Contra reloj Moscú sigue alistando la cumbre por la paz en Afganistán para el 4 de septiembre próximo, con la auspiciosa presencia de una delegación del Talibán, aunque la mesa quedara desbalanceada ya que tanto Kabul y Washington, dos de los jugadores más importantes del conflicto, han anunciado que no asistirán. Por otra parte, confirmaron su asistencia: China, Kazajistán, Kirguistán, India, Irán, Pakistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.
Sin la presencia del gobierno afgano y de los representantes de los Estados Unidos, la cumbre correrá el riesgo de fracasar, tal como sucedió con la de abril de 2017, en que los ausentes fueron los Talibanes.
El presidente afgano Ashraf Ghani, que solo se sostiene por la asistencia del Pentágono, se apuró a anunciar que seguirá la postura de los Estados Unidos no participara en el foro de Moscú. Ghani, más allá de la que fuese su voluntad, sabe que no puede desmarcarse de las políticas norteaméricas, para la región y su país, del que solo controla el 43% , y en constante retroceso, mientras que los talibanes ya ocupan el 11%, al tiempo que el resto de los territorios están siendo disputados de manera encarnizada, por las tropas de mullah Hibatullah Akhundzada y las del ejército y la policía afganas (Ver: Afganistán: Con el mazo dando y a Dios rogando.)
Más allá de las declaraciones de Kabul, se entiende que el presidente Ghani, que no podría actuar de manera independiente, al igual que sus sucesores, post invasión norteamericana, Burhanuddin Rabbani y Hamid Karzai, sigue a pie juntilla el libreto del Departamento de Estado, desde siempre y ahora más que nunca, cuando las relaciones entre Moscú y Washington están en los momentos más difíciles desde la crisis de agosto de 2013 a raíz del montaje armado contra el gobierno de Bashar al-Assad, acusado de utilizar armas químicas en al-Ghutta contra la población civil.
Una conclusión positiva en las reuniones de Moscú, le daría al presidente Vladimir Putin, un nuevo espaldarazo internacional, como los que ha conseguido tras la derrota del Daesh en Siria, cuestión que no favorecería al deteriorado Donald Trump, que está atravesando, más allá de sus éxitos económicos, un momento de suma vulnerabilidad tras las declaraciones de su ex abogado Michael Cohen, y el consultor político Paul Manafort que lo han puesto una vez más al borde del impeachment.
Por su parte el Talibán llega a Moscú fortalecido, gracias a los éxitos de su campaña militar de verano, con la toma de capitales provinciales, su presencia casi incontenible en todas las zonas rurales del país, las innumerables bajas producidas a las fuerzas de seguridad afganas, hoy uno de secreto mejor guardados del país y el complejo minué que le está haciendo bailar al Pentágono y sus socios de la OTAN, por las erráticas políticas de las administraciones estadounidenses. Recordemos que cuando asumió Barack Obama en 2009, triplicó el número de militares estadounidenses en Afganistán, para concluir en su mandato, ocho años después, con un plan de retirada general de efectivos. Trump a su llegada decidió suspender el repliegue y en este momento se encuentra en pleno incremento, llegando hoy a 14 mil hombres, cuando Obama había dejado 8 mil. Trump ha prometiendo más efectivos para el país Centro Asiático, al tiempo que se estudia la propuesta de Erik Prince, CEO de la firma mercenaria Frontier Services Group ex Blackwater y exigiendo al Reino Unido y otros socios, más colaboración con efectivos para contener la embestida no solo del Talibán, sino también del Daesh Khorasán que desde el norte del país, no solo tiene capacidad para atacar en Kabul, sino que intenta penetrar en Turquestán, Kirguistán y Uzbekistán, lo que obliga a Rusia a extremar sus recaudos en la lucha contra el terrorismo, dada la siempre latente amenaza de terrorismo wahabita contra Moscú.
Las tropas del Daesh, ancladas en el norte de Afganistán, donde se están integrando muchos de sus veteranos en fuga de Siria e Irak, que según fuentes iraníes estarían siendo trasladadas en aviones de la CIA, al tiempo que reciben de manera constante apoyo logístico y militar, arrojados por aviones sin identificar a sus campamentos, Cuando se sabe el espacio aéreo afgano está absolutamente vigilado por aviones, satélites y radares estadounidenses.
