Rosy RAMALES

México tiene una deuda histórica con el Sur Sureste. Sí. Y sexenio tras sexenio tal frase, que encierra arrepentimiento y compromiso, se ha quedado en mero discurso.

Y volvió a sonar en el reciente encuentro ‘Hacia un Sur-Sureste del Futuro, Pacto Oaxaca, donde el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, los gobernadores de la región y empresarios del país, manifestaron su intención de impulsar los eslabones del desarrollo y la cadena productiva.

¿Ahora sí va en serio? ¿O en seis años escucharemos la misma reivindicación en boca de nuevos mandatarios, federal y estatales; nuevos, a menos que vayan por la reelección. Si AMLO va, seguramente también los gobernadores querrán.

Pues el presidente López Obrador tiene la voluntad de impulsar el desarrollo de la región olvidada. Caso contrario, se hubiese negado a arropar dicho encuentro, organizado por el gobierno del estado de Oaxaca y la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin).

Y los mandatarios estatales y los empresarios están más que puestos.

Así que el encuentro y el acuerdo denominado ‘Hacia un Sur-Sureste del Futuro, Pacto Oaxaca” es muy buena iniciativa para impulsar sobre todo proyectos estratégicos, pero sin descuidar el impulso a la mediana y pequeña empresa, aplicando inversión pública y privada, incluso extranjera.

Bien, ahora hay que pasar de las palabras a los hechos.

Bueno, de hecho los grandes planes del presidente López Obrador ya están en marcha como son la Refinería de “Dos Bocas”, en su natal Tabasco y el Tren Maya.

Del Corredor Interoceánico para el Desarrollo del Istmo de Tehuantepec, el proyecto ejecutivo le fue entregado por el gobernador anfitrión, Alejandro Murat Hinojosa y su homólogo de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez.

¿Realizarán todos? No vaya siendo que AMLO solo le cumpla a los tabasqueños.

Y si de inversión se trata, ‘Hacia un Sur-Sureste del Futuro, Pacto Oaxaca” debe contemplar más proyectos tanto estratégicos como de impacto local.

En las entidades sureñas pululan las grandes obras inconclusas porque ciertamente las administraciones federales han dado preferencia a las entidades del centro y norte del país, sobre todo en los últimos años cuando la región olvidada acrecentó su preferencia electoral por la izquierda.

Como Oaxaca, por ejemplo, donde poco se pararon los presidentes de extracción panista Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hijonojosa, y nada de importancia hicieron.

Menos hizo Enrique Peña Nieto, quien realizó vistas relámpago a Oaxaca y contadísimas con los dedos de una mano: No podía entrar, un tanto rechazado por la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y organizaciones sociales, y otro tanto porque quizá no tenía interés en una entidad perdida para el PRI.

Ocurre todo lo contrario con AMLO: Oaxaca es uno de sus estados consentidos. Y desde que asumió la Presidencia de la República lo ha visitado por lo menos una vez al mes. Incluso, apenas estuvo el miércoles y regresará el fin de semana para recorrer hospitales. ¿Por qué tanta atención a entidades del Sur-Sureste, sobre todo entidades como Tabasco, Oaxaca, Chiapas, Guerrero? En el caso de la primera es obvio: Ahí nació. Las otras dos porque son de las más marginadas y pobres del país, y en las cuales han estado latentes los estallidos sociales; incluso, con semillas de guerrilla.

Además si por las acciones de su gobierno, AMLO llega a ser rechazado por los ricos del norte del país, sabe que tendrá una base social dispuesta a defenderlo en el Sur-Sureste; incluso, a volcarse por él en una eventual reelección.

Por cierto, Oaxaca es un estado prácticamente ganado por Morena para la próxima gubernatura. Por lo menos así parece hasta el momento.

López Obrador siempre piensa en trascender, siempre se adelanta, entonces quizá sea probable su intención de convertirse en el personaje que cambió la suerte de esta región.

Si lo consigue, con toda seguridad engrosará las páginas de la buena historia de México.

Y para conseguirlo se necesita además impulsar la empresa y la industria local en los estados del Sur-Sureste con créditos, incentivos fiscales y acompañamiento social, pues nunca faltan los grupos “sociales” y comunidades que sin razón obstruyen la actividad del sector productivo.

ALEJANDRO MURAT

Dicen que en alguna reunión el presidente Andrés Manuel López Obrador comentó su deseo de que los empresarios e industriales mexicanos inviertan más en el Sur-Sureste del país, que en el Centro y Norte, a fin de conseguir equilibrio en el desarrollo económico en las regiones mexicanas.

Y de ahí nació la idea del encuentro y acuerdo ‘Hacia un Sur-Sureste del Futuro, Pacto Oaxaca, encabezado por el gobernador Alejandro Murat Hinojosa, actual coordinador de la Conago en esta región.

Pero como en política nada es casualidad, sino causalidad. Pacto-Oaxaca conlleva un rédito político para el joven mandatario: Lo coloca como líder político en el Sur-Sureste y, en consecuencia, le da reflectores nacionales.

Y Alex tiene su corazoncito puesto en cargos nacionales: La misma Presidencia de la República. Y claro, si ahora apoya a AMLO, puede que éste sea recíproco cuando llegue el momento de la sucesión, máxime si el PRI desaparece en la próxima elección intermedia o si Murat Hinojosa migra a Morena.

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