El discurso del presidente colombiano Juan Manuel Santos en la ceremonia en Oslo, Noruega, donde le entregaron el Premio Nobel de la Paz 2016, estuvo lleno de reflexiones y mensajes tanto para los colombianos como la comunidad internacional.
Reflexiones sobre la guerra, las víctimas, la paz, la esperanza, la vida, pero también mensajes sobre la lucha contra las drogas, y la
importancia del perdón y la reconciliación.
Las frases más destacadas del Premio Nobel de la Paz 2016:
– La guerra que causó tanto sufrimiento y angustia a nuestra población, a lo largo y ancho de nuestro bello país, ha terminado.
– Al igual que la vida, la paz es un proceso que nos depara muchas sorpresas.
– Los colombianos nos sentíamos como habitantes de Macondo: un lugar no solo mágico sino también contradictorio.
– Debo confesar que esta noticia (el Premio Nobel de la Paz) llegó como un regalo del cielo.
– En un momento en que nuestro barco parecía ir a la deriva, el Premio Nobel fue el viento de popa que nos impulsó para llegar a nuestro destino: ¡El puerto de la paz!
– ¡Llegamos a puerto!
– Termina el conflicto armado más antiguo, y el último, del Hemisferio Occidental.
– América –desde Alaska hasta la Patagonia– es una zona de paz.
– Tal vez, hoy más que nunca, podemos atrevernos a imaginar un mundo sin guerra.
– Lo imposible puede ser posible.
– La guerra no puede ser de ninguna manera un fin en sí misma. Es tan solo un medio, y un medio que siempre debemos tratar de evitar.
– Es mucho más difícil hacer la paz que hacer la guerra.
– Es insensato pensar que el fin de los conflictos sea el exterminio de la contraparte.
– La victoria final por las armas –cuando existen alternativas no violentas– no es otra cosa que la derrota del espíritu humano.
– El primer paso fue dejar de ver a los guerrilleros como enemigos, para considerarlos simplemente como adversarios.
– Humanizar la guerra no es solo limitar su crueldad, sino también reconocer en el contrincante a un semejante, a un ser humano.
– El verdadero premio: ¡La paz de mi país!
– La paz no es de un presidente ni de un gobierno, sino de todo el pueblo colombiano, pues la tenemos que construir entre todos.
– (Este premio) lo recibo –sobre todo– en nombre de las víctimas; de más de ocho millones de víctimas y desplazados, cuyas vidas han sido devastadas por el conflicto armado, y más de 220 mil mujeres, hombres y niños que, para nuestra vergüenza, han sido asesinados en esta guerra.
– Este premio pertenece también a los hombres y mujeres que, con enorme paciencia y fortaleza, negociaron en La Habana durante todos estos años.
– Yo quiero exaltar la voluntad (de los negociadores de las FARC) de abrazar, de alcanzar la paz, porque sin ella el proceso hubiera fracasado.
– Dedico este premio a los héroes de las Fuerzas Armadas de Colombia.
– Comparto este premio con la comunidad internacional que, con generoso y unánime entusiasmo, respaldó el proceso de paz desde sus inicios.
– El acuerdo de paz en Colombia es un rayo de esperanza en un mundo afectado por muchos conflictos y demasiada intolerancia.
– Lo que en un principio parece imposible –si se persevera– se puede volver posible, incluso en Siria o en Yemen o en Sudán del Sur.
– El apoyo regional es indispensable para la solución política de cualquier guerra asimétrica.
– No me cabe duda de que este modelo (de justicia transicional) será uno de los grandes legados del proceso de paz de Colombia.
– Hay una guerra menos en el mundo, ¡Y es la de Colombia!
– La Guerra contra las Drogas no se ha ganado, ni se está ganando (…) Es hora de cambiar nuestra estrategia.
– No tiene sentido encarcelar a un campesino que siembra mariguana, cuando –por ejemplo– hoy es legal producirla y consumirla en ocho estados de Estados Unidos.
– La forma como se está adelantando la guerra contra las drogas es igual o incluso más dañina que todas las guerras juntas que hoy se libran en el mundo.
– Somos el resultado de nuestros pensamientos; pensamientos que crean nuestras palabras; palabras que crean nuestras acciones.
– Tenemos que cambiar desde adentro. Tenemos que cambiar la cultura de la violencia por una cultura de paz y convivencia; tenemos que cambiar la cultura de la exclusión por una cultura de inclusión y tolerancia.
– El proceso de paz de Colombia que se premia hoy en Oslo es la síntesis y el resultado de muchos esfuerzos positivos que se han realizado a través de la historia y alrededor del mundo.
– En un mundo en que los ciudadanos toman las decisiones más cruciales –para ellos y para sus naciones– empujados por el miedo y la desesperación, tenemos que hacer posible la certeza de la esperanza.
– En un mundo en que las guerras y los conflictos se alimentan por el odio y los prejuicios, tenemos que encontrar el camino del perdón y la reconciliación.
– En un mundo en que se cierran las fronteras a los inmigrantes, se ataca a las minorías y se excluye a los diferentes, tenemos que ser capaces de convivir con la diversidad y apreciar la forma en que enriquece nuestras sociedades.
– Despertemos la capacidad creadora para el bien, para la construcción de la paz, que reside en cada alma.
– Al final, somos un solo pueblo y una sola raza, de todos los colores, de todas las creencias, de todas las preferencias.
– Nuestro pueblo se llama el mundo. Y nuestra raza se llama humanidad.
– El sol de la paz brilla, por fin, en el cielo de Colombia. ¡Que su luz ilumine al mundo entero!
