¡QUE CONSTE,…SON REFLEXIONES!

POR SÓCRATES A. CAMPOS LEMUS.

Y TODO empezó con una plática y unos tragos de aguardiente, en una choza entre las montañas, ahí vivía un chamán, algunos le decían brujo, otros decían que era como un coyote, solitario y sin domar, algunos, decían que le veían transformarse de pronto en un animal y gruñir allá por las tardes noche cuando el Sol dejaba que subiera la neblina y todo lo transformaba hasta el sonido y, la vista, se empeñaba en tratar de ver lo que ya no veía, era como un Nahual, esos que dicen que no existen pero es la realidad allá en los montes de la sierra donde se producen los hongos y la marihuana y se usa para untar y calmar los dolores de las viejas y hombres con reumatismo que, en esos lugares fríos y húmedos son tan frecuentes, al igual que las historias al lado del fogón, entre el humo de los leños y la visión de la neblina, es como si uno estuviera en otro mundo y lo está, la verdad es que se van perdiendo las ideas y llegan las fantasías que son la realidad allá, en esas lejanías, y Don pedro, viejo arrugado, con huaraches remendados, con pies ligeros y brazos fuertes, con vestido de manta, manta ligera, en una de sus camisas se veía aún la marca de la harina y esa sonrisa y la risa tan fuerte y sus ojos negros y su pelo blanco y cuando uno le decía : “Don Pedro, cuántos años tiene?”. El jalaba un bocado del cigarro de hoja con marihuana y tomaba un trago de mezcal con alguna hierva o un hongo y su miraba en la lejanía y declaraba:¿ Pos hay chingado, a usted qué le importa, uno tiene la edad que quiere y hace lo que se le pega la rechingada gana” y se levantaba, y salía fuera de la choza y uno se estremecía y de pronto rodaba por la pendiente y se perdía y veía uno cosas o las imaginaba y así, uno perdía la memoria y el miedo.

“Usted, de pronto, es muy pedejito mijo, lo que tiene, son dudas y quiere saber lo de los demás antes que lo suyo, lo propio, a usted qué chingados le interesa mi vida, preocúpese por la suya que no es la mía” y soltaba la risotada y tomaba un buche de aguardiente con otra hierva y la mandaba en un soplido hasta la cara de uno y, sentía como pequeñas piedritas que lo adormilaban y, de pronto, lo buscaba uno y no estaba en el sitio ni en el lugar y, con miedo y temor, salía un poco fuera de la choza, sin más allá de donde alcanzaba la vista y veía uno claramente a un coyote y de pronto estaba atrás de uno, tocando y sacando el miedo y los pelos erizados y la garganta seca y, él, reía y se fijaba los ojotes cerca de los míos y explicaba: “pues ya ve, no que muy cabrón y machito, si se espanta por ver a un coyote, imagine lo que va a sentir cuando vea al Nahual, ese, si le cae bien pues ya chingó, pero si no, si le ve lo flojo y lo meado del miedo y del terror pues se changó, así se han quedado lelos y pendejos el Emilio y el Refugio que quisieron tomar la vida como si fuera un cuento cuando es la mera mera realidad, lo que no vemos es lo que en verdad está, los que te dan un chingadazo y te duele, de eso,s no te cuides ni te preocupes, esos son pinches, no tienen la fuerza y el poder de matar con la mirada y el humo o el grito o la visión, esos, son los verdaderos Nahuales a los que debes respetar y sonreír, aunque te esté llevando la chingada. Fíjate en el Cristo crucificado, su último aliento no fue para decir: “Padre, me has abandonado”, no, fue porque vio claramente el poder y al gran Nahual… y eso, fue un viernes Santo, allá en las montañas de Hidalgo…

“A ver ¿es usted virgen o ya se le rompió el pito o se la jaló hasta desollarlo? Y uno titubeaba, no sabía pues de qué se trataba y continuaba con su perorata: “Pues sí es usted ya señorito y no virgen, tiene que tomar otros aguardientes no de éstos que son fuertes, hay veces que cuando se va la fuerza por el deseo y se aloca uno, termina dominado por la viejas, las brujas y entonces sí, anda uno como lelo, menso, apendejado y no se trata de que uno sea macho y golpee a la mujer, eso, no se debe hacer, ella es la que da la vida o marca la muerte, ella tiene mucha fuerza y la expulsa solamente cuando da a luz y ahí está débil y no está segura en la vida y corre por un hilito con la muerte, por eso, solamente por eso, uno las tiene que respetar. Miré usted cómo respetaba su esposo a María y jamás le reprochó por eso del Espíritu Santo, pos daba igual, el hombre no tiene por qué parir ni estar embarazado, tenemos que alimentar a los que lleguen y, solamente la mujer sabe qué pedo, porque se puede ser infiel con el pensamiento y esa es la gran fuerza de la mujer porque, uno, anda en la pendeja, hasta hace cartitas, y canta y poesías que dicen puras pendejadas pero no hablan de la vida ni se siente el momento de la fuerza y la venida en el acostón, no sabemos los hombres, podemos eyacular o coger muchas veces y cada vez vamos perdiendo vida y fuerza porque cuando salen los mocos se van muchos hijos a la chingada y ni modo de tenerlos, esos, solamente lo hacen las mujeres y si no entiendes, pues vales madre, no sirves para nada, por eso hay más jodidos que jodidas, ni siquiera sabemos tortear ni moler ni hacer el trago ni cortar las plantas que nos hagan ver y dar poder, somos animalitos, y por ello, debemos aprender a ser Nahuales, porque entonces dominas el poder, y no me pidas que lo explique porque te mando a la chingada, es,o lo sientes dentro y lo vives o no llega jamás… Y, eso, fue en el Viernes Santo casi para amanecer el Sábado de Gloria, y tomamos más tragos y fumamos y comimos hongos y no nos perdimos, simplemente soñamos y vivimos en el sueño, en el entresueño vivimos cosas nuevas, experimentamos un poder y algo especial donde viajamos en el tiempo y veíamos desde dentro cómo latía el corazón y como la bocanada se vestía de azul o de rojo cuando sacábamos el aire y los ojos abiertos o cerrados veían y, vimos al Gran Nahual, y me dio mucha risa y este, al principio, rugió y me mira, pero solo salía risa y carcajadas y el miedo se fue como por encanto y, esto, sucedió un Viernes Santo, ya casi a la hora del Sábado de Gloria, allá, en las montañas de Hidalgo, cerca de la Huasteca y cerca de la Sierra, se olía el humo de los fogones y el aroma del café y, nos despertamos siendo otros, no sé si bien o mal, pero sin miedo ni a la vida ni a la muerte… ni siquiera al pinche Nahual…eso sí, con todo el respeto y amor a la fantasía, al sueño, a lo que es y no es, a lo que queremos creer… y somos.