Mientras el Talibán continúa su campaña militar de verano con todos sus recursos, se ha conocido que una delegación del grupo wahabita viajará a Moscú, en septiembre para iniciar conversaciones sobre la paz en Afganistán. De concretarse el encuentro, será el paso más importante dado por los hombres del mullah Haibatulá Ajundzada para resolución del conflicto que ya lleva 17 años. Los insurgentes en 2017 ya habían rechazado la invitación rusa. También se conoció que el grupo se propone enviar delegaciones a Pakistán y China, dos jugadores fundamentales de este conflicto, además que la “diplomacia” talibana ya envió representaciones a Indonesia y Uzbekistán, al tiempo que se ha conocido que en Qatar, donde el grupo tiene una representación no oficial, se reunieron diplomáticos estadounidenses.
En junio último durante los días del Eid, que marca el fin del mes sagrado de Ramadán, el mando talibán estableció una tregua, por primeras vez en los largos años de luchas, lo que generó una enorme ilusión por la paz en el pueblo afgano, agotado de un estado de guerra que perdura desde fines de los años setenta. Aprovechando la tregua, el presidente Ashraf Ghani, llamó a una mesa de negociaciones, pero el talibán que solo aspira a discutir con los Estados Unidos, ya que considera a toda la clase política afgana como simples marionetas articulados por Washington, no aceptó.
La ronda de Moscú, será la primera participación oficial los fundamentalistas afganos en un foro regional para discutir la paz en su país, desde la invasión norteamericana de 2001. Sergey Lavrov, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, anunció que la ronda de conversaciones comenzarían el próximo 4 de septiembre.
Mientras en Moscú se trabaja a toda máquina para concreción de las ansiadas e inéditas rondas de paz, el talibán no ha detenido sus operaciones militares, con lo que intentan llegar a la capital Rusa, más fortalecidos.
Es por esto que se cree que la intensa oleada de ataques que se están sucediendo responde a la estrategia de sentarse a negociar desde una posición robustecida por operaciones como la toma de la ciudad de Ghanzi y algunas poblaciones cercanas, en que se utilizaron más de mil muyahidines (Ver: Afganistán: La batalla de Ghazni) apenas diez día atrás y el ataque del último martes contra el palacio presidencial de Kabul, con el lanzamiento de dos proyectiles en el momento que el presidente Ashraf Ghani daba un discurso televisado por el Eid al-Adha, (Fiesta del Sacrificio) la conmemoración más sagrada del Islam, anunciaba una tregua unilateral: “Desde el lunes, el día de Arafa (segundo día de peregrinación a La Meca), hasta el día del nacimiento del profeta Mahoma, Milad-un-Nabi, (20 de noviembre) siempre y cuando los talibanes hagan lo mismo”.
El ataque contra el sector presidencial, se produjo desde una vivienda cerca a la mezquita de Eid Gah, el primero de los cohetes cayó en cercanías de la casa de gobierno y el segundo en un área próxima al complejo de la OTAN y la embajada norteamericana, en la zona más custodiada de la capital, donde se asientan tanto las embajadas, como edificios gubernamentales, en un sector amurallado con bloques de concreto, alambrado de púas y permanentemente monitoreado.
A horas del anuncio de Ghani, se conoció que en la provincia de Kunduz, en el norte del país, el talibán, secuestró a 170 pasajeros que viajaban en tres buses, en una ruta del distrito de Khanabad, aunque según fuentes del ejército una operación relámpago, lanzada a las pocas horas logro liberar a 149 y que todavía se luchaba por rescatar a los 21 rehenes restantes.
Los esfuerzos del ejército afgano, y sus comandos de elite las Unidades de Comandos Afganos, están sufriendo importantísimas bajas, a pesar de la gigantesca inversión de los Estados Unidos, quien los ha formado, armado y entrenado, con resultados absolutamente negativos.
El talibán, por su parte, desde la retirada parcial de las tropas estadounidenses y sus socios menores de la OTAN a fines de 2014, ha ido incrementado de manera constante su presencia fundamentalmente en las áreas rurales del país, aunque ha asaltado y tomado algunas capitales provinciales como Fará, Faryab, Ghazni, Kunduz o Zabul. Además de haber atacado en infinidad de oportunidades Kabul, incluso produciendo el atentado más grave de los último 17 años en su barrio diplomático, en mayo de 2017, donde murieron 100 personas y otras 500 resultaron heridas, tras el estallido de un camión cisterna cargado con 1500 kilos de explosivos, frente a la céntrica Plaza Zanbaq, en el sector más seguro de la capital con lo que ha dejado en claro que de no ser por la presencia de los Estados Unidos, Kabul, ya habría caído en manos de los muyahidines.
