Rosy RAMALES

Cierto, el Gobierno Federal encabezado por el Presidente, Andrés Manuel López Obrador (Morena), heredó un país lleno de podredumbre: Corrupción, inseguridad, impunidad.

Y de algún modo es como él dice: “(Los mexicanos) todavía tenemos que enfrentar esa inercia, esa mala herencia, ese fruto podrido, ese cochinero que nos dejaron…”

Sin embargo, es hora de dejar de culpar a los gobiernos federales emanados del PRI y del PAN, y empezar a dar resultados. AMLO ya lleva casi cinco meses en la Presidencia de la República, y ni la inseguridad, ni la corrupción, ni la impunidad llegan a su fin.

Claro, es muy difícil terminar con tales males en tan breve tiempo. Sin embargo, las y los electores creyeron en que todo cambiaría por arte de magia con la llega al poder de López Obrador, y él pensó que la delincuencia organizada se rendiría con su sola presencia.

Vaya, hasta ofreció perdonarlos si volvían al buen camino. La oferta era atractiva, pero no para quienes obtienen ganancias a gran escala de actividades ilícitas como, por ejemplo: El narcotráfico y el huachicol.

Actividades en las cuales han participado siempre políticos de todos los niveles; incluso, vía cargos de elección popular o financiando campañas electorales.

AMLO debería empezar por revisar con lupa quiénes son todas las personas que en las elecciones del 2018 ganaron un cargo mediante candidaturas de la coalición “Juntos Haremos Historia (Morena-PT-PES) y quién aportó a las campañas, incluida la presidencial.

Ahora, si prevé cambio de política en materia de seguridad pública, ¿cuál será? ¿Reiterará su ofrecimiento de perdón? ¿O declarará la guerra al crimen organizado como en su momento lo hizo el panista Felipe Calderón Hinojosa? Y habría que ver a quién.

En fin, la matanza ocurrida en Minatitlán, Veracruz, es una fuerte llamado de atención a todos los niveles de gobierno, empezando por el Gobierno Federal de AMLO con casi cinco meses en el poder y ya con la creación de la Guardia Nacional.

Pero ¿qué viene? Es la pregunta y el temor. ¿Una guerra entre militares y delincuencia organizada? ¿Matanza de civiles como simples ajustes de cuentas entre criminales o como desafío a la política de seguridad pública?

Minatitlán no es un caso aislado. Y si bien Veracruz registra la mayor incidencia delictiva a gran escala, las demás entidades federativas tampoco son la excepción, pues algunas también registran actos y actividades de crimen organizado.

Qué difícil para México y para el presidente López Obrador, quien desde campaña ha venido prometiendo lo mismo que dijo en su discurso del domingo pasado cuando tardíamente lamentó los hechos ocurridos en Minatitlán: “Vamos a limpiar al país, se va a acabar la corrupción, se va a acabar la impunidad y va a haber justicia”.

Claro, él no podrá conseguirlo solo; necesita de la colaboración de los gobernadores de las entidades federativas y presidentes municipales, empezando con los de Morena.

Necesita también más eficacia por parte de su gabinete, y urge de recomponer políticas sociales equivocadas en el sentido de representar el único instrumento para garantizar terminar con el desempleo y, en consecuencia, con cierto tipo de delincuencia.

Y es que AMLO insiste en los programas sociales como la salvación.

El sábado pasado nuevamente indicó (según un comunicado) que las oportunidades de trabajo, educación y desarrollo son la base de la estrategia de seguridad, (y) como parte de esa política, ha comenzado la distribución de apoyos de los “Programas Integrales de Bienestar”.

Los programas sociales ayudan, sí, pero no son la solución.

Lo que México necesita son fuentes de empleo, lo cual significa fortalecer las empresas existentes e impulsar la creación de muchas más tanto grandes como medianas y pequeñas. Sin embargo, parece ocurrir lo contrario; de entrada con el endurecimiento de las medidas fiscales. Así, solamente se provocará la quiebra y el cierre.

Entonces, ¿de dónde saldrá el dinero para el gasto público? Pemex tampoco ya no da; las ganancias se esfuman en entre el huachicol y el saqueo institucional. ¿O este último desapareció con el nuevo Gobierno Federal?

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