El cambio siempre trae cosas buenas. Pero también una enorme carga de incertidumbre, sobre todo cuando la transformación es tan radical como la mandatada en las urnas electorales en julio pasado.

Ha sucedido lo que quizá nunca imaginamos ocurriría como resultado de unas elecciones: Quitar de jalón y de forma pacífica no solo al partido apoderado del Ejecutivo Federal, sino a las fuerzas agazapadas en los poderes y ayuntamientos en las entidades donde hubo comicios.

Vaya, el país estaba pintado de rojo, azul y amarillo, prevaleciendo el rojo, y de pronto, en cuestión de horas, México amaneció pintado de tinto Morena, sin una sola bala de por medio, ni una gota de sangre. Una revolución blanca, podría decirse.

(Aunque la precampaña y la campaña fueron empañadas con la muerte de diversas personas que aspiraban a la obtención de un cargo de elección popular; hubo también víctimas colaterales totalmente inocentes.)

Hasta ahora se ha hablado del cambio, pero empezará a sentirse cuando se produzca la transición de Poderes: En septiembre para la renovación del Congreso de a Unión; en diciembre para el Ejecutivo Federal; en enero en los ayuntamientos, y en las correspondientes fechas para otros cargos locales.

Pronto, muy pronto.

Mientras llega el momento se hacen los preparativos y empiezan los nombramientos de facto, a formalizarse tras la transición. Por ejemplo, los cargos de Coordinadores Estatales y Delegados Regionales del Gobierno Federal.

El Presidente Electo, Andrés Manuel López Obrador, ya nombró a los primeros y éstos, han empezado a socializar la designación de los segundos.

Y ¡oh sorpresa! Dejan lugar a dudas sobre su capacidad, talento, profesionalismo, experiencia y honestidad. Incluso, algunos dejan lugar a dudas sobre su lealtad a AMLO, no por sus orígenes priistas, sino más bien por sus vínculos con poderosos del PRI.

Por ejemplo, en Oaxaca la virtual Coordinadora Estatal, Nancy Ortiz, dio a conocer a los 15 Delegados Regionales, entre los cuales se encuentran “luchadores sociales”, personas que en algún momento estuvieron vinculadas a la guerrilla, o con relaciones priistas o que formaron parte del gobierno de Gabino Cué Monteagudo.

(Un gobierno que dejó en “colapso económico” –y social— a la entidad, no solo a decir de la actual administración estatal, sino también a sentir por los oaxaqueños).

Según Nancy Ortiz, actual presidenta estatal de Morena, esos Delegados Regionales “serán los ojos” del Presidente de la República y los encargados de “vigilar” la correcta aplicación de los programas sociales y recursos en las comunidades y municipios de las ocho regiones del estado.

¿En serio?

La duda cabe porque en Oaxaca existe la “tradición” de la “lucha social”, que en algún momento de la historia se distorsionó encabezándola organizaciones, grupos y líderes que hoy forman parte de Morena. Incluso, algunos de ellos serán Delegados Regionales del Gobierno Federal a partir del primero de diciembre próximo.

La lucha se distorsionó a negocio. Y cual más formó su organización o grupo, cual más se convirtió en “luchador social”, para exigir programas sociales, obras y recursos. Vaya, han llegado a exigir un “piso financiero”.

Y han sido como intermediarios entre los municipios con los gobiernos federal y local. Incluso, así actuaron cuando gobernó Gabino Cué, de la coalición PRD-PAN-PT-Convergencia; éste tenía funcionarios de “izquierda” que como líderes de “organizaciones sociales” le hacían marchas para exigir recursos.

En ese contexto cabe la pregunta: ¿Las personas con tal formación son las idóneas para desempeñar el cargo de Delegados Regionales? ¿Son aptas?

Claro, nadie nace sabiendo. Pero en la administración pública no cabe aprender, echando a perder. Otra cosa es acostumbrarse ahora a ver caras nuevas en los cargos públicos.

Otra pregunta: ¿Vigilarán la correcta aplicación de los programas sociales y recursos? ¿A quién o de quién? Por ejemplo, ¿al ayuntamiento gobernado por un partido distinto a Morena? ¿O incluye a todos?

¿Y también vigilarán lo correspondiente a las “organizaciones sociales” de izquierda? Claro, porque no dejarán su negocio…perdón, su lucha. ¿O sí?

Los priistas quien sabe si se atrevan a formar ese tipo de organizaciones “sociales” para salir a tomar calles exigiendo recursos. No están acostumbrados, por los menos los líderes que son de clase alta.

Por cierto, los gobiernos del PRI favorecieron tanto a las llamadas “organizaciones sociales”, que descuidaron a su militancia y ahí están los resultados.

En fin, los Delegados Regionales para Oaxaca son los siguientes: Yesenia Barbosa en Tuxtepec; Diego García Cervantes, Huautla de Jiménez; Javier Jhonatan Reyes, Huajuapan de León; Gabino Ortiz Ortiz, Tlaxiaco; Eduardo Sánchez Estrada en Ixtlán de Juárez; Juan Ojeda Cruz, Tlacolula; Aída Valencia, Oaxaca de Juárez, y Jesús Iván Guzmán en Salina Cruz.

Además, Martín Bolaños en Tehuantepec; Félix Serrano, Ciudad Ixtepec; Modesta Fuentes, Juchitán; Zanet Leonor Juárez, Pinotepa Nacional; Gabriel Cerón en San Pedro Mixtepec; Luisa Cortés, Miahuatlán, y Benjamín Viveros en Teotitlán de Flores Magón.

Aída Valencia es la única que se salva. Los demás nombres no auguran cosas buenas. Será necesario que el Presidente de la República les ponga vigilantes.

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