Frente a este panorama, las reuniones en Rusia serán cruciales para el futuro inmediato de Afganistán, ya que de no llegar a un acuerdo, la única solución será una guerra en gran escala contra el Talibán, y otras organizaciones terroristas como el Daesh Khorasan, para lo que tanto Washington como Londres están incrementado su presencia en el país.
La solución de la libre empresa.
Erik Prince, hermano de Betsy DeVos, la Secretaria de Educación de Donald Trump, fundador de Blackwater, la compañía de mercenarios más grande del mundo, que debido a las innumerables acusaciones por violación a los derechos humanos y crímenes de guerra ha cambiado su nombre en varias oportunidades evitando penalidades, con mucho éxito.
Responsable de una larga y notoria listas de “incidentes” en Irak, Afganistán, Pakistán, Somalia y Libia entre otros etcéteras, en la actualidad se la conoce como Frontier Services Group, (FSG) Erik Prince, presiona en los más altos niveles de Washington, para que su empresa, sea contratada para resolver la guerra que desde el 2001, con toda la potencia de los Estadios Unidos y la OTAN, no han podido, hacer pie en el lodazal afgano. Lo que parece confirmar los resultados del lobby que ejerce Prince, son las declaraciones de John Bolton, Asesor de Seguridad Nacional de Trump, declaró: “Siempre estoy abierto a nuevas ideas”.
La nueva embestida de Prince, que ya el año pasado había presentado su plan, se produce cuando, la mayoría de los analistas norteamericanos reconocen que la seguridad en Afganistán, se encuentra en el momento más crítico desde el inicio de la retirada ordenada por Barack Obama.
En esta situación es donde estriba Prince, para ofrecerse a estabilizar la situación y arrebatarles sus posiciones al talibán, lo que colocaría a Washington en una posición de fuerza para negociar una paz, sin el peso mediático de las “bajas americanas” y que le daría la oportunidad a los Estados Unidos de mantenerse política y militarmente en una región de la que de ningún modo quiere abandonar, ya que Rusia, China e Irán, han aumentado considerablemente su influencia allí.
Algunas de las pautas que ha mencionado el “príncipe de los mercenarios” para Afganistán, es conformar batallones con tropas locales, bien compactada con los mercenarios de FSG, para aumentar las capacidades afganas en inteligencia, comunicaciones, logística, descartando a las tropas norteamericanas.
Los hombres del ejército norteamericano, solo permanecen en el país entre ocho meses y un año, por lo que se genera un recambio permanente de veteranos, por tropas inexpertas que no conocen el conflicto, ni el territorio donde deberán operar. Para Price este permanente ir y venir de tropas es una de las causas fundamentales del fracaso norteamericano en Afganistán.
Según el CEO de Frontier Services Group, sus hombres, la gran mayoría ex comandos norteamericanos, con mucha experiencia en Afganistán, donde no solo han combatido, sino que han trabajado como expertos de seguridad para distintas empresas y organizaciones internacionales instaladas en el país centroasiático, pueden permanecer en los mismos destinos durante años, con licencia cada noventa días o según sea las necesidades de la empresa. Los mercenarios de Pierce ya conocen la mecánica del conflicto y como se libra en cada región, las rutas de abastecimientos, los intricados caminos montañosos y fundamentalmente quienes son los mullah, (líderes religiosos) que captan y forman ideológicamente a los milicianos del talibán.
La idiosincrasia de pueblo afgano está surcada por fuertes e históricas diferencias clánicas, tribales, étnicas e idiomáticas, por lo que le es muy difícil al ejército regular norteamericano adaptarse a las particularidades de cada región.
La FSG, por intermedio de sus “soldados de fortuna” tendrían un control directo de la tropa afgana, asegurando que no solo este mejor entrenada, sino bien alimentada, con sus sueldo al día y bien pertrechados. Evitado el circuito burocrático, la corrupción de los mandos afganos y el desentendimiento del mando norteamericano, ya que en 17 años de guerra, la comandancia general norteamericana ha cambiado 16 veces de mano.
Para Frontier Services Group, conseguir el contrato sería un negocio descomunal, al costo de mucha más sangre afganas y por lo que conociendo el espíritu de la “libre empresa norteamericana”, es poco probable que las conversaciones, que le harían ganar al presidente Vladimir Putin, más laureles en su vertiginosa carrera política puedan dar resultados positivos.
*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.