Un emirato en las puertas de Rusia.
Todo pareciera indicar que el desplazamiento del Daesh Khorasán al norte de Afganistán en la frontera con Uzbekistán, el reagrupamiento de muyahidines uzbekos, que regresan de Siria al valle de Ferganá, compartido por Uzbekistán y Kirguizistán, el que ha tenido históricamente una importante actividad de los grupos ultramontanos islámicos, vuelve a convertir a la región en un foco importante del terrorismo.
Hoy para China el valle Ferganá representa un punto clave para el paso de su “nueva ruta de la seda”, a los que se le suma que la región es de fuerte influencia rusa, por lo que la creación de un foco de insurgencia wahabí podría ser una nueva posibilidad de establecer un emirato en esa región. Generando tanto a Moscú como a Pekín un nuevo dolor de cabezas ya muy conocido.
Rusia además de las dos guerras chechenas ha sufrido un sin número de atentados contra objetivos civiles en Moscú, San Petersburgo, Volgogrado y Sochi entre tanto otros, como China que padece las acciones del movimiento secesionista uigur, la etnia musulmana asentada en la estratégica provincia noroccidental de Xinjiang, donde el Movimiento Islámico de Turquestán Oriental (MITO), ha producido también numerosos atentados en los que se han asesinado a cientos de personas alcanzado incluso con sus ataques la Plaza Tiananmen de Beijing. Cuatrocientos milicianos del MITO, combaten en la provincia afgana de Badakhshan, lo que podrían ser considerados como un entrenamiento para regresar a Xinjiang donde se encuentra el 15% las reservas comprobadas de petróleo chino, además del 22 % de reservas de gas y grandes yacimientos de materias primas y gran parte de su arsenal nuclear.
La posibilidad de establecer una avanzada en el valle de Ferganá, sin duda tendrá que ser resueltas rápidamente ya que ambas potencias asiáticas conocen muy bien la consecuencia del establecimiento de estos conflictos en su territorio.
El Daesh Khorasán, cada vez más afianzado en la frontera entre Afganistán y Uzbekistán, podría filtrase hacia el valle Ferganá, mientras que el Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIT), con un importante número de veteranos de la guerra siria. Cerca de unos 500 de sus combatientes operarán juntos junto al Talibán en las provincias afganas de Faryab, Sari Pul, Jowzjan, Kunduz, Baghlan, Takhar y Badakhshan.
Diferentes unidades del MIT, Khatibat Imam Al-Bukhari, Katibat al Tawhid wal Jihad, la Unión Jihad Islámica también participan de operaciones contra las fuerzas de seguridad afganas.
Militantes de Katibat al Tawhid wal Jihad (KTJ) formado por combatientes uzbekos y kirguizios vinculados con al-Qaeda liderados por Abu Saloh, ya están operando en el Valle de Ferganá, mientras lanzaron una campaña de reclutamiento de nuevos militantes
El Katibat Imam al Bujari (KIB), vinculado a al-Qaeda, que han combatido junto al frente al-Nusra en Siria, y hoy de vuelta en su país está intensificado sus operaciones al calor de la lucha de los Talibanes, tanto en el valle de Ferganá, como en Afganistán junto a al-Qaeda y los Talibanes, a cuyo líder el mullah Hibatullah Akhundzada, el jefe del Kib, Abu Yusuf Muhojir, juró lealtad como lo había hecho en junio de 2016 el emir de al-Qaeda, Ayman al-Zawahiri, quien fue el heredero de Bin Laden.
Se estima que el Daesh, todavía cuenta con unos 20 a 25 mil muyahidines, que combatieron en Siria, milicianos que en su gran mayoría podrían ser enviados al norte afgano con el fin de alcanzar el valle de Ferganá, desde donde intentaría incendiar las naciones musulmanas de Asía Central, el Cáucaso y el sur de Rusia, como para que el minué sea eterno.

*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.