Dos ministros Brasileños renuncian a sus cargo tras acusaciones de corrupción

BUENOS AIRES, Argentina.- El gobierno de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, sufrió la renuncia obligada de dos ministros acusados de corrupción en menos de un mes. El equivalente a un desgaste más que pronunciado para una administración que viene haciendo esfuerzos denodados por romper amarras con su creador de origen, el ex presidente Luiz Inácio Lula Da Silva (2003-2011).

La caída del ministro de Transportes, Alfredo Nascimento, acusado de cobrar sobornos de empresas constructoras en obras para el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, y de beneficiar a una empresa de su hijo, que en los últimos dos años llegó a crecer el 86,500 por ciento (ochenta y seis mil quinientos por ciento) gracias a los contratos con el Estado, no significó un golpe tan duro para Rousseff como la de su todopoderoso jefe de la Casa Civil, Antonio Palocci, pero guardan una similitud. Los dos fueron designados en sus cargos por Lula.

Palocci, porque había sido su jefe de campaña y lo hizo reincidir en esas funciones con Dilma, Nascimento fue el resultado de los acuerdos políticos que el oficialismo tuvo que realizar con formaciones políticas menores, para asegurarse el apoyo en el Congreso.

Líder del Partido de la República (PR), Nascimento enfrentará ahora una comisión investigadora y otra pesquisa paralela que el propio gobierno llevará adelante, según lo anunció este jueves a través del ministro de Justicia, José Cardoso.

No obstante, a Nascimento, quien anunció que reasumirá su banca en el Senado por el Amazonas, le queda el margen de maniobra que 40 diputados de su agrupación y siete senadores le pueden dar en el particular sistema político brasileño, del que todos los gobiernos, desde la recuperación democrática en 1985, terminan siendo rehenes y cómplices al mismo tiempo.

Hay sobradas evidencias, desde que el pasado domingo el semanario Veja publicara las primeras evidencias que comprometían al ahora ex ministro, que las denuncias fueron lanzadas desde el propio círculo presidencial.

“Tanto ahora con lo de Nascimento como cuando dudaba de expulsar a Palocci, Dilma da muestras de que no se siente cómoda como directora de orquesta y menos en la interlocución con los políticos”, opinó el analista Clovis Rossi.

Este jueves sus allegados apuntaban nuevamente “a la herencia de Lula” a la hora de justificar este nuevo caso de corrupción en su gobierno. Por lo pronto la jefa de Estado viene dando muestras no sólo de que busca independencia con los nombres que escogió para su reciente cambio de gabinete, sino que busca “limpiar” la base de aliados.

Algo que parece difícil si se tiene en cuenta que para reemplazar a Nascimento tiene que apelar, por acuerdos políticos que podrían alterar la composición del quórum en el Congreso, a dos miembros del PR, Blairo Maggi o el viceministro Paulo Sergio Passos, según fuentes gubernamentales.

En tanto, la oposición acusa y sostiene que “la crisis no terminó con la salida de Nascimento”, según el líder del bloque de Diputados del Partido Socialdemocrata, Duarte Nogueira, porque “hay evidencias de que se siguen cobrando propinas y sobornos y el gobierno debe dar explicaciones urgentes”.

Demasiadas explicaciones si se tiene en cuenta que es el segundo escándalo por presunta corrupción en un gobierno que apenas lleva seis meses y seis días.