Una de las reformas más importantes a los estatutos del Partido de la Revolución Democrática (PRD) es “la eliminación de las corrientes de opinión” conocidas como tribus.

El modus operandi tribal lo ha dañado tanto que algunos jefes de corrientes internas optaron por cancelarlas antes de perder los despojos del partido del Sol Azteca, fundado el 5 de mayo de 1989 y con apenas 29 años de edad.

Joven aún, pero lleno de vicios que lo llevaron a la aplastante derrota en 2018. Imagínense obtuvo apenas el 2.8% de la votación valida emitida en las elecciones presidenciales y alrededor del 5% en las de senadores y diputados federales; por poco y desaparece.

Y quizá ante el riesgo la propuesta en conjunto de reforma de estatutos, aprobada en el Consejo Nacional celebrado el fin de semana pasado, recibió 485 votos a favor, 40 en contra y cero abstenciones.

Los perredistas lo consiguieron: ¡Al fin desaparecen las nocivas tribus!

Era el único partido donde por norma interna las candidaturas a cargos de elección popular eran distribuidas por clan, y el “jefe” tenía el tácito derecho de postular hijos, cónyuge, demás parientes y hasta amante.

Bueno, pues ya no es regla. Aunque por el momento solo en la forma y en el papel. Falta ver que los sobrevivientes del PRD cumplan a cabalidad con la vida institucional monolítica; caso contrario, el partido está condenado a la extinción total.

Cambiarle el nombre tampoco remedia la crisis interna del partido del Sol Azteca si no hay cambio en el comportamiento de la militancia, sobre todo de los jefes tribales.

Un primer paso (importante) es la “eliminación de las corrientes de opinión”. Pero ¿hasta dónde? Porque sí, desaparecen de los estatutos; sin embargo, seguirá el grupismo interno. Claro, el grupismo existe en todos los partidos; no debiera de existir, pero existe.

Pero en el PRD era una cosa institucionalizada y destructiva per se. Era cuestión de que el aspirante a cargo de elección popular se adhiriera a una corriente y se pusiera a las atentas órdenes de ésta para conseguir la postulación.

Por eso los jefes tribales se hicieron poderosos e indestructibles, porque en base a la membresía de la corriente obtenían candidaturas, posiciones a la dirigencia perredista en todos sus niveles y, por supuesto, recursos económicos.

Y todo para que abandonaran el barco cuando vieron que éste se hundía sin remedio como el Titanic, habiendo en el horizonte un nuevo navío con capitán de éxito garantizado. Muchos perredistas saltaron al partido Movimiento Regeneración Nacional.

Ahí está el ejemplo de René Bejarano, que se mudó con todo y corriente a Morena, donde Andrés Manuel López Obrador advirtió en no permitir corrientes. Claro, no están reconocidas en los estatutos, pero ello no es obstáculo para la actuación tribal interna.

Incluso pulularon los perredistas con un pié en el PRD y el otro en Morena; llegaron a ser hasta candidatos de otros partidos sin renunciar al partido del Sol Azteca y luego regresaron a éste como si nada bajo el auspicio del jefe tribal.

En fin, a ver si en los hechos funciona la eliminación de las “corrientes internas”, porque los perredistas llevan la práctica tan metida en el tuétano como los priistas la nociva obediencia ciega al jefe político en la figura del Presidente de México o del gobernador; sin él no saben qué hacer o dónde ir.

Incluso, la Dirección Colectiva emanada del Consejo Nacional del PRD parece un rescoldo del tribalismo, salvo que ninguno de los integrantes haya sido impulsado por las corrientes internas para tener representación en el referido órgano.

En fin, a ver si les funciona también la Dirigencia Colectiva ante la arraigada costumbre del sillazo por sobre los consensos y acuerdos. Es hora de inyectarle democracia al PRD.

Veremos qué resulta de su Consejo y Asamblea Nacional próximos. Por lo pronto, los perredistas han dado los primeros pasos. Claro, todo es mejor antes que perder el financiamiento público vía INE y OPL en las entidades federativas; poco, pero dinero al fin.

¿O en verdad los perredistas sobrevivientes pretenden convertirse en la alternativa ante las fallas de Morena? ¿El contra peso al poder omnímodo?

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