Guadi Calvo*.

Desde principios del mes de agosto el Primer Ministro Narendra Modi ordenó una serie de medidas, por resolver a favor de India la cuestión de Cachemira, el estado separatista de mayoría musulmana, que ya ha provocados dos guerras con Pakistán y un sin número de enfrentamientos fronterizos de distintas proporciones desde la partición en 1947. Lo que ha convertido la Línea de Control, (LC) el punto más sensible de la frontera cachemir entre India y Pakistán, el área más militarizada del mundo y una de las de máxima tensión ya que ambas naciones poseen armamento nuclear.
El último de los “incidentes” se produjo en el mes de febrero que escaló como ningún otro en los últimos treinta años, y el que el supremacista Modi utilizó como parte de su campaña para la reelección la que consiguió en mayo pasado.
Las acciones iniciadas el 4 de agosto degradaron el estado de Jammu y Cachemira a un simple territorio, además de otra acciones como la suma de 35 mil nuevos efectivos a los más de 700 mil que se encuentran desplegados en el estado, la suspensión de una de las más importantes peregrinaciones religiosas que congrega millones de fieles en el norte de Cachemira, el cierre de escuelas y colegios, la expulsión de turistas y peregrinos del territorio, la clausura de todas las comunicaciones telefónicas y de internet, además de dejar con arresto domiciliario a más de 500 dirigentes de los principales partidos políticos y movimientos separatistas no violentos del Estado, prácticas que en su oportunidad también utilizaron los Primeros Ministros Nehru e Indira Gandhi. Aunque la más drásticas de las medidas fue de eliminar lo que se conoce como artículo 370 y el 35 A, que ha sido la base de la complicada convivencia entre Jammu y Cachemira con Nueva Delhi desde que en el antiguo principado adhirió a la Unión India en 1947.
El artículo que acaba de ser revocado otorgaba importantes cuotas de autonomía a Cachemira, permitiéndole dictar su propia constitución, leyes y hasta el uso de una bandera independiente, mientras que los asuntos exteriores, la defensa y las comunicaciones quedaban en manos del gobierno nacional. Al tiempo el gobierno estadual podía establecer sus propias normativas sobre la ciudadanía, como el derecho a la propiedad privada y las libertades fundamentales de los ciudadanos, mientras imponía restricciones a los indios no cachemires, para adquirir propiedades o establecerse en el Estado.
Según el partido gobernante el Bharatiya Janata Party (Partido Nacionalista Hindú) archivar el artículo 370, ha sido la corrección de un “error histórico”, que habría provocado entre otros “males”, la falta del desarrollo económico y de la democracia y la perpetuación de la corrupción.
Modi, fortalecido por su reelección en mayo pasado, apura a avanzar contra la autonomía cachemir y utiliza esta situación excitando no solo el nacionalismo, sino también la religión hindú, contra Pakistán, el gran enemigo histórico y el islam, intentado ocultar con estas acciones la desaceleración de la economía el crecimiento de la desocupación y la pobreza y los movimientos terrorista y el separatismo armado.
La incursión de Nueva Delhi, en el territorio en disputa también intenta dividir el estado en dos territorios, administrados por el gobierno central. Una región combinará sectores de la Cachemira musulmana y sectores del Jammu hindú, la otra parte Ladakh, de mayoría budista, cultural e históricamente cercana al Tíbet. La propuesta intenta alentar a los colonos hindúes de otros estados establecerse en los valles de Cachemira, donde se crearan escuelas colegios y universidades para no musulmanes. Muchos cachemires temen que detrás de las maniobras para establecer hindúes en la región esconda la pretensión de un sustancial cambio demográfico y convertir a la India en su totalidad en una nación hindú donde la las minorías religiosas se conviertan en ciudadanos de segunda clase.
Jammu y Cachemira cuenta con una población de cerca de 13 millones de habitantes mayoritariamente musulmana que representa cerca de un ochenta por ciento, con grupos minoritarios budistas, hindúes y sijs.
Pakistán responde.
Islamabad por su parte respondió a las mediadas disminuyendo la cantidad de diplomáticos en India y la expulsión del embajador indio en Pakistán, además de la suspensión de acuerdos económicos y el servicio de ferrocarriles. El primer ministro pakistaní Imran Khan, que vive su primera gran controversia con sus vecinos del sur anunció que denunciara en todos los fueros internacionales al “brutal régimen racista indio” y las violaciones de los derechos humanos en Cachemira. Mientras que se ha aclarado que Pakistán no prepara ninguna acción militar. Aunque si brindará apoyo diplomático, político y moral a los hermanos cachemires y seguirán defendiendo su “derecho de autodeterminación”. En declaraciones del lunes 12 el embajador pakistaní en Estados Unidos planteó posibilidad de que su país establezca desde la frontera de Afganistán hasta la frontera con Cachemira, importantes dotaciones militares, lo que podría complicar las conversaciones de paz entre Estados Unidos y el talibán.
Por su parte el Ministerio de Relaciones Exteriores de Pakistán, denunció que, “Cachemira se ha convertido en la cárcel más grande del mundo”, ya que India ha establecido el toque de queda obligando a los ciudadanos a permanecer en sus casas. La normativa ha impedido la celebración en plenitud del Eid al-Adha o fiesta del sacrificio, el mayor evento musulmán del año en Cachemira. El pasado lunes 12, cuando se cumplía una semana del cambio de estatus en la región, las celebraciones debieron acotarse a la intimidad familiar, cuando la costumbre implica que los vecinos parientes y amigos salgan a las calles para ofrecer la carne de una oveja o cabra sacrificada ritualmente. Este año ni siquiera se permitieron las llamadas telefónicas entre familiares. En Srinagar, capital de verano de Cachemira, según dijeron las autoridades indias por temor a ataques extremistas o acciones de carácter político por parte de los grupos separatistas se establecieron fuertes controles de transito vehicular y peatonal en las zonas más sensibles. Así todo aunque no se reportaron oficialmente se conocieron importantes manifestaciones que la policía debió reprimir con gases lacrimógenos.
La jugada de India sobre Cachemira, a simple vista parece mucho más sencilla armarla que desarmarla, Nueva Delhi, avanzó simbólica y materialmente muy profundo en los territorios en disputa como para regresar sencillamente, como si nada hubiera sucedido.
En ese territorio operan un importante número de organizaciones armadas tanto de tendencia laicas separatistas, como fundamentalistas religiosos ambos grupos infiltrados por la inteligencia pakistaní Services Intelligence (ISI), que podría como lo han hecho innumerables veces operar según las necesidades propias de Pakistán.
La presencia de tropas india siempre consideradas como un ejército de ocupación, dispuestas a abusar y violentar a los musulmanes no tardarán en exasperar los ánimos de los militantes, por lo que se esperan ataques y atentados, cuestión que Modi sabrá jugar significativamente a su favor. Desde 1989, cuando comenzaron los movimientos insurgentes separatistas y anti hindúes ya suman más de 70 mil muertes, cifra que sin dudas en poco tiempo más seguirá trepando en honor a Kali diosa hinduista de la destrucción y la muerte.
*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.