Hasta hace poco más de veinte días el nombre de Jamal Khashoggi, era conocido por algunos miles de lectores que seguían sus notas en el Washington Post o bien en alguno de los medios en los que trabajó en Arabia Saudita hasta que cayó en desgracia un año atrás. El caso a partir de su desaparición el dos de octubre en el consulado saudita de Estambul, está generando miles de artículos y horas de radio y televisión alrededor del mundo, solo en el alfabeto latino cuenta con 66.700.000 menciones en el buscador de Google y otros 82.600 si se lo busca por Jamel Khashoggi. (Ver: Caso Khashoggi: Oda a la hipocresía).
Claro el asunto cuenta con todo los elementos, para seguir la historia hasta el final, y sin duda muchos periodistas y guionistas estarán preparando libros de investigación, novelas y real ficción, proyectos de películas y miniseries, e incluso hasta Sacha Baron Cohen podría preparar un musical, ya que el tema rinde y mucho. Una trama que desborda truculencia: un periodista desaparecido, torturas, decapitaciones, descuartizamientos y disoluciones en ácido. El envió de una cabeza en bandeja de plata a un príncipe vengativo, fuga de cónsules y servicios de inteligencia de todos los colores fisgoneando por ahí.
Pero en el mundo real, las secuelas del caso Khashoggi hasta este momento son inimaginables, ya que las especulaciones son infinitas, por lo que es prácticamente imposible que alguna vez conozcamos la verdad, dado el escenario en que se libra la pelea entre la luz y la oscuridad del caso, un mundo cruzado de intereses económicos, políticos, geoestratégicos y militares que si se lo quisiera poner en millones de dólares la cantidad de ceros sobrarían para borrar la palabra hambre y enfermedad del diccionario, no importa el idioma en que este escrito, pero claro, en el mundo real estas cosas no pasan, ni pasaran nunca.
Hasta el momento poco se ha develado acerca del crimen, tras el reconocimiento que efectivamente sucedió en el consulado de Estambul, por parte de los responsables del gobierno de Arabia Saudita y sus dos máximas figuras el Rey Salman y su hijo el príncipe heredero Mohamed bin Salman (MbS), el verdadero hombre fuerte del régimen.
El hecho podría significar un terremoto que incluso alcance a enterrar, sin muchas pompas, el reinado de Salman, y los sueños de su hijo. No sé recuerda momento de mayor debilidad de la monarquía más oscurantista del mundo, ni siquiera durante los quince días en que un grupo extremista tomó la Gran Mezquita de la Meca (Masjid al-Haram) en 1979, el lugar más sagrado del Islam.
Las versiones apuntan a que algún sirviente más principista, que el príncipe actuó por la propio y se decidió asesinarlo apenas tuvieran oportunidad, y eligieron el modo más torpe, dejando grabada sus huellas en cada una de las paredes del laberinto que construyeron para ocultar el hecho, cuándo todo se podría haber resuelto más fácilmente con una bala en alguna calle de la vieja capital turca.
La flagrancia del crimen es tan descomunal, que es inadmisible que haya sido pensado por el propio MbS, y su equipo de asesores. Si realmente fue así hay que achacarlo a la crónica impunidad que la familia real saudita que disfruta desde la firma de lo que conoce como el “Pacto del Quincy”, por el crucero en que el presidente Franklin D. Roosevelt, regresando de la cumbre de Yalta, firmó en febrero de 1945, con el entonces Rey y fundador de la dinastía Abdelaziz Ibn Saud. El pacto en que se juraron amor eterno o petróleo por protección, frente a un mundo en que el gran vencedor de la Segunda Guerra Mundial: Josef Stalin, parecía al borde de comérselo.
El pacto fue estrictamente cumplido hasta hoy y respetado por los trece presidentes norteamericanos que continuaron Roosevelt y los seis reyes saudíes que siguieron a Abdelaziz. Pero quien sabe, donde el presidente Donald Trump decida cortar la línea de responsabilidades, porque sin duda es el único quién lo va a disponer.
