Rosy RAMALES

En la actualidad, en materia de derecho penal existe el principio de presunción de inocencia; o sea, nadie es culpable hasta en tanto se demuestre lo contrario.

En nuestro país, este principio cobra relevancia a partir de las reformas del 2011 en Derechos Humanos, más todavía después del cambio de modelo procesal penal. Pero el principio no es nuevo; tiene su antecedente en la Constitución de Apatzingán de 1814, en cuyo artículo decía: “Todo ciudadano se reputa inocente, mientras no se declare culpado”.

Claro, la culpabilidad se debe demostrar solamente a través de un proceso o juicio, y hasta entonces el Estado podrá aplicar una pena a la persona inculpada.

Así que Rosario Robles Berlanga goza del principio de presunción de inocencia, aun cuando la Fiscalía General de la República (FGR) ande sobre los pasos de quien fuera titular de la Secretaría de Desarrollo Social en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, del PRI.

Por cierto, la ex funcionaria no es militante del Revolucionario Institucional, sino provenía de la izquierda; incluso, fue Jefa de Gobierno del entonces Distrito Federal cuando Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano dejó vacante la jefatura para irse como candidato a la Presidencia de México.

¿Tendrá alguna relación su salto al priismo? No. Es mucha la distancia y distintos los momentos políticos como para que sus pendientes vengan de aquél momento; además, los delitos también prescriben (bueno, aunque los pecados políticos no).

Los pendientes más bien son recientes.

Como es sabido, la Fiscalía General de la República (FGR) hizo la siguiente petición, según un documento al que tuvo acceso el medio Eje Central:

“Por medio del presente solicito de la manera más atenta se me señale fecha y hora para la celebración de audiencia inicial para formular la imputación y vinculación a proceso en contra de la C. MARÍA DEL ROSARIO ROBLES BERLANGA por el delito de EJERCICIO INDEBIDO DEL SERVICIO PÚBLICO”.

Y seguramente tiene relación con su función en la administración peñista, en la cual fungió como titular de dos secretarías: Desarrollo Social y Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu). Incluso, antes de la finalización del sexenio, a Rosario la envolvió el escándalo en torno a la llamada “Estafa Maestra”.

En fin, Robles Berlanga tendrá que enfrentar las consecuencias de sus actos. Pues aunque tenga derecho a gozar del principio de presunción de inocencia será sometida a un juicio si la Fiscalía consigue la audiencia; de hecho, la sola petición de la Fiscalía ya le causa molestias a la ex funcionaria.

Como sea, cabe la siguiente pregunta: ¿Rosario Robles habría desplegado sola la conducta delictiva? ¿O junto con ella caerán más ex funcionarios?

Vaya, el jefe inmediato de ella era el mismo Peña Nieto en su calidad de Presidente de la República. No digan que éste jamás se enteró de la conducta de sus funcionarios.

Lo curioso, lo extraño, es que el ahora ex mandatario y colaboradores más allegados se paseen por el país como Juan por su casa. ¿Gozan de impunidad a cambio de entregar solo algunas cabezas? ¿O en realidad los delitos solo los habría cometido una persona? ¿No hay autor intelectual, ni partícipes?

Y cuando se ve a los priistas con esa ansiedad de seguir cavando la tumba del PRI, queda la duda sobre si tiene relación con cualquier intercambio de impunidad.

Lo que es la política. Rosario Robles le entregó la estafeta a Andrés Manuel López Obrador en la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal; y ahora ella enfrentará a la justicia precisamente en la época de la llamada Cuarta Transformación, encabezada por el tabasqueño, salvo que no la vinculen a proceso o al final la exoneren como resultado del juicio.


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Rosy RAMALES