Con motivo del 90 aniversario de la Policía Federal, el 13 de julio, publicamos la Carta enviada por Luz, un elemento de esa corporación, para que conozcamos esta digna profesión y la preparación con la que cuentan, y el gran papel de las mujeres y los valiosos hombres que la conforman. “No somos solo armas y patrullas...”, precisa.
“¿Por qué soy policía? ¡Es una pregunta difícil de contestar, pero intentaré describir esos sentimientos!
“Iniciaré con decirte quién soy y por qué:
“Yo soy Luz, una mujer oaxaqueña, nacida en la Región del Istmo de Tehuantepec, en la cuna del totopo, “Juchitán”, orgullosamente indígena zapoteca, aprendí en casa, por mi madre, mientras crecía y estudiaba, a amar mi prójimo, a sentirme orgullosa de la grandeza de mi Estado y de mi País, a creer que todo es posible, si tú trabajas por ello; a unir esfuerzos con mis hermanos, que son también mis más grandes amigos, para ayudar a mi madre con la difícil carga de ser líder de familia.
“Porque tengo un plus de ejemplo, una mujer con alma de hierro que nos dio la vida, que jamás se ha dado por vencida, ha trabajado por el beneficio social, que con honestidad, poco presupuesto y mucha fe, nos repitió incansablemente “mucha gente quiere vivir en un mundo mejor, pero muy pocas personas están dispuestas a trabajar para lograrlo”… y nos pidió: “Ustedes no se queden mirando, actúen y dejen un legado de buenas acciones”, obviamente, con otras palabras y una que otra grosería, muy a su estilo duro pero amoroso.
“Qué pregunta tan difícil decir por qué soy Policía. Es como describir el amor, cada uno lo vive diferente, sabes que es hermoso, pero debes conocerlo para hablar de ello… Aquí el sentimiento, también es conocido pero inexplicable, porque tendrías que mirarte en los ojos de un niño que le permites subir y conocer la patrulla, con gran curiosidad y quitándose el miedo, rompe sus estereotipos y va aprendiendo que los Policías estamos para ayudarle; porque debes sentir el abrazo de una persona que llegó asustada a nuestras instalaciones, por una situación de extorsión y cuando se sintió a salvo te estrujó fuerte entre sus brazos, sabiendo que no está solo; porque de haber visto el rostro de una persona que sufrió un accidente carretero, cuando llega la ayuda; entonces entenderías, por qué soy policía. Porque tengo vocación de servicio, porque se trata más que de una profesión o un trabajo, un gran compromiso y dedicación.
“Soy mujer, hija, hermana, esposa, madre, que encontró un sentido maravilloso de vivir atraves de ser un elemento activo de la Policía Federal, porque aunque la gente algunas veces agradecerá, y otras no; debemos entender que el agradecimiento no es lo importante, sino la satisfacción del deber cumplido, entendemos que no conocen todo lo que las personas que integramos esta noble institución hacemos por ellos con cada operativo, patrullaje, platicas, exhibición, etc., pero nuestras almas siempre se sienten recompensadas, al saber que cada acción salvó una vida o que ayudó de forma directa o indirectamente.
“Soy quien ha soñado con un mundo sin violencia y trabajo con pasión diariamente por ayudar a las personas.
“Porque portar este uniforme es representar a todos, ser portavoz de un objetivo de paz y justicia.
“Porque los Policías Federales estamos hechos de un gran corazón, de valentía, honor, valores, principios, paciencia y fe, motivados por un objetivo común.
“Pero la verdadera pregunta debería ser: ¿Qué se siente ser Policía? ¿Por qué ese trabajo, profesión y vocación le da propósito a tu existencia? ¡Porque es un orgullo, una forma de amar al mundo!
“Además, qué más satisfacción que ver en la mirada de mi madre: la felicidad, que sus desvelos y esfuerzos hicieron un hijo e hijas de bien, que sirven a su país. Ahora soy parte de una familia más grande, que se compone de 7 divisiones que no cambian que somos un solo corazón, una misma estrella, muchas historias, diferentes actividades, mucha coordinación, con una misión y visión compartida, y el objetivo de “proteger y servir”.
