La mayor maldición de México no es sólo la corrupción. Lo es, sobre todo, la escandalosa impunidad por las amplísimas redes de complicidad. Una y otras conforman la columna vertebral del sistema político mexicano.
Tomaron carta de naturalización y sentaron sus reales en el país. Son un precedente sumamente negativo a lo largo y ancho del territorio nacional. Son terrible mal ejemplo en todos los niveles. Infectan y pudren la salud de la República.
No es exagerado afirmar, por tanto, que luchar de manera eficaz y eficiente contra la corrupción e impunidad posibilitaría la refundación de México. Es el camino realista de la salvación nacional al margen de posiciones ideológicas.
Por ahora solamente pareciera que, al fin, cayó el veinte al presidente Enrique Peña Nieto y a los dirigentes nacionales de los partidos políticos que por simple y mera supervivencia tienen que iniciar el combate contra la corrupción e impunidad.
Al promulgar el Sistema Nacional Anticorrupción el presidente Enrique Peña Nieto ofreció una disculpa a la ciudadanía por lo que llamó “un error” en torno al tema de la “Casa Blanca”. Arrebata banderas a López Obrador y toma la iniciativa.
“Este asunto me reafirmó que los servidores públicos, además de ser responsables de actuar sobre derecho y con integridad, también somos responsables de la percepción que generamos con lo que hacemos y en esto reconozco que cometí un error”, dijo.
Recordó que en noviembre de 2014, la información difundida sobre la llamada Casa Blanca causó gran indignación. “En carne propia sentí la irritación de los mexicanos. La entiendo perfectamente. Por eso, con toda humildad, les pido perdón”, reiteró.
Al margen de buscar ganar las ocho columnas de las primeras planas de los medios impresos y la nota principal de los medios de comunicación electrónicos resulta alentador que en un gesto de inteligencia y humildad pida disculpas al pueblo de México.
Lamentable, desde luego, que el presidente Peña Nieto dejara pasar cerca de dos años antes de asumir su responsabilidad y tomara al toro por los cuernos como finalmente lo ha hecho al promulgar el Sistema Nacional Anticorrupción.
Sin pecar de ingenuos, más esperanzador resulta que los nuevos dirigentes del PRI y PRD, Enrique Ochoa Reza y Alejandra Barrales Magdaleno, presentaran su declaración 3 de 3, con lo cual se suman al presidente del PAN, Ricardo Anaya.
Los otros seis presidentes de institutos políticos como Andrés Manuel López Obrador, de Morena; Luis Castro, de Nueva Alianza; Dante Delgado, de Movimiento Ciudadano; Carlos Alberto Puente, del PVEM; Silvano Garay, del PT, y Hugo Enrique Flores, no han presentado esta declaración.
Aun es muy prematuro, ciertamente, para evaluar el impacto económico, político y social que realmente tendrá la Ley Anticorrupción. Sin embargo, no deja de tener trascendencia nacional que gobernantes y políticos coincidan en esta lucha.
¡El mal de México es la corrupción e impunidad, estúpido! La frase de James Carville, asesor electoral de Bill Clinton «es la economía, estúpido» se convirtió en el epitafio de la campaña presidencial del candidato republicano George Bush padre.
Al mismo tiempo, la sentencia se transformó en los últimos 15 años en la síntesis más cruda de la incidencia de factores como crecimiento, inflación o empleo a la hora de votar por los ciudadanos de los diversos países del mundo.
Estamos convencidos que es la pata de la que cojea el controvertido Pacto por México para hacer realidad las doce reformas estructurales aprobadas hasta ahora por el Congreso de la Unión, particularmente las reformas fiscal y educativa.
Las propuestas Anticorrupción, de diferentes partidos, llegaron al Congreso desde septiembre de 2012. Más de dos años después, en la primera mitad de 2015, se aprobó y promulgó la reforma que crea el Sistema Nacional Anticorrupción.
Con ella se establecieron cambios en la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el Tribunal Federal de Justicia Administrativa (TFJA) y la Secretaría de la Función Pública (SFP), que deberán coordinarse con la Fiscalía Especializada, el INAI y el Poder Judicial para investigar y sancionar actos de corrupción.
Pero para que la reforma y el nuevo sistema funcionen, todavía se necesitan leyes secundarias. Diversas Organizaciones No Gubernamentales consideran que aún se deben modificar más de 20 normas jurídicas.
El director general del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), Juan Pardinas, advirtió que el problema de fondo en México en materia de combate a la corrupción es la impunidad que venía desde el diseño de las leyes. Quien hace la Ley hace la trampa.
Co toda razón sostuvo que las leyes secundarias que darán vida al Sistema Nacional Anticorrupción están construidas de palabras que esperan determinar conductas y generar incentivos para cambiar usos y costumbres de la clase política.
Para nadie medianamente informado es desconocido que la ingeniería constitucional mexicana fue construida para garantizar la impunidad y que los actos de corrupción no fueran sancionados ni se molestara con el pétalo de una rosa a los responsables.
Por supuesto que falta contar con sólidas instituciones y sobre todo, con los mejores mexicanos al frente de éstas para que las impulsen con toda la energía que se requiere, a fin de enfrentar un problema tan grave como la corrupción, que corroe las entrañas de la Patria.
No falta razón tampoco a Juan Pardinas lamentó que no se haya incluido con claridad la publicidad de la declaración patrimonial y de intereses sin dejar de reconocer el avance significativo en la materia con las nuevas leyes con que cuenta el país.
La prueba de ácido del Sistema Nacional Anticorrupción es meter a la cárcel a los gobernadores de Veracruz, Javier Duarte, y Roberto Borge, de Quintana Roo respectivamente, así como al de
Chihuahua, César Duarte.
Dada la escandalosa corrupción en el gobierno de Gabino Cué sería altamente positivo por la salud pública de Oaxaca que, en principio, se atendieran las observaciones de la Auditoria Superior de la Federación y que la Procuraduría General de la República (PGR) procediera contra Jorge Castillo y su mafia.
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