trataba de caso de Mariana Benítez, pero ella llegó a su natal Oaxaca para cumplir con la formalidad del procedimiento. Ningún otro cuadro priista tuvo tanta cubertura de prensa como ella en el momento del registro. Evidentemente, su nivel de cuadro nacional atrajo los reflectores, pero además su trabajo político y de gestión social en la entidad.

Durante los dos días de registro, hubo expectación: ¿Asistiría o no? Cuando después de las 13:30 horas del domingo, llegó la también diputada federal Yarith Tannos todo mundo intuyó que sería la única en solicitar su inscripción como aspirante al Senado tal y como había trascendido días antes.

Yarith llegó a pesar del berrinche hecho un día antes al enterarse de que el registro sería para encabezar la segunda fórmula, pues la primera corresponde al PVEM según el convenio de coalición, aunque en los hechos sea lugar reservado para varones priistas.

Incluso, en redes sociales le dijo a su gente: “Ijoles equipo (sic). Pues informo que me acaban de dar la indicación de irme a registrar para candidata al Senado. Si no son enchiladas, la neta”.

Dieron casi las 15:00 horas del domingo, y ni señales de algún otro registro más para la precandidatura al Senado. Minutos después corría como reguera de pólvora que Mariana Benítez llegaría a presentar su documentación. Así que la sede estatal priista, donde funcionó el órgano auxiliar de la Comisión Nacional de Procesos Internos, se abarrotó; momentos antes había quedado vacía.

Y como dice la canción: “Y todo para qué”.

Al siguiente día, a Mariana Benítez le dijeron que siempre no. Así se lee entre líneas el segundo párrafo de su comunicado: “Comentó en entrevista que las condiciones que la llevaron a tomar la decisión de inscribirse el pasado domingo cambiaron y en consecuencia tomó la decisión personal de solicitar de inmediato el desistimiento.”

¿Primero le dicen que sí y luego que no? Qué mala señal. Porque entonces la cúpula nacional priistas es rebasada en su facultad sobre la selección de las candidaturas a los cargos de elección popular federales. Claro, las cúpulas locales opinan y son válidas sus opiniones.

Pero en el caso de Oaxaca, algo anda mal. Huele a una decisión tomada quien sabe dónde.

Yarith Tannos ha tenido la suerte de gozar de padrinazgos ajenos a la entidad. ¿Ahora también? Y no es que sea mala persona, ni un pésimo cuadro priistas; es una joven entusiasta.

Sin embargo, carece de presencia política y social por sí misma. Y en consecuencia su capital político-electoral es espejismo. Hasta en el propio priismo oaxaqueño (sin contar a su equipo) saben de la falta de trabajo real de Yarith Tannos.

Incluso, sus compañeros de Legislatura y funcionarios federales y locales se quejan de la mala costumbre de montarse en sus eventos como si ella hubiera sido la gestora de la obra o de la acción de gobierno, o la autora de las leyes.

Yarith Tannos, nada que ver con la presencia política y el trabajo de gestión social de Mariana Benítez, del respeto ganado a pulso y del respaldo con que cuenta.

La próxima elección se mira difícil para el PRI en todo el país, pero sobre todo en entidades como Oaxaca donde es fuertísima la presencia Andrés Manuel López Obrador. Y perfiles y trabajo como el de Mariana Benítez ayudarían al PRI y a Meade.

Claro, tampoco puede hacer milagros, porque también se requiere de estructura y ésta es responsabilidad del Comité Directivo Estatal encabezado en los hechos por Germán Espinoza Santíbañez.

Pero con pésimas candidaturas y sin estructura (si no la tuviera) el PRI va a una derrota segura. Puede perder todo en Oaxaca, aún cuando a la cúpula priista le importen más los cargos locales.

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