La muerte de Rizwan Asad Pandit, un profesor de 28 años residente de Awantipora, en el conflictivo distrito de Pulwama, escenario del último gran ataque extremista del pasado 14 de febrero, en el que murieron 50 policías el sur de Cachemira (Ver: Cachemira: Más fuego a caldera) que dio lugar a una nueva escalada de violencia entre India y Pakistán, provocando intensos cambios de fuego de artillería, y el derribo de dos aviones indios.

A más de un mes del atentado todavía no se ha terminado de resolver la nueva escalada, pesé a la insistencia de naciones como Rusia, China y Estados Unidos, que temen una generalización de la guerra que podría derivar en un enfrentamiento con nuclear, , ya que ambos países cuenta con ese tipo de armamento. Varios funcionarios de Washington, incluido el poderoso John Bolton, asesor de Seguridad Nacional, una de las pocas vacas sagrada de trumpismo, se han entrevistado con autoridades de ambos países en procura de serenar los ánimos.

Si bien los intercambios de artillería no ha cesado, y con frecuencia se producen bajas, tanto civiles como militares, podría considerarse que el sector fronterizo en cachemir conocido como la Línea de Control (LdC) esta “normalizado)”, ya que es el punto donde se promedia en la última década, 405 muertos al año, entre civiles, militantes separatistas y fuerzas de seguridad.

La confusa muerte de Pandit, quién estaba en custodia de la policía india del estado de Jammu y Cachemira (J&K) y la Agencia Nacional de Investigación (ANI) en la noche del lunes al martes 19, ha obligado a las autoridades a iniciar una investigación “profunda”. Según los servicios de seguridad, Pandit, quien estaba sospechado de militar en el grupo separatista, vinculado con al-Qaeda, Jaish-e-Mohammed (JeM), autores del ataque en Pulwama. El maestro, fue arrestado en su casa el último día 17 de marzo. Según fuentes policiales habría sido detenido por la existencia de fuertes indicios de su complicidad con el atentado del 14 de febrero.

Sus familiares han denunciado que el cuerpo de Rizwan, tenía señales de haber sido sometido a una brutal tortura. Su columna vertebral aparecía rota, quemaduras y cortes profundos en varias en partes del cuerpo. Hay indicios de que fue golpeado con una vara de hierro lo que le provocó moretones en la cara; cuyo ojo izquierdo aparecía completamente lastimado. A pesar de que la policía no ha aclarado las circunstancias de la muerte, los medios locales informan que en un examen inicial del cuerpo de Pandit, indica que su muerte se habría producido por hemorragias internas, derivados de los golpes.

En el momento de su muerte Pandit, estaba siendo interrogado por hombres de la ANI, en la sede del Grupo de Operaciones Especiales (SOG) de la policía de J&K en la ciudad de Srinagar, la capital del estado. Algunas fuentes revelaron que tras la muerte del joven profesor, hubo “acaloradas” discusiones e intercambio de acusaciones entre agentes de la ANI y oficiales de la policía.
Familiares de Rizwan declararon que no era militante de ningún grupo separatista, aunque toda la familia esta sospechada de su pertenecía al grupo JdM, ilegalizada por el gobierno indio.

Por la muerte de Pandit, las autoridades iniciaron una minuciosa investigación, para determinar la causa y las circunstancias que rodearon el hecho. Los hombres de la ANI, rechazaron los informes que los involucraban, denunciando que no se le había pedido que lo interrogaran y que ni siquiera habían tenido relación con el caso, que se investiga.

Tras conocerse públicamente la muerte de Rizwan Pandit, se iniciaron en Awantipora enfrentamientos entre los cientos de estudiantes, que salieron a las calles a exigir castigo a los responsables y la policía. También hubo incidentes en la zona vieja de Srinagar, que se extendieron durante toda la noche, sin que se produzcan más que algunos heridos leves. Lo que siguió a que fuera declarada una huelga general en toda Cachemira, organizada por una alianza de las organizaciones separatistas conocida como Joint Resistance Leadership (JRL), a la que han adherido todas las escuelas, colegios y universidades cachemires, a las que adhirieron también, establecimientos comerciales y el transporte público.

Las protestas continuaron el día jueves en toda la región, en la ciudad de Sapore, el lanzamiento de una granada por parte de los manifestantes hirió a tres policías.
En el marco de las protestas y esa constante y tensa espera, con que en Cachemira, se aguarda un nuevo episodio de la larga disputa entre Islamabad y Nueva Delhi, el ejército indio informó que disparos provenientes del lado pakistaní en el sector de la Línea de Control, mataron a un soldado indio e hirieron a otros cuatro.
Modi en carrera electoral.

Con las próximas elecciones generales programadas para abril y mayo, donde el Primer Ministro indio Narendra Modi, juega su reelección y con el aumento la desocupación y una desaceleración del crecimiento económico, Modi, que llegó al poder impulsado el Bharatiya Janata Party (BJP), un partido nacionalista de extrema derecha, vio tras el atentado de febrero, la oportunidad de tonificar sus discurso nacionalista lindante al fascismo, dando vía libre a las fuerzas armadas, para que inicie un plan de operaciones contra posiciones terroristas en territorio pakistaní y a la policía, para que pueda reprimir con violencia a la comunidad musulmana cachemir.

Más allá de que la presión internacional haya logrado que ambos países detengan la escalada belicista, Modi insiste en sus mítines electorales en seguir con argumentaciones anti pakistaníes y supremacistas, acusando a sus opositores del Partido del Congreso de ser “blandos” con Pakistán, e insiste en que sus respuestas al último gran atentado en la “nueva India está ganando terreno”. Por lo que se espera, que Modi, a pesar del traspié que significó que Pakistán pudiera derribar dos aviones en la única incursión de la aviación india, y que más allá de su superioridad material de las fuerzas armadas indias, en una guerra tradicional y abierta, Pakistán sería superior, siga agitando el fantasma de la guerra con afán electoralista.

Uno lo os pocos pasos beneficiosos para reencausar las relaciones indias-pakistaníes se dio el pasado 5 de marzo, en la primera reunión de funcionarios de ambos países, después de los incidentes tras el atentado de Pulwama y los ataques de artillería y bombardeos que se ejecutó a posteriori, donde se discutió la apertura de un corredor entre Dera Baba Nanak (India) y Kartarpu (Pakistán) para facilitar la peregrinación de los sij, indios al santuario de Gurdwara Darbar Sahib la primera comunidad fundada por el creador de esa religión el Gurū Nānak, hace quinientos años, en el en el área Tehsil Shakargarh, en el Punjab pakistaní. El sijismo es la cuarta religión más practicada en la India, con casi 20 millones de fieles.

Ambos países se preparan para celebrar los 550 años del nacimiento de Baba Nānak, por lo que la próxima reunión se plateó para el 2 de abril, donde otra vez autoridades de ambos países se deberán ver las caras, una eternidad para los tiempos urgentes que se vive entre las dos naciones, pero podría servir como facilitador para alejar por lo menos por un tiempo más el fantasma de la guerra, y dejar establecido, como tantas veces desde 1947, esa tensa calma pre bélica en Cachemira que casi es la normalidad.

*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.