En el marco del Coloquio de Fotografía Documental Mexicana, que se desarrolla en la Dirección de Estudios Históricos, un grupo de destacados fotógrafos mexicanos reflexionaron sobre la vertiginosa transformación que ha vivido la fotografía en los últimos 50 años. Por un lado las cámaras analógicas dieron paso a las digitales; los procesos de impresión quedaron en el olvido y la labor del fotoperiodista se ha adecuado a los nuevos tiempos, en el que los videos cobran fuerza.

En la mesa “Cambios en la era digital”, los fotógrafos Javier Hinojosa, Eniac Martínez, Armando Cristeto, Luis Jorge Gallegos y José Carlo González dieron su opinión sobre la forma en que los avances tecnológicos han trastocado su quehacer profesional.

El primero en abrir la sesión fue el fotógrafo y editor de libros Javier Hinojosa, quien ha ilustrado más de cien publicaciones de arte y catálogos sobre la cultura mexicana. Antes de hacer un repaso por su trabajo, dedicó su participación al artista plástico Felipe Ehrenberg, quien falleció el pasado lunes 15 de mayo, en Cuernavaca, Morelos.

Hinojosa, narró que sus inicios en la fotografía fueron a mediados de los años 70, cuando las cámaras eran de mirilla y usaban cartuchos recargables, y el revelado de imágenes se hacía en un cuarto oscuro.

De 1980 a 2008, se encargó de documentar las obras de arte, que para él significó una forma de narrar la historia de México, para lo que se valió de placas de buen tamaño con una cámara 4x5. De esa labor conserva más de 20 mil imágenes, pero realizó más de 50 mil.

Recordó que para finales de los años 90 y principios de 2000 se empezó a desarrollar una tecnología hibrida en el trabajo fotográfico, porque aún existían los negativos, pero ya se hacían las primeras digitalizaciones y se podían guardar en discos compactos. En el año 2000, con la digitalización, el trabajo se simplifica, ya no son necesarios los laboratorios de revelado y se puede mirar al momento la imagen captada.

El artista, quien ha publicado libros como Silencios compartidos (1998) y Mayas: espacios de la memoria (2000), relató que en 2001 fotografió el friso de Calakmul con una cámara analógica y después las imágenes fueron digitalizadas para realizar una imagen completa.

Las transformaciones, dijo, no sólo han sido en las cámaras, sino también en la impresión, que cada vez tiene mejor resolución. “Otro de los elementos que ha ayudado a los fotógrafos a realizar imágenes panorámicas son los drones, que permiten obtener imágenes de sitios arqueológicos o edificios contemporáneos desde las alturas”.

Señaló que como fotógrafo disfruta tanto de los procesos analógicos como de los digitales, ya que cada uno ofrece distintas formas de trabajo.

Por su parte, el fotógrafo independiente, Luis Jorge Gallegos, expresó su preocupación, al no existir contenedores donde se puedan resguardar a futuro las miles de imágenes que se generan, “estamos haciendo fotografía efímera”.

Recordó que en el pasado se tenía la costumbre de guardar los negativos e imprimir las fotografías, pero ahora las imágenes son almacenadas en memorias, servidores y en la nube, pero se pregunta quién nos asegura que en 15 o 20 años más se pueda acceder a esas imágenes, ya que la tecnología cambia.

El maestro de la lente, Eniac Martínez, sostuvo que su generación va a caballo entre el mundo análogo y el digital, pero su trabajo siempre ha estado encaminado a mostrar una realidad. “Me sigue interesando lo que se dice y cómo se dice y no la superabundancia de imágenes”.

Martínez, quien ha realizado proyectos fotográficos sobre migrantes, la basura en los ríos y numerosas exposiciones en México y el extranjero, sostuvo que para él lo importante es contar una historia con la ayuda de las fotografías.

En su intervención José Carlo González, fotógrafo del periódico La Jornada, refirió que en la era digital el fotoperiodismo se ha tenido que adecuar a las redes sociales, y ahora no sólo hay que realizar foto fija, sino también grabar video.

Finalmente, Armando Cristeto, fotógrafo independiente, se refirió al color de las imágenes en los medios impresos en México, mencionó que hasta finales de los años 70 la fotografía era en blanco y negro hasta que surgió la revista Proceso en 1970 con portada a color, y para 1977 el Unomásuno fue el primer diario en llevar todas sus páginas a color, poco a poco todos los diarios nacionales lo fueron adoptando.

El coloquio es organizado por los institutos Nacional de Antropología e Historia (INAH) —a través de su Dirección de Estudios Históricos y de la Escuela Nacional de Antropología e Historia— y de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, en colaboración con la Universidad Jean Jaurès, de Toulouse, Francia.