Enrique Meza se apoyó en su añeja sabiduría para darse cuenta de eso. Vio a Javier Aquino, ese duendecillo azul punzante en el tormento de la suplencia, lo ingresó para que rescatara el invicto de La Máquina ante un puma que no puede ganar. El “Ojitos” suspiró para tratar de evitar la inconformidad de un empate a uno en casa que no le da argumentos para estar contento con su cosecha de 11 puntos.
Guardado, impaciente por entrar, porque quizá se había dado cuenta de que tenía que ser parte del 11 inicial de Meza. Pero no, su entrenador prefirió dejarlo fuera de la titularidad. Pero en cuanto Aquino supo que entraba de cambio sin siquiera terminar el primer tiempo se quitó la casaca para demostrarle a su técnico que se había equivocado, para mantener la insípida imbatibilidad de su equipo con un derechazo raso y letal (65′).
La entrada del convocado al Tri preolímpico fue ovacionada, reclamada por la fanaticada local, porque es un canterano celeste que se ha ganado el cariño del público.
Se convirtió en el revulsivo que necesitaba ante Universidad que volvió de Avándaro, de una muerte emocional, casi resurrecto para hacer temblar el invicto de La Máquina.
El camiseta 7 celeste fue la luz en un cuadro grisáceo. Ni Christian Giménez, ni Emanuel Villa encuentran la manutención de un nivel que le dé a su club una imagen ganadora.
Omar Bravo aún no sabe de qué jugar; Maranhao, por mucho, el más peligroso de los celestes y eso que se diluyó.
De lado universitario, algo pasó en el edén mexiquense. Quizá fueron los regaños de Guillermo Vázquez que no soportó la tragedia puma de la semana pasada con la caída ante Puebla y exigió que no volviera a repetirse la peor versión de su equipo.
Pudo ser también que se dijeran los futbolistas universitarios sus verdades, sus inquietudes, las aceptaron y superaron. Quizá simplemente se acordaron que son parte de una institución grande.
Memo ha apostado por la valentía en los últimos días. Pocos se atreven a llevarse a su equipo a una concentración previa al choque con otro grande. Los alejó de la presión, les despojó la soberbia que en los últimos partidos se habían hecho palpables en el accionar felino.
Martín Bravo, correlón y descarado; Darío Verón impenetrable; Efraín Velarde, punzante; Eduardo Herrera y Juan Carlos Cacho recuperaron la complicidad del gol con una pared mágica que terminó en un remate del canterano puma (21′) que aprovechó un rebote en el poste del balón que él mismo había enviado para allá. Así se adelantó Pumas.
La gallardía de Vázquez rindió resultados y, aunque Pumas, ya liga cinco juegos sin ganar, este sábado sí se murió en la cancha con una actitud de respeto a la institución que representan. Aún así no sale del todo de la crisis con seis puntos en siete fechas.
Ante la falta de la valentía inicial de Enrique Meza surgió Javier Aquino, quien estuvo a punto de convertirse en la figura para que Cruz Azul sumara de tres. Mandó un centro a Javier Orozco, pero un zarpazo agónico de Alejandro Palacios le robó el heroísmo de ser el asistente del triunfo.
Si hubiese jugado como en los primeros 35 minutos, quizá Pumas no hubiera ligado ya seis partidos sin derrota en el Azul, pero el hubiera no existe. Los celestes, en la mediocridad de su invicto; Universidad no sabe ganar.
Agencia El Universal
