Como la mayoría de ustedes sabe, queridos catorce lectores, coordino un proyecto que tiene la finalidad de que jóvenes con ideas rotundamente polarizadas logren escucharse los unos a los otros (metanoiamx.com). Hace unos días realizamos el primero de estos encuentros y sinceramente les digo que salió a toda mother.
Pero han sido los días posteriores al diálogo los que me han permitido llegar a varias conclusiones.
La primera es que el joven mexicano de clase media (que es el público que mayoritariamente asistió al primer Diálogo por un Presente con Futuro) tiene un gran interés por escuchar y opinar sobre la realidad que vive y muere. Únicamente necesita la oportunidad, misma que logramos brindar en Metanoia MX con la colaboración del Centro Universitario México.
Es necesario que estos espacios de expresión no estén auspiciados por partido político alguno. El primer diálogo trató sobre educación y se habló fuerte. Se repartieron datos, quejas y responsabilidades para todos lados. Situación que se pudo dar gracias a que los jóvenes que coordinamos no tenemos un aparato detrás de nosotros, ni un mecenas financiando nuestras ideas.
Fuimos diecisiete jóvenes (coordinadores y dialogantes) los que logramos juntar a 116 más, un viernes por la noche, para escuchar y dialogar sobre los problemas que enfrenta nuestra Nación. El problema radica en pasar del diálogo constructivo a las propuestas y acciones que construyan.
¿Pero cómo podemos lograr construir objetivos comunes reuniéndonos únicamente una vez al mes? ¿Si al día siguiente cada uno regresa a su respectiva burbuja, con sus debidos dogmas y unilateralismos?
Más allá de la bella realidad que implicó reunir a jóvenes de la UNAM, ITAM, CIDE, UAM, COLMEX, IBERO, ENAP y demostrar que no estamos dispuestos a heredar rencores y odios; al salir nos topamos con la cerrazón imperante de la Clase Política, pobreza abrumadora, una crisis de seguridad brutal, una realidad cuyos escenarios más crudos nos tocará vivir a nosotros los jóvenes y nuestras futuras familias.
Al estar moderando el diálogo entre cuatro jóvenes, cuatro amigos, recordé cuántas personas pude evitar que salieran (o entraran) de mi vida de haberme sentado a dialogar con ellas; si hubiera entendido antes que la verdad puede ser dura, triste, podrida, pero al fin, libera.
Creo que eso es lo que nos falta en México, sinceridad sobre lo que estamos viviendo.
No sé a qué puerto nos llevarán los cuatro diálogos siguientes, únicamente les puedo asegurar que seguiremos planteando nuestras preguntas, y que en el simple hecho de expresarlas, hay ya un atisbo de respuesta.