“Quienes hemos tenido la oportunidad de apoyar a algunos ciudadanos, desesperados o en situación de emergencia, nos une con ellos el sentimiento como ser humano, el corazón y las plegarias ante los desastres y, sobre todo, nuestro compromiso como servidora pública, Policía y mujer.
“Me queda claro que las mujeres y hombres que conformamos la Policía Federal, somos resultado de una gran historia, un legado de sacrificio y amor a nuestro país, una herencia de orgullo y pasión por dar lo mejor de sí cada día, de verdaderos héroes, caballeros del camino, y mujeres valientes, que trabajamos para la comunidad, con la meta de brindar seguridad y prevenir el delito, nos hemos reestructurado y hemos ido transformándonos, es decir evolucionamos, capacitándonos, profesionalizándonos, creciendo personal y espiritualmente y, sobre todo, generando acciones que impactan de manera positiva.
“Al igual que mis compañeros, he dejado de vivir algunos momentos con mi familia, faltamos en fechas importantes, nos ausentamos de nuestros hogares, mientras nuestros hijos crecen o nuestros padres envejecen, mientras trabajamos lejos, cumpliendo con el deber, y precisamente en esos lugares abundan las carteras o teléfonos celulares llenos de fotos de caritas de pequeños sonrientes que nos mostramos unos a otros, mientras se les extraña, volamos por el teléfono cuando hay oportunidad de enlazarnos unos minutos, es duro saber que dijo su primera palabra y no estuviste ahí para escucharla; y con el tiempo esperamos que entiendan que nuestra mejor motivación son precisamente ellos, nuestros hijos, nuestras familias, poder brindarles un sustento, el mejor de los ejemplos y un México seguro.
“Somos de carne y hueso, pese a que se crea lo contrario, aquí también se llora, despidiendo a grandes amigos con quienes inicie mi vida policial o conocí en este camino y de quienes siempre guardaré grandes recuerdos, porque aquí somos compañeras y nos convertimos en amigas, comadres, madrinas, pues adquirimos ahijados y hasta sobrinos postizos, porque el tiempo hace lazos que jamás se perderán.
“Somos parte de un entrenamiento que fortalece el espíritu, para sostener a otro ser humano cuando más lo necesite.
“Y el día que Dios me solicite en su presencia, le agradeceré haberme dado la oportunidad de ser Policía Federal, la dicha de haberme convertido en madre de una hermosa niña y la bendición de tener un esposo y amigo, que apoya mi profesión, y cuida a nuestra pequeña cuando me encuentro lejos de casa, una madre que formo hijos honestos y sabe esperar paciente, rezando a dios regresemos siempre con bien.
“Pues la coordinación no solo es cuestión de trabajo, depositamos la confianza, pedimos paciencia y amor de quien decide compartir la vida con nosotros; pues la clave para construir una familia con alguien que brinda sus servicios en esta gran institución es más que cuestión de amor y tiempo de calidad, no cantidad; reconozco el gran trabajo de mi esposo, de las esposas de mis compañeros y esposos de mis compañeras, que se encargan regularmente solos del hogar e hijos y hacen un excelente trabajo, mientras las necesidades del servicio nos requieren.
“Nuestras motivaciones varían, pero el orgullo que se siente es único, la responsabilidad que implica es mucha, sin embargo, la vida nos formó para ser y servir como policías.
No sé si el Policía nace o se hace con las vivencias de la vida, lo que sí puedo asegurar es que nos fluye en la sangre, que está escrito en nuestro destino, que más que un trabajo es una forma de vida: proteger y servir; que ninguno cambiaríamos.
“Definitivamente, entiendo que no podré cambiar al mundo, pero sí puedo hacer la diferencia cada día en el lugar donde me encuentro.
“Porque quienes portamos este uniforme; no llevamos solo una estrella de la Policía Federal en el corazón, es un corazón en cada estrella de la Policía Federal, al servicio de la ciudadanía.

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