Rosy RAMALES

El nuevo Gobierno Federal cada vez innova mecanismos para legitimar acuerdos, consejos, caprichos, decisiones. Primero fueron las consultas patito, empleadas incluso como equipo de transición, y ahora son las licitaciones desiertas.

¿En serio nadie dio los costos y la calidad y para realizar la Refinería Dos Bocas, Tabasco?

Bueno, la licitación de la primera etapa, la cual “correspondía a la dirección del proyecto, a la coordinación en su conjunto y de ahí vienen otras licitaciones”, según precisó el presidente Andrés Manuel López Obrador.

¿O declarar desierta una licitación es plan con maña? Y puede ser maña buena, como por ejemplo, la generación de empleos; posibilidad que siempre da el construir de manera directa las obras por parte de las propias dependencias del gobierno.

Según los asesores de AMLO, el proyecto (de “contenido nacional”) generará hasta 100 mil empleos; “participarán ingenieros, técnicos, especialistas y trabajadores de Petróleos Mexicanos de planta, transitorios, activos y jubilados”.

Las licitaciones desiertas a veces también implican maña mala. Por ejemplo, la compra de materiales de construcción a empresas de amigos, los porcentajes para los funcionarios en adquisiciones y en costos de planeación, o para la caja chica-electoral con facturaciones arregladas, etc.

En fin, no decimos que vaya ser el caso de la Refinería Dos Bocas, solo son ejemplos. Y como sea, la construcción de la misma estará a cargo de Pemex y bajo la coordinación de la secretaria de Energía, Rocío Nahle.

Mmm...dice la sabía filosofía popular: “Zapatero a tus zapatos”. Hay una gran diferencia entre la extracción y refinación con la planeación y la construcción de una refinería, así como con la conducción de la política energética de un gobierno.

Y miren Rocío Nahle tiene un excelente perfil académico y profesional: Es política, ingeniera en petroquímica, fue diputada federal, tiene especialidad y diplomados, e inició su carrera laboral en los complejos Petroquímicos de Pajaritos, Cangrejera y Morelos de Pemex, donde se desempeñó en las áreas administrativas, financieras, de procesos, planeación y control de calidad.

Excelente, no es ninguna improvisada en el tema del petróleo. Quizá sea valiosa su participación en la coordinación del proyecto de Dos Bocas, pero si su tarea implica también la dirección de la obra, entonces quien sabe que resulte.

Como sea, ya el presidente López Obrador tomó la decisión de que el Gobierno Federal (vía Pemex y la Sener) asuma la administración, supervisión y coordinación del proyecto de Dos Bocas para cumplir su palabra de concretarla en tres años y que cueste 160 mil millones de pesos.

Está bien que el mandatario tenga el firme propósito de terminar toda obra iniciada, máxime si es de grandes dimensiones como una refinería, para evitar dejarla a la mitad y su sucesor (ya sea de Morena o de otro partido político) decida no terminarla o demolerla.

Y claro, Dos Bocas es un compromiso con sus paisanos tabasqueños. Nada más que es con el dinero de todos los mexicanos. Ojalá después nadie tenga que lamentarlo.

En fin, AMLO ha dicho: “Es una contradicción, un absurdo que tengamos petróleo crudo y estemos comprando gasolina; que en 40 años no hayamos construido ni una refinería. (…) este es un regreso a que el gobierno pueda llevar a cabo obras por administración directa sin depender”.

Tiene razón, es absurdo. Habríamos de tomar ejemplo de Singapur, país insular en el sudeste asiático que no tiene una gota de petróleo y, que sin embargo, lo refina y exporta. Y sin tantas refinerías.

Entonces ¿qué pasa en México? Ahí sí tiene razón AMLO cuando alude el mal de la corrupción y de la impunidad.

No es con más refinerías como se van a solucionar de tajo, de fondo y definitivamente problemas como el alto costo de las gasolinas y diesel, la importación de crudo, el huachicol, los altibajos de los precios del petróleo en el mercado internacional, y los males que aquejan a Pemex.

Claro, una refinería más ayudaría mucho. Sin embargo, quien sabe hasta dónde también sería beneficiada la industria del huchicol con una planta más de donde extraer combustibles desde la misma entraña de Pemex.

Será difícil combatir un negocio de miles de millones de pesos diarios.

En fin, el Gobierno Federal debería promover al mismo tiempo las energías alternativas, las energías limpias; contar con sus propios parques eólicos. Y no por moda, sino por una necesidad ambiental.

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