¡El bien y el mal!

No es fácil definir el bien del mal. Algo parecido ocurre con el concepto de belleza. En algunas culturas africanas, por ejemplo, estirarse los labios, desde niños, insertando aros de madera, cuñas del mismo material u otros artefactos, es realizado con el fin de “ser bellos”. El labio grueso y colgante parece distinguirlos y afirmar su personalidad. En pueblos “más civilizados”, los jóvenes se meten “piercings”, hasta en los lugares menos pensados de su cuerpo. Hay que ser precavidos con algunas chicas extranjeras. No vaya a toparse con una sorpresa desagradable. Un arete o un “pin”, aunque fuera de oro, en salva sea la parte, podría ser peligroso. Me refiero al ombligo y …

Los antiguos mayas colocaban tablas ajustadas con mecates o lianas, a la frente de sus hijos, para deformar el cráneo hacia la parte posterior. ¿Alguna semejanza con algunos faraones egipcios? ¡Ese era su concepto de la belleza! En otras culturas, hasta entre los clásicos, como se consideró a Grecia por muchos siglos (mientras tuvo riquezas) según la Historia Universal, a los recién nacidos que no tenían el famoso “perfil griego” (rostro como en escuadra, con la barbilla agujerada) los dejaban caer en el vacío, según la mitología de la misma cultura. Por cierto, qué belleza la de las mujeres griegas, herederas de Afrodita y de Palas Atenea. Y de la “guapura” de los magnates griegos, ni hablar. Seguramente usted recuerda la aventura de la señora Jackeline Beauvier. Yo todavía recuerdo la película con ese título, protagonizada por el gran actor nacido o de madre de Chihuahua, Anthony Quin. Aparte del precioso baile, a mí me tocó ver bailar a un griego, soportando el peso de una mesa mediana, de madera, entre los dientes.

Hay muchas costumbres, formas de ver la vida, y de definir el bien y el mal, que difieren de país a país y con mayor razón de uno a otro continente. Entre los anglosajones, por ejemplo, en la era moderna, se ha concedido mucha libertad a las hijas quinceañeras. En las escuelas de nivel superior, existen dormitorios para los varones y para las señoritas. Solamente los separa el “mezzanine” del propio edificio. En la planta baja unos y en la planta alta, los otros u otras. Conviven, sin llegar a la práctica sexual, ambos sexos, en el nivel intermedio, en el piso donde hay juegos para jóvenes, revistas para los que prefieren leer en vez de entrarle al “cuchi cuchi” de Jose ¿fina? En los “campus” universitarios existe bastante libertad para que los jóvenes estudiantes establezcan sus relaciones. Sin embargo, los jóvenes estudian bastante de lunes a viernes por la tarde. Ya entrada la noche comienza el “week – end” y hay que disfrutarlo. Las chicas inclusive se lavan el cabello, para llegar lindas y frescas a la cita de amistad, el “dating”. En nuestro país empieza a llegar esa corriente educativa. Ya existe mayor flexibilidad entre padres e hijos. La verdadera educación, que debe cimentarse en el hogar, cambia sus conceptos poco a poco. Sin embargo todavía hay muchos embarazos entre las adolescentes que ni siquiera han llegado a sus “quince años”. Para algunos, algo anda mal; para otros, algo anda bien.

La naturaleza ofrece otros aspectos de la vida cotidiana. Vistas las cosas desde diversos ángulos, el fenómeno de las tormentas y ciclones, también despierta diferencias de opinión. Para los campesinos, qué bueno que llueva tanto. Sobre todo en los estados
del norte del país, donde la sequía los estaba matando de sed y de hambre. Inclusive hubo crímenes de indígenas que descubrían a extraños sacando agua de sus pozos. Para las familias que perdieron todo (lo poco que tenían) ante el azote de “Carlotta”y de las que siguen, el exceso de lluvia y viento, fue una terrible tragedia. Muchas de ellas jamás se repondrán del daño que les afectó, a menos que “vendan” su voto para beneficiar a la clase dominante. Lo opuesto de la prole. En otras entidades, quisieran tener una semana de lluvias, que son una bendición, como la que ha caído en Oaxaca en los días recientes.

Puede haber diversidad de puntos de vista para definir el bien y el mal: pero solamente en algunas cosas. En la mayoría de los casos, está claro que lo que dañe a la humanidad, ya sea en acciones o hechos de los humanos, es “malo”. En cambio, lo que beneficie a las familias, sin alejarse de la honestidad y del respeto a la ley y a los derechos de los demás, es bueno. Hoy en día, es momento de definir lo que sería bueno para la mayoría de los mexicanos, de las familias sin empleo, sin escuela para sus hijos, sin medicamentos para curar sus males, sin alimentos sanos a su alcance, sin seguridad para salir a la escuela o al trabajo. No hay que buscarle mucho. Solamente hay que ver las estadísticas nacionales. El monto de la terrible deuda azul, el número de mexicanos asesinados sin culpa alguna, el número de jóvenes sin escuela y sin empleo, el grado de cinismo y de engaño que se ha manejado. ¡Ya es tiempo de saber lo que es bueno y lo que es malo, para la MAYORÍA de los mexicanos!