El príncipe MbS, recién habló del caso tres semanas después de que todos los dedos del mundo lo señalen como responsable, y con la obviedad que estos casos reclaman dijo: “es un crimen atroz que no puede justificarse”. El de Khashoggi, no el de Yemen y sus 30 mil muertos, de cuya factura, el príncipe se jacta. En el marco de en la conferencia Future Investment Initiative, en Riad conocida como el “Davos en el desierto”, a la que suelen acudir los grandes usureros del mundo, aunque dada la situación y en” defensa de los derechos humanos”, se bajaron unos cuantos prontuariados como el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim o la economista jefe del Fondo Monetario Internacional Christine Lagarde. En la cita el príncipe aclaró para la tranquilidad de todos: “Los culpables serán castigados y que la justicia prevalecería” (risas).
Aunque en honor a la verdad quizás él haya sido el segundo sorprendido del crimen, el primero sin duda fue el occiso, y que en verdad haya sido una patrulla perdida quién mató a Khashoggi, para matar a MbS. La gran pregunta entonces fue quién ha pagado a esa patrulla. Allí las posibilidades se abren como un delta, que va desde la mismísima CIA, con o sin la autorización de Trump, los muchos enemigos que el príncipe tiene en su país, recordemos la “limpieza” de grandes empresarios y funcionarios que hizo el año pasado, y posibilidades tan improbables como que bien podría ser una devolución de gentilezas de la inteligencia iraní, en nombre de Yemen y la treintena de muertos, que un comando terrorista asesinó durante un desfile en la ciudad iraní de al-Ahwaz, el mes pasado (Ver: Je ne suis pas l´Iran) sin olvidar a su ex socio y vecino el emir de Qatar, Tamim al-Thani, con quien MbS está en guerra diplomática, hasta ahora, desde el año pasado. A estos nombres sin duda le sigue un larguísimo etcétera, ya que el heredero, en sus treinta tres años de vida, ha sabido sembrar y cosechar hectáreas de odio.
Los caprichos de un niño.
Hasta ahora MbS, ha actuado como un niño caprichoso y quizás esta muerte sea su final, en el Future Investment Initiative, también dijo que: “El crimen no podrán dividirnos mientras haya un rey llamado Salman bin Abdulaziz y un príncipe heredero llamado Mohammed bin Salman, y un presidente en Turquía llamado Erdoğan”, involucrando en esto a Recep Tayyip Erdoğan, como socio en la tragedia, aunque hasta ahora, el presidente parece ser más una víctima, que un verdugo, raro en él.
Uno de los secretario de Erdoğan, declaró que el príncipe tenía “sangre en las mano”, al tiempo que dejó entrever que se darían a conocer más informaciones si el Rey Salman no suelta la mano de su hijo. El último martes, el propio Erdoğan se refirió al caso acusando directamente a la jerarquía saudí, aunque evitó aludir a al príncipe de manera directa.
En el mismo momento el jugador clave de este partido, el presidente Trump, también señaló en el Wall Street Journal: “El príncipe está manejando las cosas allí y si alguien fuera responsable, sería él” involucrado por primera vez a MbS.
Por su parte la directora de la CIA, Gina Haspel, quién viajó a Ankara y que sobre torturas y desapariciones tiene vasta experiencia y muchas denuncias, dijo haber escuchado grabaciones del momento en que fue torturado Khashoggi, lo que rebela que la CIA, sabe mucho más de lo que dice, por lo que posiblemente la suerte del príncipe heredero catapultado al trono en mayo de 2017, estaría echada.
Si la presión de Washington contra el rey Salman no alcanza y este decide mantener a su hijo en su cargo, significaría patear el tablero y una redefinición profunda de alianzas en la región, que jamás se pudieron imaginar, lo que llegaría a amenazar la cómoda posición de Israel. Con las consecuentes sanciones para Riad de parte de su principal socio los Estados Unidos, seguidos por la Unión Europea (UE) que configuraría prácticamente otra realidad para el mundo. Quizás sea esta, la verdadera razón de por qué todos estamos hablando de él.

* Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.