* Para tener una idea clara y precisa de la trascendencia del ejemplo de vida que representa don Daniel, baste preguntar cuántos oaxaqueños se atreverían a rechazar las ofertas de varios gobernadores del estado para ser presidente municipal, diputado local y federal.

* Sin soberbia, sino por profundo respeto a la lealtad de la amistad dijo a Fernando Gómez Sandoval, Heladio Ramírez, Pedro Vásquez Colmenares y José Murat, “quiero ser su amigo, no su empleado, cuando le llame por teléfono me tome la llamada y cuando le busque me reciba”.

(A todos los oaxaqueños que han contribuido a hacer realidad el milagro de la vida, especialmente a mis familiares, amigos, compadres y compañeros periodistas, felicidades todos los días de su vida, no solo por un día. Abrazo fraterno)

Al celebrar el cumpleaños 89 de don Daniel Hernández Cruz, propietario del Restaurante El Regio, quien se compromete a cumplir y celebrar 95 años, deseo rendir homenaje a nuestros viejos abuelos y padres, con motivo de su Día, quienes nos heredaron dignidad, honor y lealtad.

Don Daniel nació en El Parián, San Jerónimo Sosola, Etla, en una cuna humilde. Su techo fue y sigue siendo el cielo. De bebé y luego de niño, soñaba y jugaba a tocar las estrellas con las manos, mientras le arrullaban los cantos en mixteco de su madre Julia Cruz Rivera, para que se durmiera.

Pero también le arrullaron los silbidos y sonidos de las viejas locomotoras de vapor del Ferrocarril Mexicano del Sur, cuya estación principal en la capital oaxaqueña, fue construida por la empresa inglesa Read & Campbell, en el barrio de Santa María del Marquesado.

El Parián era el puerto terrestre interior más importante del estado de Oaxaca, la Gran Señora del Sur. No había duda en la mente de los oaxaqueños, incluyendo la de nuestro festejado, don Daniel Hernández Cruz, que el tren iba a traer prosperidad a la ciudad y al estado, y a él mismo.

Infancia es destino. La vida de don Daniel es una permanente lección de vida, grandeza, humildad y sencillez. Huérfano a muy temprana edad, pues perdió a su padre Emigdio Hernández Guzmán a los ocho años, aprendió de sus mayores y se doctoró a golpes, cayendo y levantándose, en la universidad de la vida.

De la vida y obra de don Daniel se puede escribir un libro de muchas páginas, toda vez que fue obrero y luego Jefe de Producción en el Ingenio San Cristóbal en Veracruz, y se hizo respetar a golpes y pistola en mano por la mafia sindical, que controlaba a 250 trabajadores.

Cuando casó con doña Ofelia Hernández Ruiz, su madre le pidió que regresara a Oaxaca y dejó su trabajo en el ingenio, después de 18 años, durante los cuales le llevó a ganar los primeros lugares en producción al elevar la productividad de la zafra anual.

Seis meses después de renunciar al trabajo, el gerente general del ingenio José Othón Posada le informó que pasara a la caja, porque el propietario Roberto García Mora ordenó se le expidiera un cheque por 40 mil pesos como bonificación porque durante 8 años nunca faltó a trabajar como Jefe del Departamento de Cristalizadoras y Centrífugas.

Para tener una idea clara y precisa de la trascendencia del ejemplo de vida que representa don Daniel, baste preguntar cuántos oaxaqueños se atreverían a rechazar las ofertas de varios gobernadores del estado para ser presidente municipal, diputado local y federal.

Sin soberbia, sino por profundo respeto a la lealtad de la amistad dijo a Fernando Gómez Sandoval, Heladio Ramírez López, Pedro Vásquez Colmenares y José Murat Casab, “quiero seguir siendo su amigo, no su empleado, quiero que cuando le llame por teléfono me tome la llamada y cuando le busque me reciba”.

Pese a su renuncia, para apoyar a los locatarios aceptó ser Regidor de Mercados en el Gobierno Municipal de su compadre Alberto “El Zorro” Canseco Ruiz. Asimismo, sin ser serrano y a pesar que éstos son extremadamente celosos en sus usos y costumbres, el pueblo de Natividad, Ixtlán, le pidió ser su presidente municipal.

La razón de este honroso cargo es muy simple y sencilla, durante su desempeño como Jefe de la Estación de Telégrafos Mexicanos sirvió eficaz y eficientemente a Natividad sin ser su pueblo natal. Como alcalde y con el apoyo del gobernador Heladio Ramírez López construyó el Centro de Salud.

Sin falsas modestias reconoce que debe lo que es a su madre Julia y a los Cuatro Alegres Compadres que le brindaron su amistad, los juristas Carlos Lira Rodríguez, Raúl Bolaños Cacho Güendulain, Alberto “El Zorro” Canseco Ruiz y el doctor Jorge Pérez Guerrero.

Jamás olvida, sobre todo, la mayor lección de vida que le diera el primo hermano del presidente Gustavo Díaz Ordaz Bolaños Cacho, cuando vio madera de líder en el entonces joven mixteco: “Danielito, nunca olvide que para ser un buen dirigente hay que aprender a escuchar a los demás”.

Ello, le permitió llegar a jugar en las grandes ligas nacionales como vicepresidente nacional de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC) y consejero nacional del viejo PRI, además de presidente del Consejo Turístico Oaxaqueño.

En 1970, como presidente de la Federación de Mercados del Estado de Oaxaca convocó al último paro de protesta contra los abusos de los inspectores fiscales, obligando a venir a Oaxaca a negociar con él al Subsecretario de Hacienda de Miguel de la Madrid, Gustavo Petricioli Iturbide.

Éste dijo a don Daniel que se salvó de ser detenido y llevado a la cárcel, porque no obstante el cierre de los mercados públicos en el estado, no se dejó sin alimentos a la población, al instalar puestos de comida en las calles, y atendió la demanda de los locatarios oaxaqueños de terminar con el terrorismo fiscal.

Es indispensable recuperar la memoria histórica. El primer tren llegó a Oaxaca, el día 12 de noviembre de 1892. Con sentimientos encontrados en el pecho, el entonces gobernador del estado, general Gregorio Chávez, sólo logró exclamar: “¡Gloria in excelsis Deo!” ¡Gloria en los altos cielos a Dios!

En el tren inaugural arribaron a la estación de la capital oaxaqueña, además de Díaz, su esposa Carmen Romero Rubio, Juan de Dios Peza, Joaquín Baranda y Matías Romero, promotor de la obra, siendo la última vez que Díaz visitaría su estado y tierra natal.

De hecho, la llegada del ferrocarril fue un momento trascendental en el proyecto de la modernización porfiriana, ya que permitió la exportación de metales preciosos, oro y plata, y estratégicos como el manganeso, productos agrícolas comerciales y la importación de maquinaria.

Hacia finales del porfiriato, había casi 500 kilómetros de vías en el estado. Su desmantelamiento con la privatización de Ferrocarriles Nacionales de México por la estupidez del presidente Ernesto Zedillo en 1995 y la terminación del servicio en 2004 es un drama socioeconómico y una muestra de la visión a corto plazo que prevalece en el tema del transporte ferroviario.

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