El PRD pretende reinventarse con los mismos artífices de su debacle electoral; igualito como el PRI y el PAN. No tienen remedio.

Y si consiguen repuntar en las próximas elecciones será gracias a los errores de Morena en el ejercicio del gobierno. Aunque el jefe político va por una hegemonía morenista que cuando menos iguale los 70 años del PRI en la Presidencia de la República. ¿O no?

Para empezar, una consulta para la revocación de mandato en las próximas elecciones intermedias tiende a jalar a los electores hacia los candidatos morenistas cuando en la boleta electoral aparezca el nombre de Andrés Manuel López Obrador.

Otro “efecto AMLO”. Pero este es otro tema. Sigamos con el planteamiento del PRD.

Este miércoles, la cúpula perredista nacional planteó “la construcción de un nuevo ciclo” del PRD “acorde a las necesidades de la sociedad desde una perspectiva de la izquierda democrática, liberal y progresista que requiere el país”.

Ajá. ¿Con los mismos que sumieron al partido en la crisis más profunda?

Por ejemplo, Jesús Ortega, Jesús Zambrano, Héctor Bautista, Héctor Serrano, Camerino Márquez, Miguel Ángel Mancera, Silvano Aureoles, Guadalupe Acosta, Ángel Ávila y Eloí Vázquez.

Y son quienes acompañaron al presidente nacional, Manuel Granados, en la conferencia de prensa donde salieron a informar que el Comité Ejecutivo acordó integrar “una Comisión Nacional de Diálogo, de carácter plural”.

Para “establecer comunicación con personalidades, liderazgos y organizaciones del campo de la izquierda democrática, liberal y progresista, dispuestos a conjuntar esfuerzos para luchar en las nuevas condiciones políticas por una república federal, con seguridad, igualdad, libertad, democracia, y legalidad”.

Y así buscan “avanzar en la elaboración de una plataforma común y de un nuevo modelo de partido, con sus propios documentos de Declaración de Principios, Programa y Estatuto, y una dirección que refleje la nueva realidad de esa conjunción de esfuerzos”.

¿En serio? De entrada, la dirigencia actual debería renunciar para apresurar la renovación del Comité Nacional con perredistas distintos a los de siempre; esos que chapulinean en puestos internos, o del Senado a la Cámara de Diputados Federal o a cargos locales.

Muchos de ellos aparecieron en la conferencia de prensa. Ya chole con los mismos. Por eso ni quien les crea su ánimo transformador.

Van a usar otra vez a los intelectuales y a la sociedad civil para legitimar su ambición de poder. Vaya, algunos han sido capaces hasta de vender las causas perredistas.

Esa Comisión Nacional de Diálogo seguramente irá de entidad en entidad federativa, y sus integrantes ¿qué van a decir? ¿Una promesa de cambio y al final de cuentas integrar el CEN con “los chuchos”, con Zambrano, con Naranjo, con Mancera, etc?

Y cuando vengan las elecciones intermedias, ¿esos también serán los candidatos?

El esquema se reproduce en las entidades federativas. Grave.

Y así el PRD no inspira cambio, ni cambiará. Más bien tiende a la extinción. Las tribus se hicieron pedazos entre sí, y hasta practicaron el canibalismo político.

Pero lo más grave fue impedir el acceso de nuevos cuadros a los cargos de dirección y de elección popular. Incluso, los perredistas ni siquiera impulsaron la afiliación auténtica y de personas con capacidad para aportar al PRD. Temieron ser desplazados.

A las cúpulas nacional y locales solo interesó el clientelismo electoral, que también descuidaron; ahí están los resultados. Y diversos líderes obedecieron (y obedecen) al PRI.

El PRD tiende a desaparecer. Por lo pronto, sus senadores, diputados federales y locales, presidentes municipales y militantes en general, siguen mudándose a otros partidos políticos, principalmente a Morena, al PVEM y al PT.

El cambio de nombre tampoco lo salva si siguen los mismos. Por vergüenza, dignidad y amor al PRD, las llamadas “vacas sagradas” o “o jefes tribales”, deben ya retirarse de la política para cuidar a sus nietos o sus fortunas amasadas al amparo del partido.

A la par, el Sol Azteca, como tal o con el nombre que adopte, necesita extirpar a las tribus de sus documentos básicos. Son como partiditos internos, y le han hecho mucho mal al PRD y a la democracia.

Vaya, abandonaron los métodos democráticos en la selección de dirigentes y candidatos a cargos de elección popular para repartirse los espacios por tribus, según su número de consejeros.

Además en tales espacios siempre se colocaron los líderes tribales, y cuando no iban ellos, impulsaron entonces a sus hijas, hermanos, esposas, parejas íntimas. La equidad de género la entendieron solo consanguínea y sentimentalmente.

Así, definitivamente el PRD no tiene remedio. Lo que sí tiene, excepcionalmente, son algunos militantes románticamente democráticos; ellos deberían conducir el proceso para un nuevo modelo de partido. Pero las cúpulas, nacional y locales, nunca los dejarán.

CASO OAXACA

En las elecciones concurrentes de julio pasado, el PRD casi desaparece. Apenas si consiguió una diputación local plurinominal, y el Tribunal Electoral del Estado le otorgó otra, pero está impugnada por Morena en un paquete de 7.

El Comité Estatal lo preside Raymundo Carmona Laredo; su periodo ya venció pero ahí sigue como parte de la inercia nacional. Y él, como muchos perredistas locales, ha ido de puesto en puesto, repitiendo en cada uno dos o más veces.

Ahora mismo pelea otra vez la presidencia municipal de San Pedro Pochutla; la perdió, pero impugnó. Morena la ganó, quizá porque los pochutlecos estarán hartos del mismo.

Como ven, en el proceso electoral reciente a Carmona no le importó la suerte del PRD en Oaxaca, botó la dirigencia para irse como candidato a munícipe; perdió y regresó.

Los pleitos entre las tribus tampoco se acaban, apenas este miércoles Hugo Jarquín asumió la dirigencia local de la Unión Campesina Democrática (UCD), y Amador Jara también se asume como tal.

Y sigue la mudanza de perredistas a Morena y al PT.

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