Con el mes de junio inicia la recta final de las primeras elecciones concurrentes en nuestro país: Federales y locales en 31 entidades federativas; circunstancia que se suma a la natural complejidad de una elección presidencial.

Los comicios para Presidente de la República siempre implican alta competencia electoral, máxime cuando la oposición ha dejado de ser débil y juega en condiciones más equitativas, en un país donde la izquierda se ha quedado en el intento de ganar en tres ocasiones.

Hoy la izquierda de Andrés Manuel López Obrador se alista para la victoria. ¿Y si no? ¿Y si los resultados son adversos empezando con la tendencia del forzado conteo rápido?

Quizá parezca un escenario descabellado para quienes ven la victoria en las encuestas electorales, que en su mayoría han dado como puntero al candidato presidencial de la coalición “Juntos por la Historia”, conformada por los partidos Morena, del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES).

Sin embargo, la pregunta deriva del contexto planteado en la reunión entre líderes de empresas encuestadoras; ahí, expertos consideraron que las encuestas sirven para todo, menos para pronosticar los resultados de una elección.

Según un comunicado del Instituto Nacional Electoral (INE) –organizador del encuentro—en la mesa I, denominada “Las encuestas electorales ¿Informan o desinforman?”, el director general de Consulta Mitofsky, Roy Campos, manifestó lo siguiente:

“(Las encuestas) sirven para contar una crónica, sirven para apostar, sirven para invertir, sirven para entender a México, para diseñar una estrategia; para todo, menos para pronosticar…”

Entonces, está claro que los resultados de las elecciones de julio próximo no precisamente deben o tienen que ser idénticos a los resultados de las encuestas. ¿De qué encuestas? Sí, cuál de todos. A veces pareciera haber “encuestitis” entre los competidores.

En esa hipótesis, habrá que prever escenarios en torno a preguntas como las siguientes:

¿Qué va a pasar en México si los resultados de la elección presidencial no son a favor de Andrés Manuel López Obrador, a quien las encuestas siempre le han dado ventaja?

¿O si le fueran favorables, pero por margen muy cerrado, el cual representa un riesgo en los cómputos de la elección? Hablamos de una eventual tendencia del conteo rápido o del PREP en relación a los cómputos definitivos. Las diferencias apretadas también sirven para la procedencia de nulidades en las causas legales previstas.

Y si no gana AMLO, ¿quién? ¿El candidato de la coalición “Todos por México” (PRI-PVEM-Panal) José Antonio Meade Kuribreña? ¿O el abanderado de la alianza “Por México al Frente” (PAN-PRD-MC), Ricardo Anaya Cortés? ¿El independiente Jaime Rodríguez?

Las posibilidades de “El Bronco” son mínimas, pero estamos hablando –cabe recordar— de escenarios distintos a los resultados de las encuestas electorales.

Ahora, ¿y sí en realidad gana AMLO? ¿La paz, la estabilidad económica y el desarrollo del país llegarán como por arte de magia? ¿Sobre todo la paz la noche del primero de julio, el día dos y los meses subsiguientes?

Estamos a escasamente un mes de la celebración de las elecciones y no sabemos qué pasará el primero de julio, pues los resultados electorales no siempre coinciden con los resultados de las encuestas.

Además, los comicios tampoco se ganan con impactos mediáticos en base a encuestas; se ganan con estructura y organización electoral, con lealtad y unidad de la militancia, con la capacidad de movilización de cada partido político, con acuerdos políticos, y con empatía entre los electores y los abanderados.

Todo y nada puede pasar de aquí al día de la jornada electoral, considerando también que en política nada está escrito. Es probable, incluso, que el voto indeciso le sea desfavorable al puntero de las encuestas y haga la diferencia, y que gane Anaya o Meade; o por los menos que queden en cerrado margen.

Pero igualmente cabe la posibilidad de que el voto indeciso sea para AMLO, y en vez de ganar con el 50% o con el 60%, gane con el 70% u 80% de la votación emitida.

Todos los escenarios pueden caber, tanto para la elección presidencial como para los demás cargos que se juegan en el país (federales y locales). Eso sí, el escenario que no debe caber es el de la violencia.

Los candidatos presidenciables (sobre todo AMLO) en vez de anticipar “al tigre suelto”, sería mejor afinar su estructura electoral.



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