Desde cuando Andrés Manuel López Obrador diseñaba su campaña a la Presidencia de México, comprometió decididamente su respaldo a la Coordinadora de Trabajadores de la Educación (CNTE) prácticamente en todos los sentidos.

Y primordialmente empezando por la “cancelación” de la Reforma Educativa elaborada por Enrique Peña Nieto, entonces mandatario federal, y la cual ha sido considerada por los maestros del ala democrática (y radical) como una reforma laboral y punitiva.

Durante su campaña, AMLO refrendó sus compromisos con la CNTE, cuyas secciones sindicales ya lo habían apoyado en anteriores procesos electorales como abanderado del PRD. Y también dieron el respaldo electoral a los candidatos de Morena desde el 2015, cuando esta fuerza compitió por primera vez como partido político nacional.

Entonces es lógico que la CNTE se sienta tan fuerte e invencible; capaz de realizar movilizaciones inflexibles como la vivida ahora en Michoacán, similar a las experimentadas en Oaxaca en distintos momentos en la historia reciente.

Movilizaciones que no se terminarán aún con la llegada de López Obrador a la Presidencia de México. En otras palabras: Aún con la aplastante derrota del PRI tanto en las elecciones federales como en comicios locales del 2018.

El triunfo de AMLO ha tenido tranquilas a la mayoría de las secciones sindicales adheridas a la Coordinadora, pero no las tiene satisfechas ni contentas del todo. Porque el actual mandatario federal todavía no les cumple la promesa de abrogar la Reforma Educativa.

Líderes de la temida gremial han dicho que esperarían un tiempo prudente y después retomarían la movilización. ¿Y cuánto es ese lapso? ¿Uno, dos, tres meses después de la transición del Poder Ejecutivo Federal?

Los maestros de la CNTE pidieron que a la par de la abrogación de la Reforma Educativa, se les restituyera sus derechos y prestaciones, y les fueran pagados todos los pendientes; además de nuevas plazas. ¿O no fue así?

En ese contexto cabe preguntar: En Michoacán ¿se refleja el inicio de la presión de la gremial para el cumplimiento de todas sus demandas generales? Incluso, sectores de la Sección 22 también se empezaron a movilizar en Oaxaca con un paro de dos días (28 y 29 de enero), marchas y mítines.

El ejemplo cunde. Primero, Michoacán; ahora Oaxaca; aunque en la primera entidad la movilización de más de quince días ahorca ya la economía local, y aprieta a la federación con el bloqueo que impide el paso en la vía férrea de carga de combustible.

En Oaxaca piden: Reconocer la antigüedad laborar de los trabajadores de la educación bajo el concepto de quinquenios, pagos a plazas regularizadas, cambio de etiqueta de claves administrativas a docencia, la entrega de plazas de tiempo completo que la autoridad educativa “administró a conveniencia” desde el 2015 y la abrogación de la Reforma Educativa, entre otras demandas.

Y en Michoacán exigen principalmente el pago pendiente a mentores. Montos imposibles para el gobierno estatal encabezado por el gobernador Silvano Aureoles (del PRD). Y la presión ha sido tanta que la administración federal de AMLO ya desembolsó más de 800 millones de pesos.

Incluso, en la conferencia de prensa donde López Obrador anunció el desembolso hizo énfasis en que los maestros de la Coordinadora “tienen que entender que son otros tiempos”.

Pero no lo entenderán. Bien claro lo dijeron tras el triunfo de la coalición “Juntos Haremos Historia” y luego cuando el tabasqueño asumió la Presidencia de México: Que no cesarían las movilizaciones hasta ver satisfechas sus demandas: Abrogación de Reforma Educativa y paralelamente cumplimiento a todo lo pendiente.

“Si no es responsabilidad del gobierno Federal no podemos nosotros atender algo que corresponde al Estado. Estamos ayudando transfiriendo esos fondos al Gobierno del estado y espero que se resuelvan las cosas”, dijo AMLO.

Y apenas este lunes el Secretario de Educación Pública, Estaban Moctezuma Barragán, afirmó que el gobierno federal mostró con hechos su disposición a solucionar la problemática de salarios vencidos de los maestros en Michoacán, por lo cual debe haber “reciprocidad” por parte de la CNTE.

¿La habrá? Es incierto, la gremial siempre actúa de manera impredecible y no distingue competencias, solo exige el cumplimiento a sus demandas.

Lo que sí ha habido es presión. La Coordinadora le toma la medida a AMLO, sabedora de que su gobierno no se atreverá a desalojar a los profesores de cualquier vía de comunicación obstruida por ellos mediante bloqueos.

Lo acusarían entonces de represor, y un desalojo daría motivo a una movilización generalizada en el país de dimensiones desconocidas, la cual serviría además para recordarle a AMLO su promesa sobre la abrogación de la Reforma Educativa.

Abrogación, que no derogación. Y de eso están al pendiente las secciones sindicales adheridas a la CNTE, no les vayan a dar gato por liebre.

En fin, López Obrador parece desarmado por la Coordinadora para hacer valer el Estado de Derecho como eje principal de su gobierno como lo prometió cuando asumió el mando del país.

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