Rosy RAMALES

Ocurrió lo insólito: El Senado de la República no aprobó la reforma constitucional del presidente Andrés Manuel López Obrador en materia educativa, por un voto.

Ese voto fue el del oaxaqueño Salomón Jara Cruz, quien había votado a favor del dictamen en lo general, pero en lo particular brilló por su ausencia. Aunque también faltaron los senadores Juan José Jiménez Yáñez y Jesús Lucía Trasviña Waldenrath.

Y así se cayó la nueva Reforma Educativa cuando estaba a punto de ser aprobada y cantada como un logro más de la llamada “Cuarta Transformación” como regalo para la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en la víspera del Día del Maestro.

Vaya golpe tan duro por parte de los propios morenistas que no estuvieron en el momento clave. El golpe habría sido asimilable si obedeciera solo al incumplimiento de alguno de los senadores de oposición “amarrados” para que Morena consiguiera la mayoría calificada en el Pleno.

¿Qué pasó? Vaya usted a saber. Pero cuando algún legislador abandona la sesión en momentos clave es por alguna de las razones siguientes: Evitar comprometerse, cumplir un compromiso de no votar a favor o, incluso, un caso se suma urgencia justificada (como por ejemplo, enfermarse él o alguna persona allegada).

Como haya sido, también faltó operación por parte de los responsables de las acciones u omisiones de los senadores de Morena, y del Pleno: Ricardo Monreal Ávila como coordinador de la bancada y presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), y Martí Batres Guadarrama como presidente de la Mesa Directiva.

No debieron haber despegado los ojos de la cuenta legislativa. El hubiera no existe, pero en momentos clave se asegura la asistencia y permanencia de todos los integrantes de la bancada y de los legisladores “amarrados” para lograr la mayoría calificada. ¿Se confiaron? ¿O las cosas se les salieron de control?

¿Tuvo que ver algo la evidente rivalidad política entre Monreal y Batres? ¿Falta de coordinación entre ambos? Incluso, Martí es el responsable de la conducción de la sesión y, en consecuencia, de lo que ocurra en la misma.

A ver si no le cuesta el puesto a ambos el hecho de no alcanzarse la votación para aprobar en lo particular el dictamen de la Reforma Educativa, y los veamos en la banca antes o después de que ésta regrese a la Cámara de Diputados.

En serio, qué paradoja para Morena. Si ya estaba a casi nada de cristalizar la gran reforma de AMLO. El Pleno ya había avalado el dictamen en lo general con 95 votos en pro, 25 en contra y dos abstenciones.

Por lógica, en la votación en lo particular por lo menos se esperaban los mismos 95 votos a favor. Pero el dictamen solo consiguió 81; se mantuvieron las abstenciones y crecieron los votos en contra.

Y así el Pleno rechazó los cambios que plantearon senadores de Morena, PAN, PRI, PRD, Movimiento Ciudadano y PVEM a varios artículos del dictamen, así como para adicionar los artículos décimo noveno y vigésimo al régimen transitorio.

Con estas reservas se buscaba conservar al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, incluir el cambio climático y el combate a la violencia de género en planes y programas, entre otros puntos.

Ahora el Senado regresará el dictamen a la Cámara de Diputados, con el riesgo de que tampoco se aprueben las reservas del Senado o que ocurra lo mismo en la Cámara Alta cuando la Baja envíe de nuevo la minuta correspondiente.

Siempre existe el riesgo del rompimiento de acuerdos. Los operadores de Morena en el Congreso de la Unión y en el Ejecutivo otra vez tendrán que cabildear con los grupos parlamentarios del PRD, de Movimiento Ciudadano y del PRI.

Con el PAN parece imposible porque sus bancadas se han mantenido firmes en su rechazo a la reforma constitucional en materia educativa en los términos planteados por la “Cuarta Transformación”.

Pero antes de todo cabildeo, Morena y su jefe político deberán amarrar a sus propios legisladores. Claro, que si de democracia se trata es mejor dejarlos en libertad, pero como se juega un proyecto político, pues todos van en el mismo barco.

Y SALOMÓN SE CAYÓ

Tras la malograda votación en torno a la llamada nueva Reforma Educativa, cuando se discutía la integración de la Comisión Permanente para el siguiente receso de la Legislatura Federal, nerviosos, enojados, senadores morenistas propusieron al doctor Miguel Ángel Navarro en vez de Salomón Jara, quien iba en los primeros lugares de la lista del Senado.

Y así quedó: Salomón se cayó en la integración de dicha Comisión.

Vaya, su determinante ausencia en la aprobación del dictamen en lo particular de la reforma constitucional puede acarrearle consecuencias de largo alcance: Por ejemplo, que también se le caiga la candidatura a la gubernatura de Oaxaca.

Salvo que tal ausencia haya sido ordenada por el mero Tlatoani, cosa que parece imposible, pero en política todo puede ocurrir cuando hay razones de Estado o intereses inconfesables.

Claro, que se le caiga la candidatura en Morena, porque Salomón quizá cree tener opciones en otros partidos políticos en su natal Oaxaca, donde, por cierto, en las elecciones de gobernador de 2016 obtuvo muy alta votación, pero gracias al partido y a la fuerza de AMLO en la entidad.

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